
Medida del desorden de un sistema. Medida de la incertidumbre existente ante un conjunto de mensajes, de los cuales se va a recibir uno solo.
domingo, agosto 30, 2009
Se acerca el invierno.

lunes, agosto 24, 2009
La pobre tía Ana.
Nunca imaginó que acabaría siendo "la pobre tía Ana". Por suerte, jamás llegó a sospechar que su muerte sería una anécdota jugosa que contar cuando la conversación decaía en una fiesta: "¿Sabéis lo que le pasó a la pobre tía Ana?" Su fantasma no descansa tranquilo. No se la podía culpar de tropezar, ¿cómo iba a saber ella que se caería? Fue mala suerte que la piscina estuviera vacía. Pobre tía Ana.
La habitación de hotel II

- Me pesas. Y ya no puedo más. – Las últimas palabras apenas se oyen.- No puedo más.
Cuando llegó al hotel, la joven de la recepción se inclinaba sobre la pantalla del ordenador y no levantó la mirada. Mejor, pensó la mujer, no tenía ganas de que nadie le hablara e interfiriera en su mundo. Ruido, siempre ruido, del exterior, gente parloteando, gente molesta. Estaba harta de la gente. Sólo en el silencio podía oír el ruido interior de sus pensamientos. Entró en el ascensor y tampoco encontró a nadie en él. Bien, pensó, silencio. Había un espejo en la pared del fondo y fijó la mirada en su rostro cansado mientras se elevaban. Estaba a punto de cumplir 44 años. El rostro no mostraba la misma firmeza de veinte años antes. Como si lo hubiera esculpido en arena de playa y ahora empezara a secarse y desmoronarse. Las mejillas ya no eran tan redondas ni los labios tan carnosos. Se deshacía. Desaparecía. Había algunos cabellos blancos en su pelo. Apartó la mirada de su imagen, repentinamente asustada, y dirigió su miedo hacia la bolsa de deporte que aún sostenía en la mano.
- Esto me lo has hecho tú y me lo he hecho yo. Soy tan responsable como tú y como el tiempo.
viernes, julio 10, 2009
La habitación del hotel I
Un hombre con traje y maletín salió en ese momento del edificio y se introdujo en el coche aparcado a su lado. Ella maniobró para dejarle salir. El sitio vacío parecía palpitar como las luces intermitentes del salpicadero. La mujer lo miró absorta durante un momento y aparcó con decisión en la plaza que se acababa de quedar libre.
Una vez hecho el primer movimiento, ejecutó el resto de manera mecánica. Cogió el bolso, bajó del coche, lo cerró y se encaminó a la recepción. La luz, los muebles, las plantas… todo parecía igual que antes, aunque se alegró de no reconocer a la joven que tecleaba aburrida detrás del mostrador. No recordaba cuando había tomado la decisión, pero ahora ya estaba hecho, de modo que trató de parecer natural cuando se dirigió a la recepcionista y pidió una habitación doble. Las preguntas fueron las mismas de siempre.
- ¿Cuánto tiempo?
- Una noche.
- ¿Fumadores o no fumadores?
- No fumadores.
En realidad, había recuperado el antiguo vicio, pero aquella muchachita no tenia por qué saberlo y las habitaciones para fumadores olían condenadamente mal, así que miró a la joven con los dientes apretados y dispuesta a enfrentarse a quien fuera para defender su mentira. La recepcionista no percibió a su ánimo belicoso.
- ¿Desea un piso alto?
- Sí, por favor, que dé al oeste.
- Humm, sí, claro, son los que dan a la calle Marqués de Montes.
Ella sonrió en sus pensamientos. Ya lo sabía, lo sabía perfectamente. Durante meses estuvo pidiendo una habitación que diera a esa calle.
- ¿Me deja su DNI, por favor?
Si la recepcionista se sorprendió de ver que su dirección indicaba que vivía en esa misma ciudad, no lo dijo. Podía haberse mudado, ¿no? A ella le importaba poco lo que pensara esa joven bronceada. Demasiadas veces había respondido frente a sus compañeros.
jueves, junio 25, 2009
Secretos y mentiras.
Querías un regalo...
y yo derramé encantado
con un grito entre tus tetas
aquel collar de perlas,
...y en ese instante el mundo terminó.Nacho Vegas
lunes, junio 08, 2009
Uzumaki.

