Medida del desorden de un sistema. Medida de la incertidumbre existente ante un conjunto de mensajes, de los cuales se va a recibir uno solo.
lunes, abril 26, 2010
Endormie
lunes, abril 12, 2010
Todas las muertes son tristes
El laberinto
sábado, marzo 27, 2010
Diagnóstico: Distimia.
Remito para apoyo psicológico a paciente con antecedentes desde hace años, en tratamiento psicológico también desde hace tiempo. Actualmente la paciente no puede por motivos económicos acudir a su terapeuta habitual. La paciente somatiza la ansiedad con un cuadro de dolor precordial que ha sido estudiado y descartada patología cardiaca. Actualmente en tratamiento con Trankimazin encuentra mejoría. Inicio tratamiento con Dobupal Retard de 75 mg.
Gracias. Un saludo.
Finalizando la consulta la paciente me comenta que en tres ocasiones se ha producido "abuso" de Benzodiazepinas que han requerido ingreso. La paciente insiste que no tenía ideas autolíticas.
lunes, marzo 15, 2010
Las andanzas de George y Mildred I
Chico encuentra chicaLambert Kriedemann
Estas son las andanzas de George y Mildred. Claro que es un cuento que nunca he contado y puede que al traducir aquellos hechos a palabras, el relato resultante no sea del agrado de ninguno de los dos. Pero probablemente la historia de George no sea la misma que la de Mildred, ya saben que las cosas no son ni de una manera ni de otra sino como nos las contamos, pero lo bueno del caso es que eso ellos lo saben y aún a sabiendas de que parten de sus respectivas individualidades, son capaces de atravesar alambradas de susceptibilidades, barrios de peleas y solares de pensamientos yermos, para alcanzar un territorio común, su ciudad secreta, el lugar donde pueden darse las historias de George y Mildred.
Podría empezar por el principio de las cosas, su primer encuentro en una cena de cumpleaños. Pero en aquel restaurante del casco viejo, ella no llegó a verle y él, atento a cada movimiento de los engranajes del mundo a su alrededor, apenas le había lanzado una de sus miradas brillantes. O quizás podría empezar unas horas más tarde, cuando él se metió bajo su vestido, pero como había llegado su cabeza ahí, ella no lo recuerda bien y ni siquiera entonces él era George ni ella Mildred. Eran dos desconocidos estudiando un adversario, mirándose con sorpresa, reconociendo un igual, y entonces, sin saber muy bien cómo ni por qué, se dieron sus primeros nombres. Y aunque ese pudiera ser un buen comienzo de cuento, el del Pequeño Yonki y su Aprendiz, me gusta más la parte en que ellos dos ya son ellos mismos el uno para el otro, es decir George y Mildred, y como he de ser yo la que desenrede la madeja de esta historia, empezaré a estirar el hilo de una noche en la ciudad, que es un buen principio, tan válido como cualquier otro.
Una noche en la ciudad. La discoteca está atestada y el calor es insoportable. Al entrar en el baño las sandalias de ella chapotean en orines recalentados. Es el baño de los hombres, pero Mildred ha seguido a sus amigos a través del mar de sudor y cuerpos apelmazados para meterse en uno de los retretes y hacerse un par de rayas. Le apetecía la droga pero aunque no hubiera sido así, les hubiera seguido de todos modos hasta aquel baño maloliente. No se quería quedar sola bajo ningún concepto, con gente que trataría de hablarle por amabilidad y la violentarían aún más al enfrentarla a la frustración de no verse capaz de darles la réplica aguda y desinhibida que la ocasión requería. No, sola en medio de esa masa opresiva con aquellos desconocidos ni de coña, así que les había seguido a aquel baño viscoso sin dudarlo, sobre todo a George. Sólo se sentía segura a su lado y de algún modo vago se había hecho el propósito de convertirse en su sombra y andaba tras él toda la noche como un perrillo abandonado.
