miércoles, octubre 17, 2007

Suicidio.

"...mi pareja me ha traicionado un millón de veces y yo aquí sigo amando y sufriendo, lo único que quiero es morir por muchas razones..."
"...yo ya me he decidido por el cianuro, he pactado la fecha y me quedan 26 días..."

"Me seduce la idea del corte de venas, pero no es muy seguro..."
Ofelia
George Frederic Watts 1864

Nunca he estado en contra del suicidio. De hecho casi desde niña he jugado con la idea, no sé si más o menos que el resto de la gente. Si me asomaba desde una altura trataba de imaginar qué sentiría al caer. Y ya de adolescente una imagen se impuso al resto. Los brazos blancos con las palmas hacia el cielo. Yo sentada o tumbada, en la cama o la bañera. Las muñecas abiertas y la sangre. La sangre. Un reguero rojo, oscuro o claro en función de la velocidad a la que imaginaba deslizarse la sangre por la carne blanca. El empalidecimiento de mi rostro. Lívido. Blanco. Muerto. La muerte como un sopor, un zumbido, un dejarse ir pacífico.

Pero sólo era un juego estético, una imagen producto de una mente romántica y perdida en ensueños. Jamás pensé seriamente en cortar mi propia carne, rajar la piel, el músculo, las arterias. El hecho físico en sí me duele. La imagen no es real, es sólo eso, una imagen.

Sueño y su hermanastro Muerte
John William Waterhouse 1874


Aún así, al cabo de los años el desamor me llevó a momentos de oscuridad. La tristeza, la opresión, el absurdo de sentirse viva cuando el mero hecho de sentir dolía. Y quizás tomé más pastillas de las que debía. Quizás deseé tanto dormir y olvidar que no me importó acabar la caja, no me importó el hecho de despertar o no. Pero no quería morir. Eso siempre lo tuve claro. No seré yo quien baje el telón antes de tiempo, ¿y perderme el resto de la obra? No, lo que duela pasará. Antés o después caerá entre mis manos una espléndida novela victoriana y por unas horas seré feliz en otro siglo. O quizás se descubra alguna obra de Jane Austen desconocida. O aparezca un nuevo Harry Potter que me vuelva a hacer leer en inglés sólo por el mero placer de volver a Hogwarts. O disfrute más que nunca haciendo el amor. O tenga un hijo y el planeta que soy cambie de golpe todas sus constelaciones. Alguien nuevo. Alguien viejo. Amor y amistad. ¿Por qué bajar el telón definitivamente sin posibilidad de vuelta atrás?

Y el caso es que lo entiendo. A veces yo también he deseado ser Lestat y enterrarme en mi no muerte cuando la vida parece volverse insoportable. Dormir, soñar, estar muerto durante unos siglos. Las heridas se curan, el tiempo es otro y las energías renovadas nos dan las fuerzas para comernos el mundo. Pero no podemos elegir ser Lestat, para nosotros no hay vuelta atrás.

La muerte de Chatterton
Henry Wallis 1856


Hace tiempo, cuando me sentía oscura, escribí sobre el suicido. Ha pasado más de un año y sin embargo no dejo de recibir mensajes en aquellos post. Futuros suicidas, adolescentes que piensan en quitarse la vida porque su amor les ha traicionado... Nunca les contesto, no seré yo quien diga a todos esos desconocidos por qué deben esforzarse por superar y no dejarse morir con la isla. Para ello hay otros foros, no el Principio de Entropía. No sé como explicarles que los desengaños amorosos pasan, que las depresiones se curan con voluntad y tratamiento, que al final se relativiza y la vida sigue. Pero sé que en esos momentos no se entienden las cosas igual, la angustia es demasiado aguda, demasiado omnipresente, no deja espacio para sacudir la cabeza. Tiempo, tiempo, tiempo y voluntad.

4 comentarios:

Maximiliano dijo...

Consigue un espejo, un espejo no muy grande, no muy pequeño, un espejo que te permita ver tu rostro, ni muy concavo ni muy convexo, un espejo que reflejo algun tipo de realidad que sea la adecuada con respecto a la idea que tienes de ti misma. El siguiente paso es mirarte. Mirarte en detalle, cada marca, cicatriz, rincón, cada surco, cada bello, cada lunar, cada pestaña.
Si realmente logras perderte en tu rostro pasaron muchos siglos y te encontraran muerta. Si logras conseguir entrar en un estado de pánico producto de la sensación que ocaciona el rostro dentro del espejo tal vez mueras. Si consigues un reloj de esos de pared con números romanos, que este alineado con tu rostro a las 3 en punto y logras orquestar cada tic tac con tu suave pestañar, tal vez mueras. Estas son algunas formas de morir. Hay quienes atestiguaron sobre estos fenómenos y confirmaron su veracidad.

Esther Hhhh dijo...

No sabes como me ha gustado leer este post, mi querida Entro. Te leo positiva... No, no es positiva la palabra, pero sí fuerte, dispuesta a luchar. Y eso me gusta mucho. Tienes razón, el suicidio no es la salida ni la solución, pero a veces parece una opción tan atractiva que sucumbiríamos a ella... Y cada vez que me lo planteo en serio, es como si realmente me dejara morir para volver otra vez a nacer con más fuerza.

Besitos

Víbora dijo...

Para quien está dentro del agua, no sabe si está en medio del océano o dentro de un vaso. Hace falta perspectiva, pero mientras se nada es muy difícl tenerla.

Paradojas de la vida en las que sólo la propia expoeriencia puede ayudarnos.

Enttropia dijo...

Me gustan esas formas de morir Maximiliano, muertes poéticas que más que muerte son eternidad y literatura. Perderse en uno mismo o en el tiempo son formas de salir de esta realidad para entrar en un juego de espejos, no? Gracias por venir al Principio de Entropía Intermitente. Ha sido muy interesante. Bienvenido.

Esther, bonita mía, tienes razón, supongo que a veces simplemente nos cansamos y quisierámos desconectar un tiempo, apagar la luz para volver más tarde con ánimos renovados.

Me ha gustado mucho el símil de Víbora. Sí, a veces cunado nos rodea el agua no se sabe si harán falta dos brazadas o cien para llegar a tierra firme. Y sí, la experiencia es musculatura que nos da fuerza y aguante. Un saludo.