lunes, junio 08, 2009

Uzumaki.


Los pensamientos giran, se encadenan unos a otros, se desgarran entre ellos en el interior de mi cabeza. Uzumaki, una espiral sucia y viscosa de ideas. Víctima y agresora a un tiempo. Ejército y campo de batalla. Violador y violada. Noche de mal dormir, mañana de llantos. Tan alejada de la realidad que me cuesta comportarme de manera cuerda. Demasiado tiempo libre, demasiado poco control sobre nada. Sin trabajo, sin apenas horarios, mi mente rompe con facilidad las cadenas que la atan a la realidad y se desboca en alas de la fantasía.

Hasta que de pronto soy consciente de lo que estoy haciendo, de la que he liado sin venir a cuento. De pronto compruebo con una mezcla de horror y alivio que he magnificado las cosas hasta el punto de tergiversarlas por completo. Drama queen, maldita creadora del drama. Al menos, esta vez no he necesitado pastillas para desconectar, lo he conseguido yo sola. Maldita parada, maldita exagerada. Y ahora llega la segunda parte, ¿hasta qué punto me he excedido? ¿Hasta qué punto llegan los daños? ¿Puedo solucionarlo o la he cagado de verdad esta vez?

Parece que lo he solucionado. Esta vez no traerá consecuencias. Maldita, maldita sea, ¡cómo me duele la cabeza!

La búsqueda de interlocutor.

Hannah Starkey
Sin título 1998

Sin interlocutor sólo nos queda la soledad. La necesidad de encontrar un receptor ideal es la lucha por salir del Reino de las Nieves, escapar de nuestra cárcel de hielo y encontrar un aliento humano que nos dé sentido. La palabra cura, redime, nos puede salvar.

Sin nadie a quien contar no hay nada que contar. Como decía Carmen Martín Gaite: "Cuando vivimos, las cosas nos pasan, pero cuando contamos las hacemos pasar”. Al hablar a nuestro interlocutor creamos la madeja de nuestra propia historia, nos la contamos a nosotros mismos y al hacerlo le damos un orden. Un antes y un después que la hacen real. Al fin y al cabo, las cosas nunca son de una manera o de otra; sólo son como nos las contamos. Somos en función de nuestro interlocutor.

Pero... ¿a quién contamos nuestra historia? ¿Quién será capaz de hacer que desenmarañemos la madeja? No siempre nuestra gente más querida es capaz de recibirla. El interlocutor ideal es aquel que teje con nuestro mismo hilo y con él rompe nuestra soledad. Comparte una esencia con nosotros. Se divierte con lo que nos divierte y entiende lo que entendemos. Pero ¿cómo le encontramos? Y más aún, si lo hacemos, si lo encontramos... ¿querrá asumir ese papel?

jueves, junio 04, 2009

Verano interior.

Summer Interior
Edward Hopper 1909

Algo iba mal. Después de tres meses en los que no nos habíamos separado el uno del otro, de pronto su teléfono llevaba demasiadas horas apagado. Me había marchado a trabajar esa mañana y aún no nos habíamos vuelto a ver. Le había dado un beso mientras dormía, mientras me disculpaba por el pequeño desacuerdo de la noche anterior. Había estado cansada, sólo eso. Le acaricié el pelo y le besé en los labios calientes de sueño. Era lunes y me fuí a la redacción. El trabajo era exigente, debía permanecer concentrada y esforzarme al máximo, no había excusas para los fallos, así que el día pasó rápido sin hablar con él. Esa noche fuí a dormir a casa, hacía mucho que no lo hacía y debía recordarme a menudo que tenía un lugar al que volver. Le llamé un montón de veces, pero el teléfono seguía apagado. Que extraño. ¿Qué podría haber pasado?

El martes transcurrió lentamente. El teléfono seguía apagado y mientras grababa una noticia, recuerdo que era en la Albufera, trataba de encontrar argumentos racionales que explicaran el por qué de su silencio. Ya no podía esperar más, así que en cuanto pude escaparme de la redacción, cogí el coche y puse rumbo hacia su casa dispuesta a encontrar una explicación sencilla que aclarara lo ocurrido. Llegué con el corazón en un puño, repasé el maquillaje en el espejito del coche y como nadie me abría, abrí la puerta del jardín con mis propias llaves. Estaba vacío, así que me dirigí hacia la casa. Algo iba mal, decididamente mal.

