lunes, octubre 29, 2007

Sin palabras.


La expedición la formaban 20 malienses, 28 guineanos y tres senegaleses junto a cuatro africanos de los que Fall, de 29 años, desconoce la nacionalidad. Partieron de Nuadibú (Mauritania), la ciudad en la que trabaja como pescador junto a su hermano. "El dueño de la piragua me eligió como patrón porque yo ya había hecho el viaje", cuenta Fall, que explica que en octubre de 2006 ya recorrió el trayecto hasta Gran Canaria desde Senegal, para pasar cinco semanas en un centro de inmigrantes y después ser devuelto. "A cambio de que condujera la piragua me pagó 200 euros y dos plazas para que las vendiera a quien quisiera", añade el marinero.

Bien entrada la madrugada del pasado 3 de octubre, pertrechados de varios sacos de arroz, unos 100 litros de agua y lo que creían que eran 200 litros de gasolina, el patrón y los 56 clandestinos se pusieron rumbo a Canarias. "El cuarto día de viaje se acabó el primer bidón de gasolina. Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que nos habían engañado", cuenta tumbado en su camilla del hospital. "La gente empezó a gritar, otros rezaban y unos cuantos lloraron como si fueran niños pequeños", recuerda el pescador. "Yo creía que alguien nos rescataría porque el GPS indicaba que, en ese momento, sólo estábamos a 157 kilómetros de Canarias", asegura.

Con el instinto de supervivencia a flor de piel, los náufragos recorrieron cientos de kilómetros en dirección sur a merced del mar. "La comida se estaba acabando, así que la gente comenzó a pelearse por ella", continúa el patrón del cayuco. La violencia, según el patrón, terminó imponiéndose y llegó al grado del homicidio. "Algunos aprovecharon que otros dormían para tirarlos directamente por la borda sin que los demás hicieran nada por salvarlos", cuenta el patrón.

"Cuando se acabó la comida la gente se volvió loca", prosigue el marinero con cierta distancia, como si no hubiera vivido esa situación. "Al menos 10, sobre todo malienses, se suicidaron tirándose ellos mismos al mar y los demás se fueron durmiendo poco a poco y ya no despertaron más", continúa. Con los ojos vidriosos pero sin detener su discurso, Fall relata cómo durante los 21 días que duró la pesadilla lanzó decenas de cuerpos al agua. "Cada vez que moría uno lo extendíamos sobre los bancos de la piragua y los que quedábamos rezábamos una pequeña plegaria antes de tirarlo por la borda".

Las fuerzas para deshacerse de los muertos se le acabaron cuando ya sólo quedaban otras siete personas: los siete cadáveres inflados y quemados por el sol que los tripulantes del Tiburón III encontraron junto al cayuco el pasado miércoles. "Yo ya no podía moverme. Estaba tan cansado que sólo rezaba para que Dios me enviara a alguien", prosigue el senegalés que se recuerda tumbado y con las piernas dobladas, la única posición en la que, asegura, se encuentra cómodo desde entonces. "Oí el ruido de un motor e intenté levantar la mano. Al poco tiempo el barco español se puso a mi lado".

El País, lunes 29 de octubre de 2007

viernes, octubre 26, 2007

De acuerdo con la Wikipedia yo soy la Mona Lisa.

La Mona Lisa
Leonardo da Vinci 1504


El título no es mío, es de un tal John-Paul Flintoff. Flintoff publicó un artículo con ese mismo encabezamiento en el Sunday Times: "La web iba a ser el gran educador, pero hoy es el culto a lo amateur devaluando el conocimiento". Alguien dijo una vez que si le das a un millón de monos un millón de máquinas de escribir, al final alguno de ellos escribirá una obra maestra. ¿Es eso Internet hoy en día? ¿Ruido y basura? Flintoff, de nuevo: "En vez de crear obras maestras, los millones de exuberantes monos están creando un bosque digital de mediocridad: comentarios políticos desinformados, pésimos vídeos caseros, música amateur, ilegibles novelas, poemas y ensayos".

Estoy estudiando para la segunda parte de las oposiciones (glups!) y mientras trato de encontrar información concreta me pierdo en un marasmo de links, páginas antediluvianas, plagiadas o simplemente infumables. Si a esto le añadimos los millones de blogs (parece que hay más de treinta millones contabilizados), Youtube, páginas personales y foros, buf! da vértigo.