Pero ya he vuelto a perder el hilo, ¿dónde estaba?, ah sí, en aquel baño. Hace demasiado calor y el alcohol oprime las sienes de Mildred. Se moja la cara y las muñecas al salir, pero sigue agobiada y perdida. La música no es música sino ruido que impide las conversaciones, no es que impida hablar, es que no le permite pensar y Mildred no sabe qué hacer. No se encuentra capaz de bailar ese ritmo, ni se le ocurre nada interesante qué decir. Se siente fuera de lugar y sus pensamientos pivotan sobre sí mismos, rebotan una y otra vez en la misma pregunta: ¿Qué coño hago yo aquí? ¿Por qué no me voy a casa? Pero aunque no sabe o no quiere contestarse el por qué, quien sea capaz de decirse siempre la verdad que tire la primera piedra, no quiere marcharse del todo, así que, cuando no puede más, opta por una opción intermedia y corre a refugiarse en el exterior.
Fuera la noche está detenida y el mundo vuelve a la realidad de la duermevela. El mismo aire que limpia los pulmones de Mildred del humo enrarecido de la discoteca limpia su mirada de sombras. Con la mente más lúcida es capaz de bifurcar su pensamiento en la fauna noctámbula que vagabundea por allí y al mismo tiempo preguntarse muy en serio por qué se esfuerza en aguantar despierta en ese local atestado en lugar de marcharse a su casa. Y es justo entonces, cuando el motivo que la ha anclado hasta esa hora de la noche sale de la discoteca, camina hacia ella y se queda mirándola con una sonrisa en los ojos.
martes, marzo 09, 2010
ENTREVISTA A HELEN FISHER, antropólga y especialista en el amor romántico.
Sus hombres no tenían rostro Efectivamente, tiene todos los síntomas: a medida que el tiempo pasa, uno quiere más y más de la persona deseada. Además, es una adicción muy difícil de controlar. Creo que la mejor forma de hacerlo es afrontarlo como una sustancia adictiva. Cuando alguien ha sido rechazado, lo mejor es deshacerse de todo lo que le recuerde a esta persona, no llamarla ni contactarla nunca más, salir y hacer cosas que le distraigan. Eventualmente, la química cerebral del amor romántico irá amainando, tal y como sucede con el síndrome de cualquier adicción.
¿Amamos inconscientemente al otro por lo que tiene de nosotros mismos o por lo que nos diferencia?
Amamos por tantos cientos de razones diferentes... Pero la mayoría de las personas ansían una unión emocional con su amado; normalmente, esa separación emocional, física o espiritual con la persona que aman no es deseable.
¿Cómo se configura en una persona el mapa inconsciente del amor, ese patrón que marcará nuestras relaciones amorosas de por vida?
Cuando crecemos, inconscientemente empiezan a gustarnos y disgustarnos determinadas cosas, incorporamos valores específicos, ideas y principios. Configuramos nuestro gusto. De la misma manera, construimos inconscientemente un mapa del amor que funciona como un conjunto de rasgos que buscaremos en nuestra pareja.
¿Es posible amar a dos personas a la vez?
Creo que es muy posible sentir un profundo apego por una pareja con la que uno lleva mucho tiempo, y a la vez estar locamente apasionado por un amor romántico hacia otra persona distinta, y además sentirse atraído sexualmente por otros individuos. Estos tres sistemas cerebrales (lujuria, amor romántico y apego) no están bien conectados a nivel cerebral. Pero lo que sí creo que es imposible es sentirse locamente apasionado por un amor romántico hacia más de una persona al mismo tiempo. El amor romántico está asociado con la obsesión hacia una persona, y es imposible obsesionarse con dos personas a la vez.
¿Cuánto dura por término medio la pasión amorosa?
Puede durar la vida entera si existe una barrera real en su relación, tal como que uno de los dos esté casado con otra persona diferente, o que los dos vivan en continentes distintos, por ejemplo. Pero los estudios de amantes que comparten la vida diaria demuestra que el amor romántico no dura más que entre 18 meses y tres años.Sostiene que es posible mantener viva la llama del éxtasis romántico en pareja de larga duración.
lunes, febrero 22, 2010
Suicida compulsiva.