La puerta estaba cerrada, intenté abrirla pero la llave no entraba en la cerradura. Qué raro, estaba cerrada por dentro. Me asusté. Ante mis ojos desfiló su imagen inconsciente en el suelo, un charco de sangre, y por un momento, otra mujer desnuda en su cama. Pero eso no podía ser, era imposible. Pensé que se había desmayado y yacía en el suelo al otro lado de esa puerta de madera. Llamé, volví a intentarlo con la llave y acabé probando con la ventana. No tenía reja ni seguro, sólo había que deslizarla hacia un lado y allí estaba yo, entrando en la casa a través de una ventana como una ladrona cualquiera. Volví a llamarle. En el comedor no había nadie.

Le encontré en el dormitorio, sentado en la cama y liándose un porro. Estaba bien, ni inconsciente ni lleno de sangre, así que una parte de mí temió encontrar una mujer desnuda en cualquier lado. Estaba muy serio.

- Estaba preocupada, he entrado por la ventana, no podía abrir.
- Márchate.
- ¿Qué?

- Lárgate.
- ¿Que me largue? Pero, ¿qué pasa?

Estaba furioso. Me gritó que me marchara. Aquello era una pesadilla, no podía estar sucediendo de verdad, no entendía nada. Él sentado y yo de pie en la puerta de la habitación. Parecía incapaz de soportar físicamente mi presencia. Intenté pedir una explicación a aquello pero él me gritó. Se levantó y se metió en el baño, traté de acercarme y cerró la puerta con un golpe, a punto de machacarme la mano. Asustada, desconcertada y llena de dolor, miré la puerta cerrada. No sé cuando había empezado a llorar.

- Dime algo...
- ¡Que te largues! ¡No quiero verte!
- Pero dime algo...
- ¡Fuera!

- Yo...

La voz se me cortó y me quedé mirando aquella puerta entre lágrimas. Valoré por un momento el sentarme en el suelo y esperar a que saliera, pero de pronto tuve miedo de que me golpeara. Si él no me quería allí, no había otra cosa que pudiera hacer más que marcharme.

- Yo... ...te quiero.

Le dije te quiero a aquella puerta cerrada y me marché. No recuerdo como pude salir de la casa y arrancar el coche. Lloraba, lloraba entre convulsiones mientras conducía, el corazón roto, la incomprensión más absoluta. Llegué llorando a casa de mi mejor amiga. Me esperaba para ir al teatro, pero no pudimos ir. También yo me encerré en un cuarto de baño. Me estaba rompiendo en pedazos y mi amiga me permitió ese respiro. Me tiré al suelo en posición fetal y a oscuras lloré todo. Ella entró, cogió mi cabeza y me acarició hasta que pude calmarme. Fue el mes de julio del año pasado. Tardé casi tres semanas en averiguar qué había pasado allí.

miércoles, junio 03, 2009

Obras en el Paraíso.

Adán y Eva en el Jardín del Edén
Wenzel Peter (Karlsbad 1745 - Roma 1829)

Hay obras en el paraíso. Las máquinas han entrado sin compasión en mi pequeño país y durante todo el día muerden y aprisionan la tierra entre sus garras de metal. Las oigo sin saber qué hacer. Hoy es miércoles, tampoco trabajo porque mi contrato acabó el viernes. Desde entonces, llevo tres novelas leídas y me siento abrumada por la inmensidad del tiempo libre a mi alrededor. Tengo proyectos, claro, y algunas obligaciones. Quiero escribir un corto y un nuevo relato. Además en un par de semanas me examino del Superior y en un mes son las oposiciones a las que me acabo de apuntar para ver como funcionan. Pero no me apetece meterme en ninguna de esas historias. Hago fotos, leo, y me arrastro por la casa y el jardín sin saber a qué dedicarme. Paso el día sola sin hablar apenas con nadie. Podría coger la cámara y salir de excursión. Quizás lo haga, no sé, me aburro de mí misma. Mi interior vuelve a convertirse en una fiera que no halla reposo encerrada en tan exiguos límites. Inquieta. Vagamente furiosa. Debe ser la serpiente que envenena mis sueños. Pero en el Paraíso eran dos y aquí empiezo a sentirme demasiado sola. ¿Sería por eso por lo que Eva mordió la manzana? ¿Estaba en paro mientras Adán estudiaba oposiciones? ¿También soñaba ella con conciertos y drogas mientras el sonido de los pájaros se mezclaba con el de las máquinas? ¿También se miraba en los espejos para cerrar los ojos ante su reflejo hastiado?
Y mientras tanto oigo las bestias de metal, adelante y atrás, contaminando la paz del paraíso.

martes, marzo 17, 2009

Una niña llora.