Una selva de desinformación y mediocridad, es cierto, pero quizás a medida que la creamos también seamos capaces de aprender a desenvolvernos en este ambiente asfixiante. ¿Seremos capaces de ver el brillo de la perla en el fondo del mar? ¿Apreciar la diferencia entre el tecleo compulsivo de un millón de monos y la mano genial de Leonardo?

Y al mismo tempo, ¿no es esta idea una mera reflexión elitista? ¿Ha democratizado Internet el saber? ¿Se puede o no democratizar la información y la cultura? ¿Podemos ser todos alumnos y profesores? ¿Todos expertos que opinamos de todo? ¿Es la banalidad el precio a pagar?

No sé, a veces me pierdo...

martes, octubre 23, 2007

Moderno Prometeo.

Prometeo
Peter Paul Rubens 1612

Crear es indagar, darnos otro sentido. Escribimos para demostrar que estamos. Para entender, para comprender. La literatura es conocimiento y el escritor necesita de toda su capacidad de observación y ansia de conocimiento. Nos lo contaba Espido Freire en un taller de literatura creativa que hicimos este verano en Teruel. Me gusta escuchar a esta mujer. Es inteligente, rápida y divertida, muy alejada de esa imagen lánguida y un poco mística que desprenden sus fotografías. Ha leído mucho y variado, es capaz de relacionar la información y hablarnos tanto del recorrido vital de los héroes como de los símbolos sexuales de un vídeo musical. Me cae bien Espido. Insiste en que hay que escribir con la cabeza, que eso de escribir con las entrañas es un mito. Me dice que debo pensar qué es lo que quiero contar y cómo. Pero soy incapaz, por eso supongo que nunca seré una escritora. Lo poco que he escrito siempre ha sido por impulso. Una frase sucedía a la otra sin saber dónde iban a llevarme. Nunca he sabido qué es lo que quiero contar. Hay imagenes en mi cabeza claro, mis fantasmas particulares que tienen que ver con mujeres y sangre. Poco más. Dice Espido que la mera anécdota no es literatura, que sin un buen plano simbólico una historia no trasciende. Que no necesitamos ser originalísimos, que la literatura no es eso. Y tiene razón. A lo largo de los siglos nos hemos movido siempre en las mismas tramas y arquetipos. Los mismos personajes se repiten una y otra vez: La madre abnegada, el héroe salvador... La Ilíada y la Odisea, junto a la mitología griega, la Biblia y los cuentos de hadas componen la mayor parte de nuestro universo. Los héroes de las películas de acción que triunfan en todo el mundo son los héroes de siempre. ¿O Bruce Willis en La Jungla de Cristal no es Aquiles? Escribir es ir más allá del mero hecho de contar algo. El escritor es un moderno Prometeo sin castigo, el que roba el fuego de los dioses para entregarlo como un regalo a nosotros, torpes mortales.

miércoles, octubre 17, 2007

Suicidio.

"...mi pareja me ha traicionado un millón de veces y yo aquí sigo amando y sufriendo, lo único que quiero es morir por muchas razones..."
"...yo ya me he decidido por el cianuro, he pactado la fecha y me quedan 26 días..."

"Me seduce la idea del corte de venas, pero no es muy seguro..."
Ofelia
George Frederic Watts 1864

Nunca he estado en contra del suicidio. De hecho casi desde niña he jugado con la idea, no sé si más o menos que el resto de la gente. Si me asomaba desde una altura trataba de imaginar qué sentiría al caer. Y ya de adolescente una imagen se impuso al resto. Los brazos blancos con las palmas hacia el cielo. Yo sentada o tumbada, en la cama o la bañera. Las muñecas abiertas y la sangre. La sangre. Un reguero rojo, oscuro o claro en función de la velocidad a la que imaginaba deslizarse la sangre por la carne blanca. El empalidecimiento de mi rostro. Lívido. Blanco. Muerto. La muerte como un sopor, un zumbido, un dejarse ir pacífico.

Pero sólo era un juego estético, una imagen producto de una mente romántica y perdida en ensueños. Jamás pensé seriamente en cortar mi propia carne, rajar la piel, el músculo, las arterias. El hecho físico en sí me duele. La imagen no es real, es sólo eso, una imagen.

