viernes, noviembre 14, 2008

La tapadera que cubre la vida.

"Se refería al episodio de Flitcraft en el capítulo séptimo de El Halcón maltés, la curiosa parábola que Sam Spade cuenta a Brigid O'Shaughnessy sobre un hombre que abandona la vida que lleva y desaparece de pronto. Flitcraft es un individuo absolutamente convencional: marido, padre, próspero hombre de negocios, una persona que no puede quejarse de nada. Un día sale a comer y cuando va andando por la calle una viga se desploma desde el décimo piso de un edificio en construcción y casi aterriza en su cabeza. Unos centímetros más y Flitcraft habría muerto aplastado, pero la viga le pasa rozando, y salvo por una esquirla que salta de la acera y le da en la cara, resulta ileso. De todos modos, el hecho de haber estado a un paso de la muerte lo perturba, y no puede sacarse el incidente de la cabeza. Según dice Hammett: 'se sintio como si le hubieses quitado la tapadera que cubre la vida, permitiéndole ver su mecanismo.' Flitcraft cae en la cuenta de que el mundo no es un sitio tan racional y ordenado como él creía, de que ha estado equivocado desde el principio y jamás ha entendido ni palabra de lo que ocurría en él. Es el azar quien gobierna el mundo. Lo aleatorio nos acecha todos los días de nuestra vida; una vida de la que se nos puede privar en cualquier momento, sin razón aparente. Cuando termina de comer, Flitcraft concluye que no tiene más remedio que someterse a esa fuerza aniquiladora, que debe destruir su vida mediante algún gesto sin sentido, totalmente arbitrario, de negación de sí mismo. Pagará con la misma moneda, por decirlo así, y sin molestarse en volver a casa o despedirse de su familia, sin tomarse siquiera el trabajo de sacar dinero del banco, se levanta de la mesa, se dirige a otra ciudad y empieza una nueva vida."


La noche del oráculo

Paul Auster


martes, septiembre 16, 2008

Una habitación propia.



Regina Cordium

Dante Gabriel Rossetti 1886

Virgina Woolf hablaba de la necesidad de tener una habitación propia.

Una habitación propia.

Una guarida, un refugio. Un espacio con el que pueda armonizar nuestro espíritu.Un espacio donde quitarnos los problemas del día, igual que nos quitamos los zapatos de tacón de nuestros pies cansados al acabar la jornada. Pero por supuesto, es mucho más que un espacio. Una habitación propia significa independencia.

¿Tenía Jane Austen una habitación propia? Sus biografías nos cuentan que escribía en su salita de recibir y ocultaba los papeles en cuanto llegaba una visita. Quizás se encontrara en plena descripción, quizás en aquel momento dibujaba con palabras el sonrojo en el rostro de Elizabeth Bennet o el fango de sus faldas cuando llegaba la Señora de tal o de cual y ella se veía obligada a hablar del tiempo o la próxima merienda de la parroquia. Y sin embargo, ella era independiente. No, una habitación propia no es sólo una habitación.

Escribir es crear en nuestro interior un palacio. Dibujar universos enteros en la palma de nuestra mano. La mujer que posea universos y palacios será fuerte y sabia. Por tanto, si quieres sentirte sabia, rica y hermosa, escribe. Escribe. Porque en tus palabras se encuentra la magia más poderosa, la de la creación. Ya no serás un simple satélite orbitando alrededor de un “él”. Ya no serás un corazón angustiado, un ansia palpitante. Tendrás un “yo”, serás alguien, con planetas y estrellas orbitando en tu interior, con brillo en los ojos y personajes entretejidos en tu pelo. Serás un universo en ti misma.

Virginia Woolf estaba loca. Estaba loca y era inteligente. Resulta curiosa la coincidencia aunque es probable que nada tenga que ver una condición con la otra. Inteligencia y locura. ¿Acaso se puede vivir de otro modo en este mundo? Virginia Woolf en su locura e inteligencia se preguntaba ¿qué es lo que necesitan las mujeres para escribir? Y su respuesta fue esa habitación simbólica y real que supone la plasmación física de la independencia económica y personal.