Unos grandes almacenes en un día de rebajas. Hay gente por todas partes, gente en las escaleras mecánicas y en los pasillos. Gente haciendo cola en las cajas y en la puerta de los baños. Un ir y venir acelerado y ocupado en el enjambre de las abejas. Allá donde detengas tu mirada hallarás gente con prisa.

Menos en un punto. Ahí, donde se encuentra paralizada una niña pequeña. Apenas tiene unos cuatro años y desde su pequeña estatura contempla a los adultos entre lágrimas. Debe haberse perdido, en un descuido su manita se habrá soltado de la de su madre y ahora el terror la domina. Tiene tanto miedo que sólo puede llorar, impotente, incapaz de entender lo que le rodea. Sólo sabe que antes estaba segura y ahora está sola y tiene miedo. ¿No se te rompe el corazón? ¿No deseas cogerla en brazos y decirle que todo está bien? Pues así es como me siento a menudo, como una maldita niña perdida.


¿Por qué si tengo 33 años y hay canas en mi pelo, tengo los miedos de una niña de cuatro años?


¿Por qué tengo terror al abandono?


Quiero ser yo la que la coja y la abrace, quiero decirle que yo sí la quiero, que está segura entre mis brazos, que nunca la voy a dejar... pero entonces es a mí a quien le queman las lágrimas en los ojos, y soy yo la que se pregunta si algún día podré sentirme segura.


Sí, lo sé... mi mente lo sabe: la seguridad no existe, es un constructo, una ilusión. Ni alianzas en tu dedo, ni hipotecas en el banco, ni un puesto fijo van a salvarte de nada. En cualquier momento, de pronto tu manita aferra el aire y estás sola, sola y perdida entre la multitud.

sábado, enero 24, 2009

Paraíso inhabitado.


La Dama del Unicornio. Con mi solo deseo (detalle)
S. XVI Museo de Cluny (París)

¿Cuáles son los paisajes de nuestra infancia?

La infancia siempre parece un lugar mítico, un país mágico al que muchos quisiéramos regresar. O quizás no. Quizás también sea un lugar repleto de tristezas. Una sucesión de días nublados en el que una niña demasiado solitaria no quiere hablar con nadie. Sólo estar con sus libros y que la dejen en paz.

Bueno, eso no ha cambiado demasiado, ¿verdad?

La última novela de Ana Mª Matute ha agitado algo dentro de mí. Quiero poder ver como el unicornio se escapa del cuadro. Quiero sentir como sus pequeñas peñuzas hollan la hierba del bosque. Quiero creer que hay un gemelo que nunca va a abandonarme.

El mundo de los Gigantes aún me sigue resultando extraño aunque yo me haya convertido en uno de ellos.

Quiero volver a cruzar la puerta. Quiero entrar en la biblioteca mágica.

Kay y Gerda, mis pequeños amigos. Últimamente su recuerdo se despierta muy a menudo. También Ana Mª Matute los trae de vuelta en su novela. Al final la Reina de las Nieves se los ha llevado. ¿Será cierto que los niños son como los vilanos y nunca vuelven? Tampoco lo hacen los unicornios. Los que se van, nunca vuelven.

viernes, enero 23, 2009

Me importa un pito. (Por alusiones)


Promenade
Marc Chagall 1917

"No sé, me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!


Esta fue -y no otra- la razón de que me enamorase, tan locamente, de María Luisa.


¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos? ¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de pronóstico reservado?¡María Luisa era una verdadera pluma!


Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba de comedor a la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...


¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por los alrededores! Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado. "¡María Luisa! !María Luisa!"... y a los pocos segundos, ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte.


Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos aproximaba al paraíso; durante horas enteras nos anidábamos en una nube, como dos ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja muerta, el aterrizaje forzoso de un espasmo.


¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera..., aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas! ¡Qué voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes... la de pasarse las noches de un solo vuelo!


Después de conocer una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre? ¿Verdad que no hay una diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?


Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera
imaginar que pueda hacerse el amor más que volando."




Oliverio Girondo
Espantapájaros

jueves, enero 22, 2009

¿Volar o caer?


¿Volando o cayendo?
Linda Messier 2007


Nunca había querido así. El amor es demasiado grande, no cabe dentro de mi cuerpo. Se alza y se expande como un ave de luz y fuego. Me eleva y me lleva tan alto que siento vértigo. Por eso le aprieto tanto, porque tengo miedo a caer, porque después de tantos años siendo Oliverio y buscando a la que vuela, por fin está aquí a mi lado. El hombre que me hace volar.

Cuando me besó por primera vez, todo mi mundo dió la vuelta. El beso tímido se convirtió en la urgencia de la carne en aquel puerto de Castellón. Le deseé. Quise su cuerpo, su sexo embistiendo mis caderas. Le pedí que me llevara a su casa y no lo dudó un segundo. Nunca había sentido así. El amor y el deseo llegaron de fuera y me embistieron. No pude decidir, no tuve opción. El DVD de un concierto, quizás una copa, y de nuevo la urgencia. Medio desnudos, raya blanca, tras raya blanca, los besos y las caricias. Mojados por los líquidos del deseo sentí como mi cuerpo me era arrebatado. El cuerpo y el alma. Sentí miedo de caer. El viento en la cara, el cuerpo entre sus brazos, le pedí que no me soltara.

No sé si podría soportarlo.

viernes, noviembre 14, 2008

La tapadera que cubre la vida.

"Se refería al episodio de Flitcraft en el capítulo séptimo de El Halcón maltés, la curiosa parábola que Sam Spade cuenta a Brigid O'Shaughnessy sobre un hombre que abandona la vida que lleva y desaparece de pronto. Flitcraft es un individuo absolutamente convencional: marido, padre, próspero hombre de negocios, una persona que no puede quejarse de nada. Un día sale a comer y cuando va andando por la calle una viga se desploma desde el décimo piso de un edificio en construcción y casi aterriza en su cabeza. Unos centímetros más y Flitcraft habría muerto aplastado, pero la viga le pasa rozando, y salvo por una esquirla que salta de la acera y le da en la cara, resulta ileso. De todos modos, el hecho de haber estado a un paso de la muerte lo perturba, y no puede sacarse el incidente de la cabeza. Según dice Hammett: 'se sintio como si le hubieses quitado la tapadera que cubre la vida, permitiéndole ver su mecanismo.' Flitcraft cae en la cuenta de que el mundo no es un sitio tan racional y ordenado como él creía, de que ha estado equivocado desde el principio y jamás ha entendido ni palabra de lo que ocurría en él. Es el azar quien gobierna el mundo. Lo aleatorio nos acecha todos los días de nuestra vida; una vida de la que se nos puede privar en cualquier momento, sin razón aparente. Cuando termina de comer, Flitcraft concluye que no tiene más remedio que someterse a esa fuerza aniquiladora, que debe destruir su vida mediante algún gesto sin sentido, totalmente arbitrario, de negación de sí mismo. Pagará con la misma moneda, por decirlo así, y sin molestarse en volver a casa o despedirse de su familia, sin tomarse siquiera el trabajo de sacar dinero del banco, se levanta de la mesa, se dirige a otra ciudad y empieza una nueva vida."


La noche del oráculo

Paul Auster


martes, septiembre 16, 2008

Una habitación propia.



Regina Cordium

Dante Gabriel Rossetti 1886

Virgina Woolf hablaba de la necesidad de tener una habitación propia.

Una habitación propia.

Una guarida, un refugio. Un espacio con el que pueda armonizar nuestro espíritu.Un espacio donde quitarnos los problemas del día, igual que nos quitamos los zapatos de tacón de nuestros pies cansados al acabar la jornada. Pero por supuesto, es mucho más que un espacio. Una habitación propia significa independencia.

¿Tenía Jane Austen una habitación propia? Sus biografías nos cuentan que escribía en su salita de recibir y ocultaba los papeles en cuanto llegaba una visita. Quizás se encontrara en plena descripción, quizás en aquel momento dibujaba con palabras el sonrojo en el rostro de Elizabeth Bennet o el fango de sus faldas cuando llegaba la Señora de tal o de cual y ella se veía obligada a hablar del tiempo o la próxima merienda de la parroquia. Y sin embargo, ella era independiente. No, una habitación propia no es sólo una habitación.