Soy la suicida compulsiva
que te llama deprimida:::::::
Y se pregunta si otra vez
la vendrás a rescatar, ha ha ha
Soy la suicida compulsiva
que se inventa cada día
un nuevo drama que contar
(para hacerse de notar), ha ha ha
Me gustan las cuchillas, los yogures caducados.
No temo a las alturas ni a los hombres perturbados:::
Y cuando me acompañas en mis noches de hospital
tras golpes y palizas, resucito una vez más.
Soy la suicida compulsiva
que te quiere y necesita,
siempre enferma, siempre mal,
(creo que voy a vomitar:::)
Soy la suicida compulsiva
que no encuentra otra salida
para sentirse especial
(y que me vengas a buscar).
Me gustan los relatos sobre cámaras de gas
en los campos de exterminio de la operación Reinhard.
Trago cientos de orfidales con copitas de coñac,
ya me han hecho diez lavados y no logro escarmentar.
Me gustan las cuchillas, los yogures caducados.
No temo a las alturas ni a los hombres perturbados:::
Y cuando me acompañas en mis noches de hospital,
tras golpes y palizas, resucito una vez más.Ana Elena Pena - Café de La Palma
martes, febrero 09, 2010
Tratemos de entender...
Muchas personas confunden estos trastornos y piensan que los individuos deberían sobreponerse a los síntomas usando tan sólo la fuerza de voluntad. El querer que los síntomas desaparezcan no da resultado, pero hay tratamientos que pueden ayudarlo.
El Trastorno de Ansiedad Generalizada son preocupación y tensión crónicas aún cuando nada parece provocarlas. Significa anticipar siempre un desastre, frecuentemente preocupándose excesivamente por la salud, el dinero, la familia o el trabajo. El simple hecho de pensar en pasar el día provoca ansiedad.
domingo, febrero 07, 2010
El deseo de la muerte.
Hoy he vuelto a sentir el deseo de muerte. He parado el coche al llegar a casa pero no he bajado. La llave en el contacto y la música más y más alta, sus palabras llenándome por completo, tomando posesión de mi sangre. Y ahí lo he sentido. Dejarme llevar, abandonarme a la oscuridad, irme sin decir adiós. Como quien se abandona al orgasmo y deja que su cuerpo y su mente sean tomados por fuerzas que van más allá de uno mismo. Y en ese momento no me sentía sola, era el reencuentro con mi propio yo, la pequeña que sólo quería que alguien la quisiera. Como si ella pudiera ser mi propia interlocutora, mi propia amiga, como si yo ahora pudiera abrazarla y decirle "no te preocupes, pequeña, yo te quiero, yo te voy a cuidar, no estás sola", como si pudierámos consolarnos la una a la otra. Y luego he llorado, como ahora lloro, y las lágrimas quemaban más que otras veces. He entrado en la casa, y he vuelto a poner la música a todo volumen. Ahora suena Ocho y medio. Estoy sola y pienso en ello, en irme. Me gustaría hacerlo escuchando a Nacho, sus canciones y las pastillas disolviendo el sueño en mi sangre, depositándolo detrás de los párpados, en los ventrículos del corazón. El sueño engarzándose en mis dedos, ralentizando los movimientos, girando en mis pulmones. Nadie lo entendería, no encontrarán razones y me acusarán de egoísmo. Supongo que con razón. Pero el momento es mío, no me lo pueden quitar, esto es mío, esta sensación de paz, la pequeña por fin sintiéndose segura y querida en mis propios brazos. El calor de su cuerpecito calma el dolor de mi pecho y pienso en flotar, en dejarme llevar a la biblioteca mágica, aquel lugar en el que todo es posible. Y no estaremos ni muertas ni vivas, estaremos juntas rodeadas de libros. Y quizás haya una puertecita de madera escondida en el rincón más oscuro y jugaremos a aventurarnos a otros mundos, como Alicia al otro lado del espejo, como los niños que llegan a Narnia a través del armario. Y cuando aquí haya quien tome calmantes para asistir a un funeral mediocre, mi pequeña y yo estaremos juntas en un lugar donde la luz es dorada y ya no tenemos miedo, frío ni soledad.
lunes, enero 18, 2010
La chica enferma o la táctica del avestruz.