Para una mujer los espacios son muy importantes. Al menos para mí lo son. Los espacios físicos, la armonía del lugar que nos acoge. Orden y una cierta limpieza a nuestro alrededor, una taza de té calentito en la mano, el gatito que se frota contra nuestras piernas… Desde la seguridad física nuestro espíritu se crece y se eleva para construir nuevos espacios imaginarios que se cosen con palabras. Frases y palabras que enhebran nuevas frases y palabras que son alimento para el alma.

Hola a todos.

Estoy de vuelta.

jueves, enero 10, 2008

Leaving Entropia.



walk with me
and see the world I see
it is our home
it's where we all belong

life is flair
a brittle dress we wear
a fleeting sigh
but though pointless it may seem...
live as death were but a dream

you don't have to walk their way
you don't have to watch the show
you don't have to play their game
and you don't have to die to leave entropia

all remains...
forgotten smiles in frames
two fleeting lives cut down to pocket-size

walk with me
and change the world we see
we'll cease to be
just people passing by
home is where we all get by

you don't have to cry for more
you don't have to have it all
you don't have to win a war
if death is but a dream
then don't let me...

...fall asleep


Pain of Salvation
Música y letras: Daniel Gildenlow

martes, diciembre 25, 2007

Adiós.

Se acabó este blog y se acabó Enttropia. Una noche se acostó y ya no volvió a despertarse.
Muchas gracias a todos los que nos habéis acompañado en un momento u otro del camino. ¿Quién sabe si volveremos a encontrarnos?

Hasta siempre y feliz Navidad.

miércoles, diciembre 19, 2007

Pequeñas Ofelias.


La pequeña Ofelia
Adolph-William Bouquereau


Llueve cuando coge el coche para volver a la casa. Está muy oscuro y la carretera mojada refleja las luces de los coches que vienen en sentido contrario. Le duele la cabeza, eso es por haber llorado. Las discusiones con él y los sofocos siempre le dan dolor de cabeza. Tiene ganas de dar un volantazo y estrellarse, pero no lo hace. Se mató porque las ruedas resbalaron en el asfalto mojado. Se había despistado al rebuscar una aspirina en el bolso.

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Hay una mujer en la playa. Un hombre la está mirando desde el paseo. Cree que es aquella muchacha, pero no está seguro, hay demasiada distancia. La mira mientras ella mira al mar. La mira durante mucho tiempo y luego se marcha. No llega a enterarse del escándalo. Han encontrado a una mujer muerta en la playa, se sentó cara al mar y tomó una pastilla tras otra hasta caer dormida y no despertar. Mal de amores dijeron todos.

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Cuando el policía llegó a la estación de tren aún no habían retirado el cadáver. Cerca del cuerpo encontraron una mochila y en ella un carnet de facultad. La chica estudiaba primero de Filosofía. Se había arrojado a las vías y el tren no tuvo tiempo de frenar. En él venía su novio, quería pedirle disculpas y una segunda oportunidad. Cuando vió su cuerpo destrozado tuvo una crisis nerviosa. Se abrió las venas tres semanas después.

lunes, diciembre 17, 2007

La Emperatriz Infantil se muerde las muñecas.

La Nada devora Fantasía. Durante cuatro años llueve como en Macondo y convierte Fantasía en una gelatina sucia. Un día tras otro de lluvia gris y una sensación viscosa en el vientre. Los pensamientos encharcados, el corazón podrido. El cielo está blando y mojado. Los contornos se difuminan y la realidad se pierde en forma de espiral.

La Emperatriz Infantil se muerde las muñecas. Los pequeños dientes acuchillan la piel mientras sus pensamientos giran y giran sobre sí misma hasta perderse. Los dientes despedazan venas y arterias, manchan de rojo su piel blanca y ella se ha perdido en un universo encharcado, una espera insomne y triste.

lunes, diciembre 10, 2007

Te quiero niño herido.

Cupido durmiente (detalle)
Michelangelo Merisi da Caravaggio 1608


Hay un pozo. Está muy oscuro. Desde su fondo miro hacia arriba, un círculo de noche. Musgos incandescentes se aferran al barro. Tengo miedo.