Escribir es crear en nuestro interior un palacio. Dibujar universos enteros en la palma de nuestra mano. La mujer que posea universos y palacios será fuerte y sabia. Por tanto, si quieres sentirte sabia, rica y hermosa, escribe. Escribe. Porque en tus palabras se encuentra la magia más poderosa, la de la creación. Ya no serás un simple satélite orbitando alrededor de un “él”. Ya no serás un corazón angustiado, un ansia palpitante. Tendrás un “yo”, serás alguien, con planetas y estrellas orbitando en tu interior, con brillo en los ojos y personajes entretejidos en tu pelo. Serás un universo en ti misma.

Virginia Woolf estaba loca. Estaba loca y era inteligente. Resulta curiosa la coincidencia aunque es probable que nada tenga que ver una condición con la otra. Inteligencia y locura. ¿Acaso se puede vivir de otro modo en este mundo? Virginia Woolf en su locura e inteligencia se preguntaba ¿qué es lo que necesitan las mujeres para escribir? Y su respuesta fue esa habitación simbólica y real que supone la plasmación física de la independencia económica y personal.

Para una mujer los espacios son muy importantes. Al menos para mí lo son. Los espacios físicos, la armonía del lugar que nos acoge. Orden y una cierta limpieza a nuestro alrededor, una taza de té calentito en la mano, el gatito que se frota contra nuestras piernas… Desde la seguridad física nuestro espíritu se crece y se eleva para construir nuevos espacios imaginarios que se cosen con palabras. Frases y palabras que enhebran nuevas frases y palabras que son alimento para el alma.

Hola a todos.

Estoy de vuelta.

jueves, enero 10, 2008

Leaving Entropia.



walk with me
and see the world I see
it is our home
it's where we all belong

life is flair
a brittle dress we wear
a fleeting sigh
but though pointless it may seem...
live as death were but a dream

you don't have to walk their way
you don't have to watch the show
you don't have to play their game
and you don't have to die to leave entropia

all remains...
forgotten smiles in frames
two fleeting lives cut down to pocket-size

walk with me
and change the world we see
we'll cease to be
just people passing by
home is where we all get by

you don't have to cry for more
you don't have to have it all
you don't have to win a war
if death is but a dream
then don't let me...

...fall asleep


Pain of Salvation
Música y letras: Daniel Gildenlow

martes, diciembre 25, 2007

Adiós.

Se acabó este blog y se acabó Enttropia. Una noche se acostó y ya no volvió a despertarse.
Muchas gracias a todos los que nos habéis acompañado en un momento u otro del camino. ¿Quién sabe si volveremos a encontrarnos?

Hasta siempre y feliz Navidad.

miércoles, diciembre 19, 2007

Pequeñas Ofelias.


La pequeña Ofelia
Adolph-William Bouquereau


Llueve cuando coge el coche para volver a la casa. Está muy oscuro y la carretera mojada refleja las luces de los coches que vienen en sentido contrario. Le duele la cabeza, eso es por haber llorado. Las discusiones con él y los sofocos siempre le dan dolor de cabeza. Tiene ganas de dar un volantazo y estrellarse, pero no lo hace. Se mató porque las ruedas resbalaron en el asfalto mojado. Se había despistado al rebuscar una aspirina en el bolso.

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Hay una mujer en la playa. Un hombre la está mirando desde el paseo. Cree que es aquella muchacha, pero no está seguro, hay demasiada distancia. La mira mientras ella mira al mar. La mira durante mucho tiempo y luego se marcha. No llega a enterarse del escándalo. Han encontrado a una mujer muerta en la playa, se sentó cara al mar y tomó una pastilla tras otra hasta caer dormida y no despertar. Mal de amores dijeron todos.

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Cuando el policía llegó a la estación de tren aún no habían retirado el cadáver. Cerca del cuerpo encontraron una mochila y en ella un carnet de facultad. La chica estudiaba primero de Filosofía. Se había arrojado a las vías y el tren no tuvo tiempo de frenar. En él venía su novio, quería pedirle disculpas y una segunda oportunidad. Cuando vió su cuerpo destrozado tuvo una crisis nerviosa. Se abrió las venas tres semanas después.

lunes, diciembre 17, 2007

La Emperatriz Infantil se muerde las muñecas.

