PenaVicent Van Gogh 1882
No puedo seguir así, quiero pedir ayuda y no sé como, no sé donde. Hay momentos en los que me siento enloquecer. Estoy tumbada, con los ojos cerrados, y dentro de mí una especie de huracán lo agita todo y me entra vértigo y quiero gritar y llorar. Algo se me ha roto. Siento los añicos cortarme por dentro.
Cachitos de mi espejo interior clavándose en la carne, haciéndome sangrar.
Quien me quiere se preocupa por mí. Me riñe. Dice que no puedo saltar de abrazo en abrazo, de cama en cama. Que no debo buscar otro hombre que me cure las heridas del anterior. Que debo aprender a estar bien sola, que debo serenarme.
Y yo la miro en silencio. Y sé que tiene razón, pero pienso que si un abrazo me calma por una noche la opresión en el pecho y las ganas de arañarme la piel no puede ser tan malo. No puede serlo si una charla, un paseo y un poco de cariño me devuelven mi yo por unas horas. Pero en algo debo equivocarme. Y me repite que se preocupa por mí, que no hago caso de lo que me dice, que no quiere volver a oirme hablar de pastillas o cocaína. Y yo digo que estoy bien, que no se preocupe por mí, pero me tiembla la voz y de pronto la conversación se vuelve incómoda. Nos malinterpretamos. Cree que le digo que mis amigos no me sirven y yo no sé como decirle que sin ellos estaría muerta. Y de pronto estoy muy cansada. Y de pronto no puedo más.
La mayor parte del tiempo estoy bien, actúo con calma y coherencia, no hago tonterías. Sólo de vez en cuando rompo a llorar o me siento medio ida. Supongo que los tranquilizantes ayudan, o no, ¿quién sabe? quizás no han servido ni para bien ni para mal, sólo para sentir que me asomaba a una nueva oscuridad. Pero mañana iré a ver a mi hada buena y le explicaré y ella me ayudará. Pondremos cada cosa en su sitio. Me dirá que no debo preocuparme, que es un proceso normal. Que estaba muy débil, convaleciente de aquel amor convulso, y que el último golpe, aún sin ser muy fuerte, ha herido lo que ya era frágil. Me dirá que no me estoy volviendo loca, que son mis pensamientos que se agitan como avispas enfurecidas y me repetirá aquello de las carencias afectivas.
Que tengo un agujero en el corazón.




