Ahí fuera hay un niño pequeño. Le llamo, le suplico que se asome a mi pozo. Veo su carita preocupada allá arriba, allá, tan lejos. No puede ayudarme, no sabe qué hacer para sacarme de aquí. No debí llamarle, ahora tengo miedo de que se caiga a este pozo, él, que es el niño que yo más quiero.

Tiene Escarlata pesadillas. Pesadillas de niebla y oscuridad. Busca algo. Busca algo mientras sus faldas se enredan a los jirones de niebla y resbala en el barro, una y otra vez.

Le quiero. Ese niño ha logrado hacerme feliz. ¿De dónde salió ese pozo? ¿Cómo me he caído en él cuando tenía un faro que iluminaba mi camino? Ah, ya me acuerdo, ha sido por culpa de los doce segundos de oscuridad. He dejado al niño sangrando. Conozco el olor de su sangre.

Me pregunto si estoy enferma, si la oscuridad es un virus que circula por mi sangre. O sólo soy una niña caprichosa que merece bofetadas por el daño causado.

La niña maga me protege. Soy un animal y ella me ampara. Me abre su casa, su família y su corazón. Me quiere. ¿Es que nunca me bastará el amor? ¿Qué más pruebas se necesitan? ¿Pruebas de amor o de que estoy viva?

He clavado un puñal al niño. Miro como brota su sangre y le pregunto cuanto me quiere. Dice que no puedo pedir amor incondicional mientras trata de restañar su herida. Estoy enferma. La niña maga me saca de allí para que no pueda clavar más puñales. Quiere enfadarse conmigo pero no le sale del todo.

Hasta aquí me llega el olor de la sangre. Un hombre y una mujer se quieren. Un bebé duerme. Allá, en otro pozo, hay un niño malherido.

Me alzaré.

Y a pesar de todo,
aunque me paralice,
y me invada el dolor,
o mil veces resbale en los mismos lodos,
sé que al final me alzaré
y la ocasión será
para brindar con los buenos amigos.

La paz y la canción

Nacho Vegas.

domingo, noviembre 18, 2007

La teoría de los pilares.

La Rueda de la Fortuna
Edward Burne Jones 1891


Debí leerlo en algún sitio y sin darme cuenta hice mi propia adaptación. Es una de esas teorías absurdas que parecen sacadas de un libro de autoayuda; sin embargo esta se me quedó grabada por alguna razón. Se supone que la felicidad de una persona se sostiene sobre cinco pilares. Por supuesto no todo el mundo puede contar con los cinco, eso sería un edificio vital asentado de manera extraordinaria. La mayoría hemos de conformarnos con menos.

Los pilares son cinco: el amor romántico, pareja; amigos; família de sangre; vida profesional y económica; aquellas pequeñas cosas que nos hacen ser como somos y nos llenan de alegría. En mi caso una novela victoriana, una taza de té calentito en invierno, un refugio agradable, mi gatito cuando estaba...

Hay quien limita sus pilares y apoya todo el peso en unos pocos: la pareja y la vida profesional, por ejemplo. Deja la amistad en un segundo plano y medio entierra aquellas aficiones que le daban vidilla. Deja las clases de italiano y no vuelve a bucear o a salir a la montaña. Esto es muy peligroso porque uno se empobrece y además se sitúa en una posición de riesgo. Si pierde el trabajo o la pareja se rompe, la persona se hundirá como una piedra.

Ahora no sé cuantos pilares tengo. El pequeñajo está aquí conmigo, eso es cierto, y sin él no podría hacerlo, me hubiera hundido hace tiempo. De hecho, es probable que ni siquiera me hubiera atrevido a venir a Madrid. Pero no me basta. Aunque sé que están ahí, en Valencia, echo de menos a mis amigos, e incluso a mi família. Echo de menos a los niños. Echo de menos mi trabajo. Me siento sola aquí. Pero todo saldrá bien, lo sé, antes o después encontraré trabajo y con un pilar más todo resultará más sencilo. Mientras tanto, odio que me digan que aproveche el tiempo, que no me queje, que yo valgo mucho, que estoy aquí porque quiero. Añade una vaga sensación de culpa a la mezcla y eso lo detesto. Todo saldrá bien. Pero a veces parece que nunca vaya a levantar cabeza.

viernes, noviembre 16, 2007

¿Por qué he de acostarme debajo de tí?