La Nada devora Fantasía. Durante cuatro años llueve como en Macondo y convierte Fantasía en una gelatina sucia. Un día tras otro de lluvia gris y una sensación viscosa en el vientre. Los pensamientos encharcados, el corazón podrido. El cielo está blando y mojado. Los contornos se difuminan y la realidad se pierde en forma de espiral.

La Emperatriz Infantil se muerde las muñecas. Los pequeños dientes acuchillan la piel mientras sus pensamientos giran y giran sobre sí misma hasta perderse. Los dientes despedazan venas y arterias, manchan de rojo su piel blanca y ella se ha perdido en un universo encharcado, una espera insomne y triste.

lunes, diciembre 10, 2007

Te quiero niño herido.

Cupido durmiente (detalle)
Michelangelo Merisi da Caravaggio 1608


Hay un pozo. Está muy oscuro. Desde su fondo miro hacia arriba, un círculo de noche. Musgos incandescentes se aferran al barro. Tengo miedo.

Ahí fuera hay un niño pequeño. Le llamo, le suplico que se asome a mi pozo. Veo su carita preocupada allá arriba, allá, tan lejos. No puede ayudarme, no sabe qué hacer para sacarme de aquí. No debí llamarle, ahora tengo miedo de que se caiga a este pozo, él, que es el niño que yo más quiero.

Tiene Escarlata pesadillas. Pesadillas de niebla y oscuridad. Busca algo. Busca algo mientras sus faldas se enredan a los jirones de niebla y resbala en el barro, una y otra vez.

Le quiero. Ese niño ha logrado hacerme feliz. ¿De dónde salió ese pozo? ¿Cómo me he caído en él cuando tenía un faro que iluminaba mi camino? Ah, ya me acuerdo, ha sido por culpa de los doce segundos de oscuridad. He dejado al niño sangrando. Conozco el olor de su sangre.

Me pregunto si estoy enferma, si la oscuridad es un virus que circula por mi sangre. O sólo soy una niña caprichosa que merece bofetadas por el daño causado.

La niña maga me protege. Soy un animal y ella me ampara. Me abre su casa, su família y su corazón. Me quiere. ¿Es que nunca me bastará el amor? ¿Qué más pruebas se necesitan? ¿Pruebas de amor o de que estoy viva?

He clavado un puñal al niño. Miro como brota su sangre y le pregunto cuanto me quiere. Dice que no puedo pedir amor incondicional mientras trata de restañar su herida. Estoy enferma. La niña maga me saca de allí para que no pueda clavar más puñales. Quiere enfadarse conmigo pero no le sale del todo.

Hasta aquí me llega el olor de la sangre. Un hombre y una mujer se quieren. Un bebé duerme. Allá, en otro pozo, hay un niño malherido.

Me alzaré.

Y a pesar de todo,
aunque me paralice,
y me invada el dolor,
o mil veces resbale en los mismos lodos,
sé que al final me alzaré
y la ocasión será
para brindar con los buenos amigos.

La paz y la canción

Nacho Vegas.

domingo, noviembre 18, 2007

La teoría de los pilares.

La Rueda de la Fortuna
Edward Burne Jones 1891


Debí leerlo en algún sitio y sin darme cuenta hice mi propia adaptación. Es una de esas teorías absurdas que parecen sacadas de un libro de autoayuda; sin embargo esta se me quedó grabada por alguna razón. Se supone que la felicidad de una persona se sostiene sobre cinco pilares. Por supuesto no todo el mundo puede contar con los cinco, eso sería un edificio vital asentado de manera extraordinaria. La mayoría hemos de conformarnos con menos.

Los pilares son cinco: el amor romántico, pareja; amigos; família de sangre; vida profesional y económica; aquellas pequeñas cosas que nos hacen ser como somos y nos llenan de alegría. En mi caso una novela victoriana, una taza de té calentito en invierno, un refugio agradable, mi gatito cuando estaba...

Hay quien limita sus pilares y apoya todo el peso en unos pocos: la pareja y la vida profesional, por ejemplo. Deja la amistad en un segundo plano y medio entierra aquellas aficiones que le daban vidilla. Deja las clases de italiano y no vuelve a bucear o a salir a la montaña. Esto es muy peligroso porque uno se empobrece y además se sitúa en una posición de riesgo. Si pierde el trabajo o la pareja se rompe, la persona se hundirá como una piedra.