Hasta que de pronto soy consciente de lo que estoy haciendo, de la que he liado sin venir a cuento. De pronto compruebo con una mezcla de horror y alivio que he magnificado las cosas hasta el punto de tergiversarlas por completo. Drama queen, maldita creadora del drama. Al menos, esta vez no he necesitado pastillas para desconectar, lo he conseguido yo sola. Maldita parada, maldita exagerada. Y ahora llega la segunda parte, ¿hasta qué punto me he excedido? ¿Hasta qué punto llegan los daños? ¿Puedo solucionarlo o la he cagado de verdad esta vez? La búsqueda de interlocutor.
Sin interlocutor sólo nos queda la soledad. La necesidad de encontrar un receptor ideal es la lucha por salir del Reino de las Nieves, escapar de nuestra cárcel de hielo y encontrar un aliento humano que nos dé sentido. La palabra cura, redime, nos puede salvar.
Sin nadie a quien contar no hay nada que contar. Como decía Carmen Martín Gaite: "Cuando vivimos, las cosas nos pasan, pero cuando contamos las hacemos pasar”. Al hablar a nuestro interlocutor creamos la madeja de nuestra propia historia, nos la contamos a nosotros mismos y al hacerlo le damos un orden. Un antes y un después que la hacen real. Al fin y al cabo, las cosas nunca son de una manera o de otra; sólo son como nos las contamos. Somos en función de nuestro interlocutor.
Pero... ¿a quién contamos nuestra historia? ¿Quién será capaz de hacer que desenmarañemos la madeja? No siempre nuestra gente más querida es capaz de recibirla. El interlocutor ideal es aquel que teje con nuestro mismo hilo y con él rompe nuestra soledad. Comparte una esencia con nosotros. Se divierte con lo que nos divierte y entiende lo que entendemos. Pero ¿cómo le encontramos? Y más aún, si lo hacemos, si lo encontramos... ¿querrá asumir ese papel?
jueves, junio 04, 2009
Verano interior.
Summer Interior Edward Hopper 1909
Algo iba mal. Después de tres meses en los que no nos habíamos separado el uno del otro, de pronto su teléfono llevaba demasiadas horas apagado. Me había marchado a trabajar esa mañana y aún no nos habíamos vuelto a ver. Le había dado un beso mientras dormía, mientras me disculpaba por el pequeño desacuerdo de la noche anterior. Había estado cansada, sólo eso. Le acaricié el pelo y le besé en los labios calientes de sueño. Era lunes y me fuí a la redacción. El trabajo era exigente, debía permanecer concentrada y esforzarme al máximo, no había excusas para los fallos, así que el día pasó rápido sin hablar con él. Esa noche fuí a dormir a casa, hacía mucho que no lo hacía y debía recordarme a menudo que tenía un lugar al que volver. Le llamé un montón de veces, pero el teléfono seguía apagado. Que extraño. ¿Qué podría haber pasado?
El martes transcurrió lentamente. El teléfono seguía apagado y mientras grababa una noticia, recuerdo que era en la Albufera, trataba de encontrar argumentos racionales que explicaran el por qué de su silencio. Ya no podía esperar más, así que en cuanto pude escaparme de la redacción, cogí el coche y puse rumbo hacia su casa dispuesta a encontrar una explicación sencilla que aclarara lo ocurrido. Llegué con el corazón en un puño, repasé el maquillaje en el espejito del coche y como nadie me abría, abrí la puerta del jardín con mis propias llaves. Estaba vacío, así que me dirigí hacia la casa. Algo iba mal, decididamente mal.
La puerta estaba cerrada, intenté abrirla pero la llave no entraba en la cerradura. Qué raro, estaba cerrada por dentro. Me asusté. Ante mis ojos desfiló su imagen inconsciente en el suelo, un charco de sangre, y por un momento, otra mujer desnuda en su cama. Pero eso no podía ser, era imposible. Pensé que se había desmayado y yacía en el suelo al otro lado de esa puerta de madera. Llamé, volví a intentarlo con la llave y acabé probando con la ventana. No tenía reja ni seguro, sólo había que deslizarla hacia un lado y allí estaba yo, entrando en la casa a través de una ventana como una ladrona cualquiera. Volví a llamarle. En el comedor no había nadie.