Lady Lilith
Dante Gabriel Rossetti 1868
"Adán y Lilit nunca hallaron armonía juntos, pues cuando él deseaba tener relaciones sexuales con ella, Lilit se sentía ofendida por la postura acostada que él le exigía. «¿Por qué he de acostarme debajo de ti? —preguntaba—: yo también fui hecha con polvo, y por lo tanto soy tu igual»-"

Yalqut Reubeni (colección de comentarios cabalísticos acerca del Pentateuco, recopilada por R. Reuben ben Hoshke Cohen)
Vaga por las fronteras del exilio desde entonces, en los márgenes de los malditos. Fueron dos sus pecados, dos sus delitos imperdonables. Tan terribles que no sólo le valieron la expulsión del Paraíso, sino también la de la historia y el mundo de los justos. Ahora ya no es ni un nombre ni un recuerdo; sólo sombra en la noche y sueño lúbrico. Cabello rojo flotante; mirada húmeda.

Cuentan, es leyenda, que antes de que el dios hebreo creara a Eva, creó a Lilith. Ella no provenía de ninguna costilla, sino que fue creada a imagen y semejanza de su hacedor, al igual que lo fue Adán. Cuenta la leyenda, dicen, que Lilith se enfrentó al varón: él la quería sojuzgada y ella se negó. Por ello se marchó, y por ello, ese dios masculino de barba blanca hubo de darle una nueva compañera a Adán.

Pero antes de marcharse, ella pronunció el nombre del dios que la había creado. Creyó tener derecho no sólo a su cuerpo sino también a la palabra. Ese dios de los hombres no se lo perdonaría nunca.

Lilith
John Collier 1892


Dios quiso borrar a Lilith. Como los faraones que castigaban borrando el nombre de los malditos de la piedra, el castigo divino fue la casi completa desaparición de Lilith de la historia. Dios, o los hombres que actuaron en su nombre. Sólo se la menciona una vez en la Biblia, Isaías 34:14, aunque parece que la referencia no resulta demasiado clara y depende de la traducción.

La sombra de Lilith fue arrastrada por el barro, lo poco que quedó vivo de ella fue manchado. Hoy se relaciona a Lilith con toda suerte de horribles leyendas y se la retrata como un monstruo ávido de sangre o semen. Como un demonio que raptaba a los niños de sus cunas por la noche, como la madre de los súcubos, como la amante de Satanás.

Pero ya hay quien ha tratado de rescatar la figura y leyenda de Lilith. Los góticos la consideran la primera vampiresa y por su rebelión hacia Adán, algunas feministas la han señalado como un símbolo de la liberación sexual femenina y de la lucha contra el patriarcado.

Sea como fuere, me gusta la leyenda de esta mujer orgullosa y altiva convertida en demonio. Ya escribí sobre ella, siempre la he considerado mucho más interesante que la pacata y castigada Eva. La primera mujer de la historia, la primera "desaparecida" de la historia. Tomen todas las mujeres el nombre de Lilith. Reivindiquemos como ella nuestro derecho al cuerpo y la palabra.

sábado, noviembre 10, 2007

Camille.


Ella le vio nada más entrar en el taller. Todo su cuerpo emanaba fuerza, pasión. Era un maestro, un genio, el mejor de los artistas del momento. Ella era una semilla que vibraba con la energía que aún había de desarrollarse. ¿Qué vio él en ella? Ojos verdes sin duda, belleza dorada, juventud. No sería hasta más tarde cuando él descubrió que en ese cuerpo menudo y frágil se hayaba una artista arrasadora. Para entonces ya eran amantes, lo fueron desde el primer día.

Ella apenas tenía veinte años; él, décadas más. Él era el primer amor de una joven ardiente; ¿qué sería ella para él? Era un hombre casado, con una amante fija, promiscuo. La humillaba dentro y fuera de estudio. Le prometía que se iba a divorciar.