Ahora no sé cuantos pilares tengo. El pequeñajo está aquí conmigo, eso es cierto, y sin él no podría hacerlo, me hubiera hundido hace tiempo. De hecho, es probable que ni siquiera me hubiera atrevido a venir a Madrid. Pero no me basta. Aunque sé que están ahí, en Valencia, echo de menos a mis amigos, e incluso a mi família. Echo de menos a los niños. Echo de menos mi trabajo. Me siento sola aquí. Pero todo saldrá bien, lo sé, antes o después encontraré trabajo y con un pilar más todo resultará más sencilo. Mientras tanto, odio que me digan que aproveche el tiempo, que no me queje, que yo valgo mucho, que estoy aquí porque quiero. Añade una vaga sensación de culpa a la mezcla y eso lo detesto. Todo saldrá bien. Pero a veces parece que nunca vaya a levantar cabeza.

viernes, noviembre 16, 2007

¿Por qué he de acostarme debajo de tí?

Lady Lilith
Dante Gabriel Rossetti 1868
"Adán y Lilit nunca hallaron armonía juntos, pues cuando él deseaba tener relaciones sexuales con ella, Lilit se sentía ofendida por la postura acostada que él le exigía. «¿Por qué he de acostarme debajo de ti? —preguntaba—: yo también fui hecha con polvo, y por lo tanto soy tu igual»-"

Yalqut Reubeni (colección de comentarios cabalísticos acerca del Pentateuco, recopilada por R. Reuben ben Hoshke Cohen)
Vaga por las fronteras del exilio desde entonces, en los márgenes de los malditos. Fueron dos sus pecados, dos sus delitos imperdonables. Tan terribles que no sólo le valieron la expulsión del Paraíso, sino también la de la historia y el mundo de los justos. Ahora ya no es ni un nombre ni un recuerdo; sólo sombra en la noche y sueño lúbrico. Cabello rojo flotante; mirada húmeda.

Cuentan, es leyenda, que antes de que el dios hebreo creara a Eva, creó a Lilith. Ella no provenía de ninguna costilla, sino que fue creada a imagen y semejanza de su hacedor, al igual que lo fue Adán. Cuenta la leyenda, dicen, que Lilith se enfrentó al varón: él la quería sojuzgada y ella se negó. Por ello se marchó, y por ello, ese dios masculino de barba blanca hubo de darle una nueva compañera a Adán.

Pero antes de marcharse, ella pronunció el nombre del dios que la había creado. Creyó tener derecho no sólo a su cuerpo sino también a la palabra. Ese dios de los hombres no se lo perdonaría nunca.

Lilith
John Collier 1892


Dios quiso borrar a Lilith. Como los faraones que castigaban borrando el nombre de los malditos de la piedra, el castigo divino fue la casi completa desaparición de Lilith de la historia. Dios, o los hombres que actuaron en su nombre. Sólo se la menciona una vez en la Biblia, Isaías 34:14, aunque parece que la referencia no resulta demasiado clara y depende de la traducción.

La sombra de Lilith fue arrastrada por el barro, lo poco que quedó vivo de ella fue manchado. Hoy se relaciona a Lilith con toda suerte de horribles leyendas y se la retrata como un monstruo ávido de sangre o semen. Como un demonio que raptaba a los niños de sus cunas por la noche, como la madre de los súcubos, como la amante de Satanás.

Pero ya hay quien ha tratado de rescatar la figura y leyenda de Lilith. Los góticos la consideran la primera vampiresa y por su rebelión hacia Adán, algunas feministas la han señalado como un símbolo de la liberación sexual femenina y de la lucha contra el patriarcado.

Sea como fuere, me gusta la leyenda de esta mujer orgullosa y altiva convertida en demonio. Ya escribí sobre ella, siempre la he considerado mucho más interesante que la pacata y castigada Eva. La primera mujer de la historia, la primera "desaparecida" de la historia. Tomen todas las mujeres el nombre de Lilith. Reivindiquemos como ella nuestro derecho al cuerpo y la palabra.

sábado, noviembre 10, 2007

Camille.