Sueño y su hermanastro Muerte
John William Waterhouse 1874


Aún así, al cabo de los años el desamor me llevó a momentos de oscuridad. La tristeza, la opresión, el absurdo de sentirse viva cuando el mero hecho de sentir dolía. Y quizás tomé más pastillas de las que debía. Quizás deseé tanto dormir y olvidar que no me importó acabar la caja, no me importó el hecho de despertar o no. Pero no quería morir. Eso siempre lo tuve claro. No seré yo quien baje el telón antes de tiempo, ¿y perderme el resto de la obra? No, lo que duela pasará. Antés o después caerá entre mis manos una espléndida novela victoriana y por unas horas seré feliz en otro siglo. O quizás se descubra alguna obra de Jane Austen desconocida. O aparezca un nuevo Harry Potter que me vuelva a hacer leer en inglés sólo por el mero placer de volver a Hogwarts. O disfrute más que nunca haciendo el amor. O tenga un hijo y el planeta que soy cambie de golpe todas sus constelaciones. Alguien nuevo. Alguien viejo. Amor y amistad. ¿Por qué bajar el telón definitivamente sin posibilidad de vuelta atrás?

Y el caso es que lo entiendo. A veces yo también he deseado ser Lestat y enterrarme en mi no muerte cuando la vida parece volverse insoportable. Dormir, soñar, estar muerto durante unos siglos. Las heridas se curan, el tiempo es otro y las energías renovadas nos dan las fuerzas para comernos el mundo. Pero no podemos elegir ser Lestat, para nosotros no hay vuelta atrás.

La muerte de Chatterton
Henry Wallis 1856


Hace tiempo, cuando me sentía oscura, escribí sobre el suicido. Ha pasado más de un año y sin embargo no dejo de recibir mensajes en aquellos post. Futuros suicidas, adolescentes que piensan en quitarse la vida porque su amor les ha traicionado... Nunca les contesto, no seré yo quien diga a todos esos desconocidos por qué deben esforzarse por superar y no dejarse morir con la isla. Para ello hay otros foros, no el Principio de Entropía. No sé como explicarles que los desengaños amorosos pasan, que las depresiones se curan con voluntad y tratamiento, que al final se relativiza y la vida sigue. Pero sé que en esos momentos no se entienden las cosas igual, la angustia es demasiado aguda, demasiado omnipresente, no deja espacio para sacudir la cabeza. Tiempo, tiempo, tiempo y voluntad.

Trenes.

Grabado del Illustrated London News, 1847

Entre los papelotes del cajón acabo de encontrar un recorte. Una entrevista al escritor mexicano Carlos Fuentes que EL PAÍS publicó en Junio. Recuerdo la impresión que me produjo leerla y por qué guardé esta página del periódico. Imaginaba el viaje en tren, una noche oscura poblada de voces y risas, y algunos de los mejores escritores del momentos hablando de trenes de novela. El genial Julio Cortázar evoca el Orient Express y su petulante Poirot. Y seguro que también a Tolstói y su Ana Karenina. Imposible olvidar aquella estación cuando la vida parece que se deshilacha entre los dedos de mujer. ¿Alguno de ellos mencionaría a los extraños de Patricia Highsmith que se conjuran en un vagón para asesinar a sus respectivos? Trenes, caminos de hierro que se entrecruzan, que unen y separan amores, amigos y negocios. Estaciones de tren, espacios cargados de intensidad y vacíos de sentido, lugares de espera, tránsito, sin destino. Y los grandes entre los grandes, los escritores, gente sabia e inteligente o gente mezquina y cobarde, como los otros, como todos, pero sin ser nunca igual, creadores de mundos, de personajes más vivos que algunas personas. Escritores en un tren hablando de trenes de novela...

martes, octubre 02, 2007

Un día tras otro.

Chica mirando por la ventana
Edvard Munch 1892

Hoy ha amanecido un día con sol, pero la tarde nos ha venido gris. Suena Lorena en los altavoces, la mezcla perfecta de evocación y nostalgia para una tarde como esta. No tener trabajo me resulta extraño. Es como si me hubieran quitado algo personal, íntimo, uno de los pilares que me mantenía con fuerza. Ahora transito por espacios que no son míos, sin pertenecer a ninguna parte; unos días en Valencia, otros en Madrid. Sin casa propia, sin un lugar mío. No puedo moverme en tren, no puedo pagarlo. Entro en la web del banco y las cifras me asustan. Me pregunto cómo voy pagar el préstamo del coche y me maldigo por haberlo comprado, ¿qué falta me hace ahora? Los días se suceden demasiado rápidos, demasiado vacíos. Procuro salir a pasear cada día y sigo enamorada de estas callejas, pero apenas tengo ánimos y no me apetece ver museos, ni planear excursiones. Un día, tras otro, un día tras otro. Ya estamos en octubre y no tengo trabajo. Dentro de unos días es mi cumpleaños, pero no puedo permitirme nada especial, nada que signifique gastar dinero. La ilusión se convierte en arena y se escapa. Envío el currículum a todas partes, pero no surge nada. He hecho una prueba, pero parece que tampoco sale. Sé que al final encontraré algo, pero mientras tanto tengo la sensación de volverme transparente, un fantasma acuoso de nervios irritados.


martes, septiembre 25, 2007

Una mujer marcada.