Nunca lo hizo.

Ella fue la mejor alumna que un maestro pueda desear. Aprendió rápido y bien. Quizás demasiado para el ego de un artista temeroso de encontrar en su propio taller quien le arrebatara la corona. Así que durante diez años él la ninguneó en el estudio y escondió su talento a los ojos del mundo. Presentaba como propias obras que habían surgido de las manos de su joven amante. Y ella, mientras tanto, loca de amor. Le suplicaba que dejara a las otras, a su mujer, a su amante, que se quedara sólo con ella, que fueran felices los dos sólos al fin. Pero él la humillaba públicamente. Se pavoneaba con otras mujeres ante ella.

Y entonces, ocurrió.
Quedó embarazada y el mundo se detuvo.


Él le prometió que las dejaría, que por fin serían una pareja feliz, que por fin ella sería la única mujer de su vida. Ella lloró de alegría antes del saber el precio que iba a tener que pagar si quería su sueño hecho realidad: el aborto. Y abortó. Por amor a él.

Pero era una nueva mentira.
La definitiva.

Él no dejó a las otras mujeres y fue Camille quien se marchó. Rota. Una mujer resquebrajada. Se encerró en su propio estudio. De sus manos nacían cabezas de niño, en sus manos de artista paría a su hijo muerto. Rompió una tras otra sus nuevas esculturas de niños. Los vecinos la oían aullar día y noche. Aullaba de dolor, pobre alma rota, mientras con sus manos trataba de dar vida a quien se la había quitado.

Un día echaron la puerta abajo y se la llevaron. Al manicomio. La encerraron durante treinta años. Nunca volvió a esculpir. Su amante la dejó pudrirse en vida.

Hijo de puta.

martes, noviembre 06, 2007

Aquí.

Windswept
John William Waterhouse 1902

Aquí la pobreza no nos roza el vestido. La pobreza está en los sirvientes, la doncella que arregla mis cabellos o la que pule la plata; pero yo no la veo, es lo natural. La pobreza está en nuestros arrendatarios, con los que hacemos buenas acciones y ellos nos lo agradecen con respeto y reverencias. Forma parte del estado natural de las cosas que haya pobres y ricos. Aquí, donde yo estoy, el mundo es hermoso, y lo único que he de hacer es formar la delicadeza de mis sentimientos, extasiarme ante la belleza de la naturaleza, ante un soneto, una obra maravillosa. Ser una hija obediente, una joven sensata. Cantaré y ejercitaré mis dedos en el piano del salón. Quizás acuda a clases de dibujo. Este mundo es verde y esplendoroso. La lluvia limpia la suciedad, nos entrega el brillo de la hierba y los estanques reflejan temblorosos rayos de sol. Hay flores en los parterres por los que paseo con un libro de poemas en las manos. A veces las recojo yo misma y formo armoniosos ramos con los que adorno los salones. Aquí nada malo puede pasarnos. Cuando me canso de bordar o leer salgo a pasear al campo para hacer ejercicio y cada domingo acudo a la pequeña rectoría donde escuchamos el sermón. Todo está bien. Y si un día gris la melancolía me invade, pediré una tazá de té con leche y la beberé a sorbitos pequeños mientras me doy un baño de agua caliente. Me acostaré entre suaves susurros de sábanas y en una mullida cama me encontrará la mañana, sonriente y feliz de nuevo como un pajarillo. Ya habrá pasado la nube. Un día, un hombre pedirá mi mano a padre y nunca habré de preocuparme por el dinero. Le respetaré y me respetará. Forma parte del estado natural de las cosas, ya lo dije antes. Aquí nunca hay números rojos en la cuenta y las lágrimas en las mejillas no duran más que el rocío al salir el sol.

lunes, noviembre 05, 2007

Mi madre me espera para comer. O cómo lo nuestro se impone a lo de los otros.