Ella le vio nada más entrar en el taller. Todo su cuerpo emanaba fuerza, pasión. Era un maestro, un genio, el mejor de los artistas del momento. Ella era una semilla que vibraba con la energía que aún había de desarrollarse. ¿Qué vio él en ella? Ojos verdes sin duda, belleza dorada, juventud. No sería hasta más tarde cuando él descubrió que en ese cuerpo menudo y frágil se hayaba una artista arrasadora. Para entonces ya eran amantes, lo fueron desde el primer día.

Ella apenas tenía veinte años; él, décadas más. Él era el primer amor de una joven ardiente; ¿qué sería ella para él? Era un hombre casado, con una amante fija, promiscuo. La humillaba dentro y fuera de estudio. Le prometía que se iba a divorciar.

Nunca lo hizo.

Ella fue la mejor alumna que un maestro pueda desear. Aprendió rápido y bien. Quizás demasiado para el ego de un artista temeroso de encontrar en su propio taller quien le arrebatara la corona. Así que durante diez años él la ninguneó en el estudio y escondió su talento a los ojos del mundo. Presentaba como propias obras que habían surgido de las manos de su joven amante. Y ella, mientras tanto, loca de amor. Le suplicaba que dejara a las otras, a su mujer, a su amante, que se quedara sólo con ella, que fueran felices los dos sólos al fin. Pero él la humillaba públicamente. Se pavoneaba con otras mujeres ante ella.

Y entonces, ocurrió.
Quedó embarazada y el mundo se detuvo.


Él le prometió que las dejaría, que por fin serían una pareja feliz, que por fin ella sería la única mujer de su vida. Ella lloró de alegría antes del saber el precio que iba a tener que pagar si quería su sueño hecho realidad: el aborto. Y abortó. Por amor a él.

Pero era una nueva mentira.
La definitiva.

Él no dejó a las otras mujeres y fue Camille quien se marchó. Rota. Una mujer resquebrajada. Se encerró en su propio estudio. De sus manos nacían cabezas de niño, en sus manos de artista paría a su hijo muerto. Rompió una tras otra sus nuevas esculturas de niños. Los vecinos la oían aullar día y noche. Aullaba de dolor, pobre alma rota, mientras con sus manos trataba de dar vida a quien se la había quitado.

Un día echaron la puerta abajo y se la llevaron. Al manicomio. La encerraron durante treinta años. Nunca volvió a esculpir. Su amante la dejó pudrirse en vida.

Hijo de puta.

martes, noviembre 06, 2007

Aquí.

Windswept
John William Waterhouse 1902

Aquí la pobreza no nos roza el vestido. La pobreza está en los sirvientes, la doncella que arregla mis cabellos o la que pule la plata; pero yo no la veo, es lo natural. La pobreza está en nuestros arrendatarios, con los que hacemos buenas acciones y ellos nos lo agradecen con respeto y reverencias. Forma parte del estado natural de las cosas que haya pobres y ricos. Aquí, donde yo estoy, el mundo es hermoso, y lo único que he de hacer es formar la delicadeza de mis sentimientos, extasiarme ante la belleza de la naturaleza, ante un soneto, una obra maravillosa. Ser una hija obediente, una joven sensata. Cantaré y ejercitaré mis dedos en el piano del salón. Quizás acuda a clases de dibujo. Este mundo es verde y esplendoroso. La lluvia limpia la suciedad, nos entrega el brillo de la hierba y los estanques reflejan temblorosos rayos de sol. Hay flores en los parterres por los que paseo con un libro de poemas en las manos. A veces las recojo yo misma y formo armoniosos ramos con los que adorno los salones. Aquí nada malo puede pasarnos. Cuando me canso de bordar o leer salgo a pasear al campo para hacer ejercicio y cada domingo acudo a la pequeña rectoría donde escuchamos el sermón. Todo está bien. Y si un día gris la melancolía me invade, pediré una tazá de té con leche y la beberé a sorbitos pequeños mientras me doy un baño de agua caliente. Me acostaré entre suaves susurros de sábanas y en una mullida cama me encontrará la mañana, sonriente y feliz de nuevo como un pajarillo. Ya habrá pasado la nube. Un día, un hombre pedirá mi mano a padre y nunca habré de preocuparme por el dinero. Le respetaré y me respetará. Forma parte del estado natural de las cosas, ya lo dije antes. Aquí nunca hay números rojos en la cuenta y las lágrimas en las mejillas no duran más que el rocío al salir el sol.