Le encontré en el dormitorio, sentado en la cama y liándose un porro. Estaba bien, ni inconsciente ni lleno de sangre, así que una parte de mí temió encontrar una mujer desnuda en cualquier lado. Estaba muy serio.
- Estaba preocupada, he entrado por la ventana, no podía abrir.
- Márchate.
- ¿Qué?
- Lárgate.
- ¿Que me largue? Pero, ¿qué pasa?
Estaba furioso. Me gritó que me marchara. Aquello era una pesadilla, no podía estar sucediendo de verdad, no entendía nada. Él sentado y yo de pie en la puerta de la habitación. Parecía incapaz de soportar físicamente mi presencia. Intenté pedir una explicación a aquello pero él me gritó. Se levantó y se metió en el baño, traté de acercarme y cerró la puerta con un golpe, a punto de machacarme la mano. Asustada, desconcertada y llena de dolor, miré la puerta cerrada. No sé cuando había empezado a llorar.
- Dime algo...
- ¡Que te largues! ¡No quiero verte!
- Pero dime algo...
- ¡Fuera!
- Yo...
La voz se me cortó y me quedé mirando aquella puerta entre lágrimas. Valoré por un momento el sentarme en el suelo y esperar a que saliera, pero de pronto tuve miedo de que me golpeara. Si él no me quería allí, no había otra cosa que pudiera hacer más que marcharme.
- Yo... ...te quiero.
Le dije te quiero a aquella puerta cerrada y me marché. No recuerdo como pude salir de la casa y arrancar el coche. Lloraba, lloraba entre convulsiones mientras conducía, el corazón roto, la incomprensión más absoluta. Llegué llorando a casa de mi mejor amiga. Me esperaba para ir al teatro, pero no pudimos ir. También yo me encerré en un cuarto de baño. Me estaba rompiendo en pedazos y mi amiga me permitió ese respiro. Me tiré al suelo en posición fetal y a oscuras lloré todo. Ella entró, cogió mi cabeza y me acarició hasta que pude calmarme. Fue el mes de julio del año pasado. Tardé casi tres semanas en averiguar qué había pasado allí.
miércoles, junio 03, 2009
Obras en el Paraíso.
martes, marzo 17, 2009
Una niña llora.
Unos grandes almacenes en un día de rebajas. Hay gente por todas partes, gente en las escaleras mecánicas y en los pasillos. Gente haciendo cola en las cajas y en la puerta de los baños. Un ir y venir acelerado y ocupado en el enjambre de las abejas. Allá donde detengas tu mirada hallarás gente con prisa. sábado, enero 24, 2009
Paraíso inhabitado.

La infancia siempre parece un lugar mítico, un país mágico al que muchos quisiéramos regresar. O quizás no. Quizás también sea un lugar repleto de tristezas. Una sucesión de días nublados en el que una niña demasiado solitaria no quiere hablar con nadie. Sólo estar con sus libros y que la dejen en paz.
viernes, enero 23, 2009
Me importa un pito. (Por alusiones)

"No sé, me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Esta fue -y no otra- la razón de que me enamorase, tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos? ¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de pronóstico reservado?¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba de comedor a la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por los alrededores! Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado. "¡María Luisa! !María Luisa!"... y a los pocos segundos, ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos aproximaba al paraíso; durante horas enteras nos anidábamos en una nube, como dos ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja muerta, el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera..., aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas! ¡Qué voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes... la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre? ¿Verdad que no hay una diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera
imaginar que pueda hacerse el amor más que volando."Oliverio Girondo
Espantapájaros
jueves, enero 22, 2009
¿Volar o caer?

No sé si podría soportarlo.
viernes, noviembre 14, 2008
La tapadera que cubre la vida.