La lavandera
Henri Toulouse Lautrec 1884 1888

Quería ser una mujer marcada. Las palabras sonaban bien; las masticaba despacio con el sabor de Elizabeth Taylor en La gata sobre el tejado de zinc en el paladar. Un sabor a alcohol, pasión, dolor y pérdida, sabor a haber amado, haber vivido. Quería ser una mujer marcada, quería ser Humphrey, Humph como Rick, y esperar en mi bar a que ella, de entre todos los bares del mundo, eligiera este, precisamente este y volviera a mi lado. Llevar con orgullo la enseña de no haber dejado nunca de amarle, de ser capaz del amor más profundo, más constante, más doloroso. Me decían que siguiera adelante, que me recuperaría, y a mí me daba igual, me sonaba a traición, e incluso tuve que reconocer delante del hada que en el fondo no deseaba recuperarme. Ese dolor era un tesoro, mi marca, y lo conservaría hasta que ella volviera a entrar en el bar.

Quería ser una mujer marcada pero en esta noche de insomnio me gustaría que no hubiera cicatrices, me gustaría amar con la inocencia de los veinte años, la inocencia del primer amor y creer que esto durará para siempre. Oigo la suave respiración del pequeñajo dormido, confiado en el sueño a pesar de mi presencia inquieta en la habitación que coge el periódico, un libro o se pone a teclear en el portátil a su lado. Para siempre. Palabras absurdas y extrañas, ya nadie piensa en esas cosas, se impone el presente, el futuro inmediato. El mismo pequeñajo me lo repite constantemente. No sé por qué tengo esa manía de anticipar el desastre, de querer asegurar lo incierto.
Esta noche quisiera no tener marcas, llevar una venda en los ojos y creer que el pequeñajo seguirá aquí el año que viene. Y quizás el otro. Y el otro. Que seremos felices y comeremos perdices.

sábado, septiembre 22, 2007

Divagaciones.

Chica leyendo
Charles Perugini 1878


Estoy sola. No sé si sigue lloviendo ahí fuera, a veces el espacio que nos rodea oprime como una caja de zapatos. No he querido salir, me doy permiso para regocijarme en mis tristezas y no quiero tener que explicar por qué estoy triste y por qué quiero estarlo. Me doy permiso para llorar, para asomarme a esa minúscula ventana con un cigarro en la mano e imaginar como cae mi cuerpo a cámara lenta, el estallido contra el suelo, el ruido asqueroso de una cabeza que revienta. Estoy sola. Publico en el blog los comentarios de un personaje de novela que dice ser real, también yo fuí Bella en una ocasión, y ahora como una anciana bendigo a los nuevos amantes con sus juegos de intelectualidad y armaduras. A mí ya no me gustan las armaduras. Las he usado durante demasiado tiempo, aterrada ante la idea de que me hicieran daño, mientras trataba de proteger un corazón que estaba roto de antemano. Yo lo sabía, lo sabía y lo dije: "Sé que lo habré de pagar con lágrimas, pero pagaré". Y he pagado durante tanto tiempo que ya no sé si cubrí la deuda. No tengo motivos para estar triste, pero me da igual. A nadie tengo que dar explicaciones sobre mis angustias más íntimas, sobre el tiempo que me besa la frente y los sueños fracasados que masajean mis sienes. A nadie debo explicaciones.

Me he fumado el cigarrillo y ¿sabés qué? Estoy contenta. No está lloviendo, a lo lejos se escuchan los ruidos de la noche en blanco. Pienso en las novelas que he leído hace poco. Quise mimar la niña pequeña que escondo dentro y en poco tiempo he devorado Cumbres Borrascosas, Jane Eyre y Mujercitas. Lloré cuando Jo rechazó a su amigo como amante y cuando Beth enfermó. También he descubierto a Georgette Heyer y sus folletines me han hecho reir. Lástima que Salamandra haya publicado dos y sólo le quede una en preparación. No hay derecho, ojalá Jane Austen pudiera escribir más novelas, la echo de menos. No tengo libros que me apetezcan, qué pena, es una noche perfecta para leer. Debí haber comprado hoy Villette o alguna otra de las Brontë que apenas recuerde. Quizás encuentre algún comic por ahí, voy a ver.