sábado, enero 16, 2010
Viceversa.
Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte.
Tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte.
Tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte.
o sea,
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.
Mario Benedetti
miércoles, enero 06, 2010
Pienso en ti como lluvia.
Dérrière Love1994 Jeanloup Sieff
Pienso en ti como
lluvia y en mí como tierra seca desgarrada
bajo un cielo sin nubes.
Kalamu Ya Salaam, Haiku 107
domingo, diciembre 27, 2009
Enseñadle las uñas del deseo.

Oh amadas, adoradas ninfas de la Creación
que queréis el amor de un hombre y su cariño
y que deseáis que esa entrega sea para siempre,
sabed que hay numerosas técnicas,
para que sus ansias terminales
sufran una larga y placentera espera
Enseñadle las uñas del deseo
y hacedle saber que debe entregarse a vosotras
con empeño y dedicación y sin pensar en otra cosa
pues merecéis, como reinas de la Creación
que cada rincón de vuestro cuerpo
sea besado, acariciado y mimado
como si fuera en ello el destino
de vuestro amado
El libro del amor compartido
(adaptación de El jardín perfumado)
La habitación del hotel. Y III
- Porque me dueles, me dueles, me dueles, me llenas de oscuridad, de soledad, de fracaso; porque te echo de menos, porque lo ocupabas todo y ahora no estás; porque quiero vivir y ser feliz, porque me lo merezco; porque no eres nada ya, porque quererte es querer un sueño, una fantasía que no es real; porque mientras tú estás no dejas sitio a nadie más, porque eres lastre y cuando te suelte volaré aún más alto; porque fuiste cobarde y me hiciste daño, porque aun sin saberlo me sigues haciendo daño, porque me aferro a tu recuerdo como una religión, porque te convertiste en mi única luz y ahora tengo miedo de la oscuridad; porque sin tí en el recuerdo seré más fuerte y estaré más viva, porque no eres el mejor ni un dios aunque como tal te adoré; porque puedo volver a amar fuera de ti y otros podrán quererme mejor de lo que tú lo hiciste nunca; porque eres pasado y un peso en mi vida, porque ya no tengo tiempo para tí, porque quiero volar y tú no supiste, porque no eres el principio y el fin de todas las cosas, porque sólo eres un hombre más; y uno cobarde por añadidura.
La cabeza permanecía inmóvil y ella la miró agotada, con la razón tintineando al borde de la quiebra. Encendió un cigarrillo y fumó en silencio con la mirada clavada en los ojos muertos. Cuando apagó la colilla, se levantó despacio como quien despierta de un largo sueño y aun no sabe bien donde está.
- No puedo más. Dijiste que pensarías en serio acerca del divorcio, dijiste que no podías tomar una decisión si yo no estaba a tu lado. No me me has dado opción. Esto se acaba hoy y para siempre. Aquí te quedas.
Y se marchó mucho más ligera de lo que había llegado. La cabeza se quedó sobre la cama.
jueves, octubre 29, 2009
Donde la boca me sabe a humo y ron.
Tengo miedo de estar desenamorándome. Tengo miedo de perder esa intensidad. De haberme equivocado y que amar siempre haya sido otra cosa. De pronto quiero huir, coger el coche y marcharme lejos de aquí. Quiero irme y también quiero quedarme. Quiero desaparecer en las calles de París, de Madrid o en la campiña inglesa. Quiero que alguien me mire como a la Maga, quiero mirar como ella. Quiero empujar una piedrita con mi zapato y con ella llegar al Cielo o al kibbutz del deseo. Curiosear en un zoco marroquí. Subirme a un autobús en Cornualles para asomarme al final de la tierra, quiero volverle a encontrar y que nunca aparezca. Quiero hacerme pequeña, aovillarme sobre mí misma y que alguien me acaricie el pelo y me diga que todo está bien, que me quiere, que me quiere y que en algún lugar las piezas encajan. Dímelo, dí que me quieres, Dime, que el hecho de que yo, con mi torpeza y estupidez, esté viva, es lo más importante. Dímelo. Dime que te vas a quedar conmigo para siempre, dime que ya no habrán más agujeros negros desde los que no se vé la luz. Dímelo y fóllame.