"Se refería al episodio de Flitcraft en el capítulo séptimo de El Halcón maltés, la curiosa parábola que Sam Spade cuenta a Brigid O'Shaughnessy sobre un hombre que abandona la vida que lleva y desaparece de pronto. Flitcraft es un individuo absolutamente convencional: marido, padre, próspero hombre de negocios, una persona que no puede quejarse de nada. Un día sale a comer y cuando va andando por la calle una viga se desploma desde el décimo piso de un edificio en construcción y casi aterriza en su cabeza. Unos centímetros más y Flitcraft habría muerto aplastado, pero la viga le pasa rozando, y salvo por una esquirla que salta de la acera y le da en la cara, resulta ileso. De todos modos, el hecho de haber estado a un paso de la muerte lo perturba, y no puede sacarse el incidente de la cabeza. Según dice Hammett: 'se sintio como si le hubieses quitado la tapadera que cubre la vida, permitiéndole ver su mecanismo.' Flitcraft cae en la cuenta de que el mundo no es un sitio tan racional y ordenado como él creía, de que ha estado equivocado desde el principio y jamás ha entendido ni palabra de lo que ocurría en él. Es el azar quien gobierna el mundo. Lo aleatorio nos acecha todos los días de nuestra vida; una vida de la que se nos puede privar en cualquier momento, sin razón aparente. Cuando termina de comer, Flitcraft concluye que no tiene más remedio que someterse a esa fuerza aniquiladora, que debe destruir su vida mediante algún gesto sin sentido, totalmente arbitrario, de negación de sí mismo. Pagará con la misma moneda, por decirlo así, y sin molestarse en volver a casa o despedirse de su familia, sin tomarse siquiera el trabajo de sacar dinero del banco, se levanta de la mesa, se dirige a otra ciudad y empieza una nueva vida."Paul Auster
La noche del oráculo
martes, septiembre 16, 2008
Una habitación propia.

Regina Cordium
Dante Gabriel Rossetti 1886
Virgina Woolf hablaba de la necesidad de tener una habitación propia.
Una habitación propia.
Una guarida, un refugio. Un espacio con el que pueda armonizar nuestro espíritu.Un espacio donde quitarnos los problemas del día, igual que nos quitamos los zapatos de tacón de nuestros pies cansados al acabar la jornada. Pero por supuesto, es mucho más que un espacio. Una habitación propia significa independencia.
¿Tenía Jane Austen una habitación propia? Sus biografías nos cuentan que escribía en su salita de recibir y ocultaba los papeles en cuanto llegaba una visita. Quizás se encontrara en plena descripción, quizás en aquel momento dibujaba con palabras el sonrojo en el rostro de Elizabeth Bennet o el fango de sus faldas cuando llegaba la Señora de tal o de cual y ella se veía obligada a hablar del tiempo o la próxima merienda de la parroquia. Y sin embargo, ella era independiente. No, una habitación propia no es sólo una habitación.
Escribir es crear en nuestro interior un palacio. Dibujar universos enteros en la palma de nuestra mano. La mujer que posea universos y palacios será fuerte y sabia. Por tanto, si quieres sentirte sabia, rica y hermosa, escribe. Escribe. Porque en tus palabras se encuentra la magia más poderosa, la de la creación. Ya no serás un simple satélite orbitando alrededor de un “él”. Ya no serás un corazón angustiado, un ansia palpitante. Tendrás un “yo”, serás alguien, con planetas y estrellas orbitando en tu interior, con brillo en los ojos y personajes entretejidos en tu pelo. Serás un universo en ti misma.
Virginia Woolf estaba loca. Estaba loca y era inteligente. Resulta curiosa la coincidencia aunque es probable que nada tenga que ver una condición con la otra. Inteligencia y locura. ¿Acaso se puede vivir de otro modo en este mundo? Virginia Woolf en su locura e inteligencia se preguntaba ¿qué es lo que necesitan las mujeres para escribir? Y su respuesta fue esa habitación simbólica y real que supone la plasmación física de la independencia económica y personal.
Para una mujer los espacios son muy importantes. Al menos para mí lo son. Los espacios físicos, la armonía del lugar que nos acoge. Orden y una cierta limpieza a nuestro alrededor, una taza de té calentito en la mano, el gatito que se frota contra nuestras piernas… Desde la seguridad física nuestro espíritu se crece y se eleva para construir nuevos espacios imaginarios que se cosen con palabras. Frases y palabras que enhebran nuevas frases y palabras que son alimento para el alma.
Hola a todos.
Estoy de vuelta.
jueves, enero 10, 2008
Leaving Entropia.
walk with me
and see the world I see
it is our home
it's where we all belong
life is flair
a brittle dress we wear
a fleeting sigh
but though pointless it may seem...
live as death were but a dream
you don't have to walk their way
you don't have to watch the show
you don't have to play their game
and you don't have to die to leave entropia
all remains...
forgotten smiles in frames
two fleeting lives cut down to pocket-size
walk with me
and change the world we see
we'll cease to be
just people passing by
home is where we all get by
you don't have to cry for more
you don't have to have it all
you don't have to win a war
if death is but a dream
then don't let me...