La historia de Bella III


El beso robado
Jean Honoré Fragonard 1788


"En ocasiones creí que Bella iba por fin a susurrar un poema con sus (en mis) labios, ...pero siempre se detiene a tiempo, el segundo preciso antes del encuentro, como para coger aire, y celebrar inesperada y velozmente su ceremonia de alejamiento infinito hasta las estrellas. Un instinto primero a no entregarse, una predisposición a estar un paso más allá.

...paseamos por la Barcelona de la Sombra del Viento rompiendo las agendas de los días laborables: Desayuno en la terraza romántica del Ateneo, junto al sonido silencioso de su estanque... Bella con su permanente vocación de picnic urbano había preparado unos bocadillos con recuerdos de Lyon y pan recién comprado en Barcelona...
Junto a los "café au lait", un agua de Vichy recordaba el burbujeante espacio de nuestros sentimientos.

Reconoce Bella que juega con ventaja al leerme aquí, pero mantiene su hermetismo enamorado, su indescifrable colección de sensaciones, y su misteriosa felinidad burguesa...Y así va conociendo mis peores caras, desenmascarando mi fragilidad y amasando volátil los recuerdos que la mantienen todavía vinculada a mí.


Hombre sobre un mar de nubes
Caspar David Friedrich 1818
Son poco más de las seis de la mañana, en un aeropuerto medio vacío, con aroma triste de café, arrastro un equipaje de melancolía y un presentimiento "sediento de catástrofes y hambriento". Llevo tres días sin verla y otros tantos de imposible encuentro me esperan al llegar a Barcelona despues de escalas imposibles por la jungla del Madrid en el que no podré encontrar el consuelo de otros labios que hace años perdí con un rastro de miel y romero entrelazados.


Llaman a mi vuelo..."
Drymartini

La historia de Bella II



"Bella sigue atrincherada en la teoría de la burbuja: (Lyon es Tokio y Barcelona es para los días laborables... Lost in Traslation). Supongo que es una teoria verosímil a la que se llega combinando adecuadamente dosis de pánico, vocación de coleccionismo miniaturista de sansaciones, sensatez de pax burguesa, y una actitud felina cultivada con esmero autodidacta y libertario.

Yo quisiera pensar que es algo más que una burbuja... quizás porque lo necesite para salir a flote de las miserias cotidianas, pero intuyo algo más... como cuando Cesare Pavese decía que para todos los hombres tiene la muerte una mirada, y decía a su bella "vendrá la muerte y tendrá tus ojos"..., y suena con la banda sonora de "Bella del Señor" de Albert Cohen... un libro escrito contra la teoría de las burbujas en una Europa que se rompia como un puzle entre la modernidad y la miseria.

Yo sigo acusándome de no saber estar a la altura de Bella, de no poder cambiar para ser como a ella le gustaría, de intuir que nunca nos tendremos del todo (pues somos demasiado celosos de nuestra personal construcción hacia el abismo)... y pienso que debería desaparecer para siempre de sus contornos dividos, y quizás tambien de mis fracturados entornos, y quizás seguro también de todos los contextos... pero ese es otro tema más largo que cultivo lentamente entre copa y copa, pipa y pipa, poema y poema... yendo "de mi corazón a mis asuntos".

Quizás mañana en una arquitectura imposible de agendas, madrugadas, kilometros y viajes de idea-vuelta-y retorno "sin consuelo", pueda arrancarle un poco de tiempo a Bella para compartirnos -entre mi incapacidad de acierto y su sonrisa- ...desayunando juntos... (espero no estropearlo del todo)"

Drymartini

viernes, septiembre 21, 2007

La historia de Bella I


Habitación de hotel
Edward Hopper 1931
"Barcelona no es Tokio, pero siguen sin tener razón los días laborables... y prefiero elegir del plato de la vida lo que más me gusta que comer a bloque del plato comunitario que me toca (¿he aprendido a usar "a bloque"?).

Creo que no leerás nunca este comentario... si lo lees, me gustaría decirte que nosotros tenemos
razón y que ellos SIEMPRE están equivocados... y que un verso susurrado por ti sería el mejor regalo posible... porque me gusta ver flotar las burbujas en el Carrefour de dos ríos a las afueras de Lyon (recuerdos y sensaciones) y me niego a los reajustes emocionales...."

Nubes
John Constable

"Seis días casi sin separarnos, compartiéndonos en paseos interminables, en recovecos, calles, plazas, jardines, riberas, bares, bistrots... todo Lyon en la palma de nuestras manos (en su mapa de geografías imposibles).