Ven, abre mis piernas, acaricia los muslos desnudos. En la pantalla dos mujeres se besan en la boca, y entre el humo del cigarro y el sabor del ron, bebo mi propia saliva. Saliva lasciva. Lasciva. Saliva. Las-ci-va. Como la Lo-li-ta de Humbert Humbert. Como las putas viciosas de la pantalla. (Y no puedo evitar sonreir como ellas). Tengo hambre de besos, hambre de sexo, pero no voy a moverme, voy a quedarme quieta un poco más. Quiero que sigas ahí, donde el placer produce ondas mojadas. Cierro los ojos y me dejo acunar por la sensación. Pero el ansia me arrebata el egoísmo hedonista y no puedo esperar a que entres en mí. No quiero esperar. Te golpearía. Ven, entra, fóllame, ¿a qué esperas?
Eres un cabrón, eso me gusta.
El sol tras los párpados cerrados. Deseo de otros cuerpos, carícias de diferente tacto, mirar otro rostro. El otro. La otra. ¿También lo piensa él? La idea me asquea. No quiero saberlo. Quiero ser la amante, no la mujer. La otra, no la cornuda. La rutina. Las sociedades familiares casi por contrato. El tiempo que pasa y nada es como el primer día cuando bajaste el espejo de la pared y yo sólo llevaba puestos unos vaqueros. Madrugar, obligaciones... no encuentro el lugar donde escondí mi magia.
Acariciar la fuerza adivinada tras otra piel, sentir la polla en los límites del yo, arrasada por fuerzas más allá de mis desvaríos dementes, más allá de la eterna duda y la fealdad cotidiana. Una mano grande estira mi pelo o me agarra del cuello. Me sujeta con fuerza mientras el ansia y el deseo me empujan lejos, lejos, al país del sexo, donde yo ya no soy yo ni nadie, sólo el placer animal y morboso del momento. Ven, ponme otra raya de coca, píntala para mí. Espera, quiero más ron. Y me lamo los labios y te lamo la polla y en ese momento todo da igual. Las chicas de la pantalla juegan con sus coñitos y yo lo veo todo en rojo y negro. Los labios rojos. Dos pedazos de tela rojo que enmarcan más que cubrirme los pechos. Siempre me ha gustado el rojo. Me escupes en la boca y yo me río antes de que me beses con rabia. Y te busco con la lengua, con las manos y con el alma. Te pongo las tetas en la boca. Más, más, dame más.
Ven, muérdeme los pezones, ven, haz que enloquezca, llévame al país del sexo, llévame a ese lugar donde todo es rojo y negro. Donde la boca me sabe a humo y ron. Llévame ahora. No se me ocurre otro sitio más real.
domingo, septiembre 20, 2009
El castillo.
Pensar y ser. Un castillo-laberinto lleno de escaleras que suben y bajan hacia ninguna parte, pasillos clausurados y puertas que dan a una habitación con más puertas que se abren hacia nuevas estancias. Pensar y ser, perdida en el castillo mágico de sus pensamientos, sin buscar de veras una salida hacia el ser. Porque el ser era el actuar, y la acción, por el mero hecho de ser ejecutada, se convertia en un vacío que exigía ser llenado. Actuar era necesitar hacerlo; la inacción, la ausencia de necesidades. El pensar era dilatar el tiempo, no ponerlo en marcha, creer que ese tic-tac no era más que el quejido de los engranajes oxidados de su mente y no el tiempo que no atendía a esperas.