...fall asleep
martes, diciembre 25, 2007
Adiós.
Muchas gracias a todos los que nos habéis acompañado en un momento u otro del camino. ¿Quién sabe si volveremos a encontrarnos?
Hasta siempre y feliz Navidad.
miércoles, diciembre 19, 2007
Pequeñas Ofelias.

La pequeña Ofelia
Adolph-William Bouquereau
Llueve cuando coge el coche para volver a la casa. Está muy oscuro y la carretera mojada refleja las luces de los coches que vienen en sentido contrario. Le duele la cabeza, eso es por haber llorado. Las discusiones con él y los sofocos siempre le dan dolor de cabeza. Tiene ganas de dar un volantazo y estrellarse, pero no lo hace. Se mató porque las ruedas resbalaron en el asfalto mojado. Se había despistado al rebuscar una aspirina en el bolso.
---
Hay una mujer en la playa. Un hombre la está mirando desde el paseo. Cree que es aquella muchacha, pero no está seguro, hay demasiada distancia. La mira mientras ella mira al mar. La mira durante mucho tiempo y luego se marcha. No llega a enterarse del escándalo. Han encontrado a una mujer muerta en la playa, se sentó cara al mar y tomó una pastilla tras otra hasta caer dormida y no despertar. Mal de amores dijeron todos.
---
Cuando el policía llegó a la estación de tren aún no habían retirado el cadáver. Cerca del cuerpo encontraron una mochila y en ella un carnet de facultad. La chica estudiaba primero de Filosofía. Se había arrojado a las vías y el tren no tuvo tiempo de frenar. En él venía su novio, quería pedirle disculpas y una segunda oportunidad. Cuando vió su cuerpo destrozado tuvo una crisis nerviosa. Se abrió las venas tres semanas después.
lunes, diciembre 17, 2007
La Emperatriz Infantil se muerde las muñecas.
La Emperatriz Infantil se muerde las muñecas. Los pequeños dientes acuchillan la piel mientras sus pensamientos giran y giran sobre sí misma hasta perderse. Los dientes despedazan venas y arterias, manchan de rojo su piel blanca y ella se ha perdido en un universo encharcado, una espera insomne y triste.
lunes, diciembre 10, 2007
Te quiero niño herido.
Hay un pozo. Está muy oscuro. Desde su fondo miro hacia arriba, un círculo de noche. Musgos incandescentes se aferran al barro. Tengo miedo.
Ahí fuera hay un niño pequeño. Le llamo, le suplico que se asome a mi pozo. Veo su carita preocupada allá arriba, allá, tan lejos. No puede ayudarme, no sabe qué hacer para sacarme de aquí. No debí llamarle, ahora tengo miedo de que se caiga a este pozo, él, que es el niño que yo más quiero.
Tiene Escarlata pesadillas. Pesadillas de niebla y oscuridad. Busca algo. Busca algo mientras sus faldas se enredan a los jirones de niebla y resbala en el barro, una y otra vez.
Le quiero. Ese niño ha logrado hacerme feliz. ¿De dónde salió ese pozo? ¿Cómo me he caído en él cuando tenía un faro que iluminaba mi camino? Ah, ya me acuerdo, ha sido por culpa de los doce segundos de oscuridad. He dejado al niño sangrando. Conozco el olor de su sangre.
Me pregunto si estoy enferma, si la oscuridad es un virus que circula por mi sangre. O sólo soy una niña caprichosa que merece bofetadas por el daño causado.
La niña maga me protege. Soy un animal y ella me ampara. Me abre su casa, su família y su corazón. Me quiere. ¿Es que nunca me bastará el amor? ¿Qué más pruebas se necesitan? ¿Pruebas de amor o de que estoy viva?
He clavado un puñal al niño. Miro como brota su sangre y le pregunto cuanto me quiere. Dice que no puedo pedir amor incondicional mientras trata de restañar su herida. Estoy enferma. La niña maga me saca de allí para que no pueda clavar más puñales. Quiere enfadarse conmigo pero no le sale del todo.
Hasta aquí me llega el olor de la sangre. Un hombre y una mujer se quieren. Un bebé duerme. Allá, en otro pozo, hay un niño malherido.