... rechazaba mi mano en oasiones, y abrazaba mi brazo cuando no la esperaba... acariciaba la palma de mi mano con la dulzura de quien entrega un secreto... y sonreía casi todo el tiempo (quizás en alguna ocasión con un rastro de melancolía...) En ella había toda esa sabiduria ancestral, intuición segura, divinidad terrenal, de esas "mujeres que corren con los lobos" de tu Clarissa Pinkola. No pudo ser una burbuja...

El viernes, poco antes de las ocho, compartimos un té algo aguado que preparé precipitadamente, aún en pijama, mientras ella vino vestida ya para los días laborables... un roce a sus labios empapado en miradas que se evitan buscando la intrascendencia de un momento imprescindible... TODO se me escapaba entre los dedos de la mano...
Le escribí un poema en el sobre de del tabaco de pipa que habiamos compartido y no me atreví a dejarlo bajo la puerta de su habitación...

...Y cinco días de silencio frío y metálico...hasta que ayer la recuperé un poco (es de esas mujeres que solo pueden tomarse en tragos cortos... muy muy muy cortos)..
Drymartini

jueves, septiembre 13, 2007

Tarde en el museo.



Mujer en azul
Pablo Picasso 1901

Cuando vivo en Madrid me alojo en el Barrio de la Letras. Eso significa que en cuanto bajo a la calle me rodean librerías de viejo, anticuarios y citas literarias encastradas en el suelo. También que aparcar es imposible y que sólo puedo comprar en el supermercado chino, pero como no trabajo aquí, sino que me limito a gandulear por la ciudad, el caso es que me encanta. En dos pasos llego a algunos de los mejores museos del mundo, así es que, de vez en cuando, abandono la guarida y salgo de excursión.

Eso mismo hice ayer. Echaba de menos las obras del Reina Sofía, tenía ganas de estímulos, de belleza, de que alguien tirara del pelo a mis pensamientos y el museo no me defraudó. Casi sin darme cuenta me encontré ante el azul Klein. No lo esperaba, había olvidado que en la cuarta planta están algunas de las obras más significativas de Yves Klein, y entre ellas, como no podía ser de otra manera, ese magnífico azul que tanta curiosidad despertó un día en mí. El azul es increíble, eso es cierto, suntuoso, rico, vibrante: oro azul. Como no me lo esperaba, me emocionó y me dió ganas de llorar. Puñetero azul. Me fuí de allí sumida en pensamientos azules, entre los recuerdos de los lagos de Patinir y las dudas acerca de si un color tan intenso podría simbolizar el del cielo, como aseguraba el artista, siendo el cielo tan desvaído y ese azul tan salvaje.



Monocromo azul sin título YKB 181
Yves Klein 1956

Perdida en ensoñaciones me encuentro ante otro azul, pero esta vez, lo que me hace sacar la libretita son las palabras del pintor en mi audioguía, Pablo Palazuelo, "la unión profunda de lo que es contrario: la materia y la psique". La materia y la psique, los números como arquetipos del inconsciente que al mismo tiempo forman parte de la naturaleza exterior. La materia y la psique. La materia y la psique. Los pensamientos se pierden en realidades abstractas. Trato de entender y creo intuir un destello, pero pronto se pierde y escondo la idea perdida en un cajón.

La materia y la psique me llevan junto a Antonio Saura y rodeada de estos inmensos lienzos siento como gritan a mi alrededor, pobres fantasmas atormentadas de la España en blanco y negro. Gritos en negro y gris, trazos que gritan. Gritos. Figuras que sacuden como en la segunda planta lo harán las de Picasso en su Guernica. Más gritos. Dolor. Una madre clama al cielo con el cadáver de su hijo en brazos. Llamas, muerte y dolor.

Gritos.

Me marcho de allí en busca de un poco de consuelo en obras más amables. Me divierte la sexualidad bestial de los minotauros de Picasso. El cuerpo de la modelo, la copa de vino y el animal y su lascivia. Disfruto las piezas de Chillida, su fuerza y poder, y copio su homenaje a Juan Gris como homenaje a todos ellos:

Desde
los límites
que tú conoces
te saludo gris
acido gris
gris difícil
introvertido
gris
gris conciso

Eduardo Chillida
Homenaje a Juan Gris 1987

Pero se hace tarde ya y tantos estímulos al mismo tiempo me agobian. Necesito dejarlos reposar, un poco de aire fresco y volver otra tarde con fuerzas renovadas. Me despido de la dama azul y de la condesa Sonia. Hasta el próximo dia día preciosas mías.