Y aparece de pronto la idea del testigo, aquel que es testimonio de nuestra vida. Testigo frente a interlocutor, ¿dos funciones para un mismo personaje? ¿una amante para dos actores?
Pero volvamos a nuestra historia. Habíamos dejada a nuestra heroína atrapada en un laberinto de anhelos y palabras. Ella era más que la suma de sus partes, más que su carencia y su necesidad, más que el ansia y el miedo. Por eso, subió a la torre más alta y se asomó a los grandes ventanales. Y por eso, a pesar del rugido del viento, su gritó sacudió los muros y se oyó más allá de las montañas y las volutas de humo.
Entrecerró los ojos y dejó el porro en el cenicero. A su alrededor la conversación continuaba como si ella no hubiera sido absorbida por un castillo de mil habitaciones. Su amigo la miró a los ojos como preguntándole si se encontraba bien. Más que bien, pensó para sí, mientras tranquilizaba a su amigo con una amplia sonrisa. Se acabó el perderse por rutas de fango. No más pretextos. El pensar tendría que conducirla hacia el ser. Y la única revolución posible era la de la fantasía.
domingo, septiembre 13, 2009
Reflejo vergonzoso. Sociedad enferma IV
A la mayoría de sus vecinos no le gusta hablar de política, el voto es secreto le dicen, pero como es para un trabajo y la muchacha es tan seria y tan lista y la conocen de toda la vida, pues bueno, se confían a ella. Los del bajo tienen ya unos años y la mujer retuerce un pañuelo angustiada mientras con los ojos bajos, asiente a los comentarios atemorizados de su marido, que, entre susurros y miradas de reojo, confiesa que van a votar al partido del gobierno porque los otros quieren quitarle la pensión. La muchacha no cree que eso sea cierto, pero calla y baja los ojos para anotar la respuesta: voto por miedo.
Cuando sube a entrevistar a los del ático le recibe un torrente de maldiciones. El matrimonio propietario hizo mucho dinero vendiendo los campos del abuelo para construir una urbanización, y de cada dos frases una es: "No vamos a pagar un duro más de impuestos, ¿qué coño se creen esos rojos?" También aquí la mujer calla y es el marido quien le informa de las absurdas intenciones de esos de la oposición, que sólo quieren sangrar a los autónomos y a las pequeñas empresas hasta que tengan que cerrar y se vayan todos al paro. Eso y no otra cosa. La joven se pregunta en qué beneficiaría a ningún gobierno destrozar su propia economía y recuerda haber leído en el programa electoral un paquete de medidas para apoyar a las PYMES, pero su vecino del ático apenas presta atención a la educada incredulidad de la joven, y mientras insulta a unos y otros la vena de su cuello se hincha y late con el tic-tac de una bomba de relojería. Así que ella no insiste y anota en su libreta: voto por desinformación.
En función de su elección, cada uno de sus vecinos responde con rumores o amenazas: el miedo a pagar más o el miedo a recibir menos. Repiten los eslóganes que los líderes proclaman justo cuando el telediario conecta con ellos en directo o sencillamente muestran su simpatía o aversión por la figura, el rostro o la voz de un candidato. La viuda que vive en el tercero se sonroja al confesar que votará a la oposición porque su líder tiene unos ojos preciosos que le recuerdan a su difunto Aurelio. Voto no fundamentado, escribe la chica y reprime un suspiro ante la ruborosa viuda. Muchos de sus vecinos ni se plantean la elección, parece que decidieron un bando muchos años atrás y se enorgullecen de su fidelidad, por lo que en la libreta anota: voto cautivo, mientras su desconcierto va en aumento.
Mujer enfrente de un espejo
Christoffer Wilhelm Eckersberg 1841
La muchacha no puede menos que pensar que, puesto que la mayoría de los votos carece de un razonamiento lógico detrás, no ganará la mejor opción sino la mejor estrategia de márqueting. La democracia se basa en la capacidad de discernimiento de los ciudadanos, así que si ellos no son capaces de elegir lo mejor para todos, no existe democracia como tal. La mejor campaña comprará la entrada en la Moncloa. La joven siente crecer la rabia en su interior, ¿pero qué clase de circo es este? ¿Se merecen sus vecinos lo que tienen? ¿Tienen lo que se merecen? No son malos, es cierto, pero han entregado las llaves de su alma por desidia. ¿Acaso no son responsables? El pan y el circo borra los matices, se burla de la reflexión crítica y aplasta cualquier atisbo de discordancia. Es el triunfo del pensamiento único, ¿quién quiere pensar si otro puede hacerlo por mí y además me vende su conclusión como si siempre hubiera sido mía? ¿Es eso lo que quieren: ser utilizados, engañados y burlados?
El mal es vulgar y siempre humano. ¿Quién se atreve a contemplar su reflejo en el espejo? Sociedad enferma III
Girl at Mirror, 1954Norman Rockwell
El mal es vulgar y siempre humano,
y duerme en nuestra cama y
come en nuestra mesa.Wystan Hugh Auden
“El hombre, por estar condenado a ser libre,lleva todo el peso del mundo sobre sus espaldas (...).En ese sentido, la responsabilidad del para – sí (o sea del
hombre) es abrumadora, porque es aquelpor quien se hace que haya un mundo."Jean Paul SartreEl ser y la nada
La chica que se creía demasiado lista. Sociedad enferma II
Viajemos ahora al pasado para contemplar a la protagonista de nuestra historia. Se considera inteligente. Mira a su alrededor y ve un mundo con problemas. Identifica parte de las causas: cree que la ignorancia convierte a la gente en masa esclava, cree que el egoísmo se ha convertido en la lógica habitual. Masa ignorante que se afana en sus propias pequeñas vidas y nunca levanta la cabeza para mirar el dibujo global. Ya hemos dicho que la muchacha es joven, y por tanto es orgullosa. Ella se ve a sí misma como una de las pocas personas que levanta la mirada y mira más allá. Cree ser capaz de eliminar los detalles y artificios y entender la esencia. Y la esencia es que algo debe hacerse. Ella es inteligente, ya lo hemos dicho, así que se siente en la obligación moral de intervenir. Ella ve y quien ha visto ya no debe cerrar los ojos, piensa. Podría ser un héroe, podría luchar… Pero el tiempo pasa y ella no hace nada. Da dinero a varias ONG’s, pero se lo puede permitir, tampoco es nada del otro mundo. Cree que debería actuar y sin embargo continúa con su vida sin hacer nada, todo dentro de su cabeza como un bello ejercicio dialéctico. Observa entonces a las personas que le rodean, algunas muy válidas, pero aunque parecen coincidir en el análisis no muestran intenciones de traducir ese diagnóstico en acción. Y ella sigue sin hacer nada, pero se siente mal, se siente culpable. La culpa es oscura y pegajosa. Podría hacer y no hace, por eso su vergüenza es mayor que la de los que le rodean, porque ella ha visto, sabe, y sin embargo no hace nada. No puedes culpar a quien no se da cuenta, a quien no entiende. Pobres ratones de vida pequeña y rutinaria que no ven más allá de sus bigotes. Amas de casa frustradas, oficinistas rutinarios, mecánicos, doctores, profesores… cada uno a lo suyo sin levantar la nariz del suelo. Ella les mira, cree que están ciegos mientras ella ve, pero sigue sin decidirse a hacer nada y ni siquiera entiende por qué. Sólo hay una explicación: es una egoísta, no quiere esa guerra, sabe que hay que lucharla, siente que es su responsabilidad hacerlo, pero no lo hace. Maldita egoísta y cobarde, se dice, avergüénzate de ti misma, ten al menos la decencia de sentirte mal, no te atrevas a permanecer indiferente ante tu deserción. Y se avergüenza, y le duele.“Les despreciaba porque pudiendo
hacer tanto se atrevieron a tan poco.”Albert Camus“La peste”
¿Queréis saber un secreto acerca de esta muchacha? ¿Un secreto humano y sórdido como todo lo humano? En el fondo se enorgullece de su sufrimiento, siente cierta superioridad moral. Incluso el razonamiento que le exige hacer algo por cambiar el mundo le parece impecable. Una bonita prisión en la que cada análisis, evaluación y conclusión se han transformado en ladrillos, muros y puertas de hielo frío e inhumano. Un razonamiento impecable y perfecto en el que no encuentra fisuras. Y aunque quisiera encontrarlas para no enfrentarse con la horrible verdad de su culpa, en cierto modo también le satisface no hallar ningún error.