Retrato de Sonia de Klamery, Condesa de Pradère

Hermenegildo Anglada Camarasa 1913

miércoles, septiembre 12, 2007

Arder.

Flaming June
Frederic Leighton 1895

"Una mujer tiene que estar dispuesta a arder al rojo vivo, a arder con pasión, a arder con palabras, con ideas, con deseo de cualquier cosa que ella aprecie sinceramente"
Clarissa Pinkola
Por eso debemos encender el fuego, chicas, debemos amar, crear y arder. Alimentar las llamas que iluminan nuestra sensibilidad, los pensamientos originales, la vida creativa, los anhelos y aspiraciones, el alimento de la diosa salvaje de nuestro interior, de la tierra, el viento y el vientre sagrado. La diosa que hay en nosotras.

martes, septiembre 11, 2007

Barbazul.

Barbazul
Ilustración de Gustave Doré


Dice Clarice Lispector que preguntarse quién soy yo provoca necesidad. Dice que quien se analiza está incompleto. Y sin embargo necesito hacerlo. Supongo que de eso trata este Principio de Entropía Intermitente: masturbación exhibicionista de las emociones. Lágrimas en público, risas en público. Catarsis.

En los últimos meses he aprendido mucho, quizás porque después de tanto tiempo por primera vez me he enfrentado al proceso de duelo y no he arrinconado el dolor en un cajoncito oscuro de mi memoria. No, por intuición, error o locura me he convertido en la nueva mujer de Barbazul y he decidido utilizar la llave para abrir la puerta prohibida. El descubrimiento, los cadáveres y el horror golpean al principio pero ahora las manchas de sangre en la llave ya casi no me angustian, son marcas de vida, cicatrices de viejas heridas que he dejado sangrar y sangrar para que en su interior no quede ni una pizca de podredumbre. Para que se cierren limpias y dejen mi alma sana.

Jamás hubiera imaginado lo difícil que es dejar morir, deshacerse del lastre y llorarlo sin lanzarse tras él al mar para rescatarlo o hundirse con él.

viernes, agosto 17, 2007

Érase una vez...

Frog Tsarevna
Viktor Vasnetsov 1918


Los cuentos de hadas son más que ciertos —
no porque nos digan que los dragones existen,
sino porque nos dicen que pueden ser vencidos.

G. K. Chesterton


Érase una vez un cuento de hadas. En él había una princesa y como en todo cuento de hadas que se precie, nuestra niña no tiene un nombre como tú o como yo. La princesita se llamará Blancanieves, Cenicienta, Bella Durmiente o Rosaflor. Nunca María, Esther o Lucía.

La pequeña no tiene madre. O quizás la tenga pero muera al comienzo de la historia, porque las madres, que siempre son dulces y cariñosas con sus hijitas, deben fallecer para que ellas tomen el relevo. Las madres de los cuentos son “demasiados buenas”, por eso tienden a la sobreprotección. Y bajo las faldas de mamá nuestra pequeña protagonista no podría lanzarse al camino que tiene marcado.

Quizás en nuestro cuento aperezca una madrastra, que es como una madre que roba al papá y a la que podemos odiar sin culpa. Y hermanastras, que siempre son malas. También puede aparecer un hada madrina que ayude a nuestra niña. Lo que no habrá será amigas. Al contrario que los héroes de leyenda que siempre pueden apoyarse en alguien, nuestras princesitas de cuentos no tienen amigas. ¿Son siempre las mujeres enemigas? Quizás la ausencia de compañeras se explique porque el objetivo de estos cuentos es que las niñas triunfen en el futuro, un triunfo que siempre pasa por el príncipe, y otros personajes femeninos iguales a ella supondrían una competencia inadmisible.

Por el camino, la princesita soportará grandes injusticias y superará alguna prueba. Pero para vencer al villano siempre encontrará la ayuda de la magia: hadas, gnomos o pájaros parlanchines. Gracias a ellos y a su instinto, nuestra niña avanzará por un mundo de sombras hacia su luminoso destino.

Porque por supuesto la historia tendrá un final feliz. ¿Dónde se ha visto un cuento de hadas en el que los malos no sean castigados y los buenos premiados? Nuestra pequeña superará todos los obstáculos y conseguirá lo que tanto desea: un príncipe. O lo que es lo mismo: protección, dinero y un lugar en el mundo. Las princesas son fruto de sociedades brutales y como tal se comportan. ¿Quién habló de amor en los cuentos de hadas?

jueves, julio 12, 2007

Fallar es rendirse.