Era joven, orgullosa y bien intencionada. No era mala, pero tampoco una santa. Tenía algo en común con la Reina de las Nieves: se exigía mucho, exigía lo mejor de ella misma y no aceptaba la debilidad como una opción. No había excusas. Quería ser fuerte y sin embargo era débil, ¿por qué no podía domeñar su debilidad?
Mujer ante un espejo. El escandaloso silencio de las personas buenas. Sociedad enferma I
¿Quién soy? ¿Conozco el rostro que me mira desde el espejo? Iniciemos un nuevo juego. Una afirmación llevará a una conclusión y ello conllevará una toma de decisión. No se puede mirar hacia otro lado, has de decidir si lo tomas o lo dejas y contemplar tu rostro después. Puede que no te guste lo que ves. Pero esa ha sido tu elección."Cuando reflexionemos sobre nuestro siglo XX, no nos parecerán lo más grave las fechorías de los malvados, sino el escandaloso silencio de las buenas personas".
Martín Lutero King
(Citado por José Luis Sampedro en Los Mongoles en Bagdad)
Comencemos por el principio. Si esto fuera un comic diría que todo poder conlleva una gran responsabilidad. Si fuera católica hablaría de la parábola de los talentos. Como sólo soy yo, os diré que creo firmemente en la responsabilidad individual. Si tienes un talento no puedes limitarte a esconderlo, has de hacerlo crecer. Si tienes un superpoder ya no puedes ser sólo un simple oficinista o estudiante, te conviertes en un superhéroe. Es tu obligación.
Partamos de la base: mira a tu alrededor y analiza lo que ves. Te diré qué es lo que encontré yo cuando un día levanté la mirada. Vi una sociedad enferma. Una sociedad en la que conceptos como moral y ética parecían pertenecer a un pasado cargado de polvo. Una sociedad que cifraba el éxito en lo económico, el poder y también la fama. Una sociedad egoísta e ignorante. Una sociedad que cerraba los ojos y miraba hacia otro lado mientras el mundo se desgarraba por la injusticia y la vulgaridad. Una sociedad en la que nadie quería tener demasiado cerca el dolor del otro. Sí, yo he mirado hacia otro lado. Y tú también lo has hecho. Las personas de bien sentimos una cierta conmiseración, lamentamos sinceramente el sufrimiento ajeno y de inmediato huimos a nuestras rutinas para proteger nuestras frágiles conciencias, cargados de argumentos que justifican nuestra deserción. Pobre, decimos, no hay derecho. Y eso es todo lo que hacemos, todo lo que podemos hacer, al fin y al cabo, ¿qué vamos a hacer nosotros?
Imagino que ya veis por donde voy. ¿Acaso ha cambiado algo? Nuestro mundo está enfermo. Diréis que también hay belleza y bondad a nuestro alrededor, y estaréis en lo cierto. Diréis que cada día vemos ejemplos de generosidad, de sacrificio, de justicia. Y también será cierto. El ser humano es capaz de lo más hermoso y lo más abyecto, de maravillarnos y horrorizarnos a partes iguales. Pero tenemos un poder en el que cifro mi esperanza y baso mi fe: el de la elección. Aún no estamos condenados, podemos elegir. Y antes de que un Yahvé furioso haga llover azufre y fuego, tendremos que elegir entre la sociedad del becerro de oro o la de la biblioteca de Alejandría.



.jpg)
.jpg)