«Fallar es rendirse. Pero tú estás dentro del movimiento. Así que nada falla. Todo sigue. Se ha hecho un trabajo. Si es bueno, aprendes de él. Si es malo, aprendes aún más. El trabajo hecho y dejado atrás es una lección a estudiar. No hay fallo a menos que uno se pare.»

Ray Bradbury

miércoles, julio 11, 2007

Uno de esos días.

Hoy es uno de esos días. Uno de esos días en los que la angustia es una bola informe en el pecho y el miedo duele en las entrañas. Uno de esos días de guerra contra uno mismo. Uno de esos días en que trenzas una campana de cristal a tu alrededor.

No quiero estudiar. Tengo miedo. Me asusta no lograrlo y después volver a creerme una fracasada. No quiero hacerme más daño. Tengo miedo. Quiero llorar. Quiero un abrazo. Tengo miedo. No quiero hablar con nadie. Quisiera perderme en una novela. Hubo una época en que leía novelas de amor. Me volvían loca las de la época victoriana, con misterio incluído, mansión en la campiña inglesa y final feliz. Después llegó Jane Austen, y aquellas novelas victorianas adquirieron un sesgo de divertida ironía. Tras su final feliz había personajes con entidad, una personalidad propia que pasaría a la historia de la literatura.

A veces alcanzo a comprender el porqué de Blanca, la necesidad de su mordisco en la carne. No es el deseo de morir. Es el de dormir. Alejarse. Soñar.

La realidad tiene aristas que cortan la carne. Y trocitos de espejo roto en las venas. Fluye la sangre negra. La sangre roja. La sangre muerta.

Dijo el hada: aprovecha tus fortalezas. Disfrutas cuando aprendes, aférrate a ello. Eres muy sensible a la belleza, utilízala para calmar tus ansias. Pero no hay belleza. No hay sabiduría. Sólo un miedo patético. Y esta angustia pegajosa que revolotea sobre mi piel.

martes, julio 03, 2007

Trucha.


Madre e hijo
Gustav Klimt 1905

Niña, mi niña, niña hermosa. Te sentaste a mi lado en aquel autobús rojo y me hablaste de mi libro favorito. Toda tú eres luz y de ella me enamoré. Desde aquel día tú has sido mi faro. Te convertiste en mi interlocutor. La que entendía y a la que entendía como a nadie, la que acogía mis secretos y me hacía partícipe de los suyos, la que le quitaba velos al mundo y con su avanzar despejaba un camino para mí. Mi niña preciosa, pececillo de agua dulce. Le das sentido al mundo. Eres família. Me has cantado la gavina con los pies desnudos sobre la arena. Te has emocionado con paisajes reales e imaginarios, con palabras y versos, con los animalillos más desvalidos. Has sido la más valiente de las niñas, la más generosa de las mujeres. Sabia y luchadora, hermosa, dulce y divertida, mi pequeña, eres y vas a seguir siendo todo eso, eso y mucho más.

Ahora eres también madre. Enhorabuena.

Te quiero.

Y a ese renacuajo también, que ya me tiene robado el corazón aún sin sentarse a mi lado en ningún autobús.

viernes, junio 29, 2007

Shhh...

Hago una pequeña pausa. Se supone que estoy estudiando, así que cierro el paréntesis en unos minutos. Sólo unas pinceladas para dejar constancia en mi pequeño cuaderno negro de los últimos cambios. He dejado de trabajar y he cambiado Valencia por Madrid. Ahora me dedico sólo a estudiar (y a fantasear, vale, no voy a negarlo). Se supone que me presento a unas oposiciones en un par de semanas. Tengo pocas posibilidades, pero mucha ilusión y una idea más clara de lo que quiero para mi vida profesional. Quiero volver al periodismo, sentirme periodista, orgullosa del trabajo necesario y bien hecho. Volver a narrar el mundo que me rodea, traducirlo en palabras, entenderlo mejor. Hacer que se entienda mejor. Oscilo entre el miedo, los nervios y una ilusión enorme en el pecho que cuando estalla me llena de alegría. A veces tengo tanto susto que no quiero levantarme por la mañana. Son los días en los que me siento sola y me castigo diciéndome que jamás lo conseguiré porque no me esfuerzo lo suficiente. Otros días, cuando bajo a comprar el periódico, contemplo el centro de Madrid, y me pregunto si estoy ante el principio de un mundo nuevo. Y... sueños, sueños, sueños...

Buf, cierro el paréntesis y vuelvo al estudio. Shhhh... que nadie se entere, ¿vale? Guárdame el secreto ;-)