Vengo de clase de italiano y he aparcado bastante pronto para lo que puede ser esto. Un lunes por la mañana es bastante más fácil que un viernes por la noche. Aún así el movimiento de gente y vehículos me ha agobiado. Las calles del centro de Madrid no son muy anchas y las furgonetas y pequeños camiones no tienen reparos en parar en medio de la vía y hacer sus gestiones mientras al que le pilla detrás no puede más que resignarse o maldecir en voz alta. No estoy acostumbrada a este follón y percibo cierta agresividad en el ambiente que me impele a estar atenta; como si en cualquier momento pudiera pasar algo malo y yo hubiera de estar en guardia. Quizás este estrés añadido, este vago miedo físico, se origine en el recuerdo de la agresión de aquella adolescente en un tren de cercanías catalán. Venía en el coche dándole vueltas. Lo gratuito del caso, su animalidad absurda, junto a la pasividad del único testigo da para pensar.

Nastagio degli Onesti, tercer episodio
Sandro Botticelli 1487

No voy a entrar ahora en lo exagerado de la valoración que tanto medios de comunicación como población hicieron de las imágenes. Aquellos días hubo noticias mucho más importantes que no disfrutaron de la misma atención porque no contaban con imágenes tan suculentas. Pero el periodístico es otro debate, ahora andaba pensando en la indiferencia, la cobardía, el egoísmo y la consiguiente vulnerabilidad que generan. Dicen que nunca ha habido tanta gente colaborando en ONG's como hoy en día, sin embargo no creo que por ello seamos más solidarios. Hemos pasado de vivir en una sociedad comunitaria, grupal, a una individualizada. A pesar de existir más derechos y garantías que nunca somos más indiferentes a las necesidades del vecino. La competitividad, el estrés, el consumismo, el ego como dios máximo nos llevan a preocuparnos sólo de nuestros intereses y los de nuestro círculo más íntimo.

¿Hubiera yo intervenido de estar en aquel tren?
Quiero pensar que sí, ¿cómo saberlo ahora?

Aquel mismo día en Valencia, Daniel, un joven de 23 años, murió en el hospital. Llevaba una semana en coma porque un hombre le había pegado un puñetazo cuando acudió a defender a una mujer.

Supongo que exagero, estoy segura de que si algo me ocurriera en la calle alguien vendría a socorrerme, quizás no la primera persona, quizás no la segunda, pero alguien ayudaría. Como Daniel ayudó. Una vez en la carretera, un motorista cayó al suelo y fuimos varios los que paramos a ayudar. Recuerdo que con un pañuelo de papel le quité el barro de los ojos a aquel hombre mientras esperábamos una ambulancia. Aunque también recuerdo que mi compañero me dijo: vamónos ya, que mi madre me espera para comer.

lunes, octubre 29, 2007

Sin palabras.


La expedición la formaban 20 malienses, 28 guineanos y tres senegaleses junto a cuatro africanos de los que Fall, de 29 años, desconoce la nacionalidad. Partieron de Nuadibú (Mauritania), la ciudad en la que trabaja como pescador junto a su hermano. "El dueño de la piragua me eligió como patrón porque yo ya había hecho el viaje", cuenta Fall, que explica que en octubre de 2006 ya recorrió el trayecto hasta Gran Canaria desde Senegal, para pasar cinco semanas en un centro de inmigrantes y después ser devuelto. "A cambio de que condujera la piragua me pagó 200 euros y dos plazas para que las vendiera a quien quisiera", añade el marinero.

Bien entrada la madrugada del pasado 3 de octubre, pertrechados de varios sacos de arroz, unos 100 litros de agua y lo que creían que eran 200 litros de gasolina, el patrón y los 56 clandestinos se pusieron rumbo a Canarias. "El cuarto día de viaje se acabó el primer bidón de gasolina. Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que nos habían engañado", cuenta tumbado en su camilla del hospital. "La gente empezó a gritar, otros rezaban y unos cuantos lloraron como si fueran niños pequeños", recuerda el pescador. "Yo creía que alguien nos rescataría porque el GPS indicaba que, en ese momento, sólo estábamos a 157 kilómetros de Canarias", asegura.

Con el instinto de supervivencia a flor de piel, los náufragos recorrieron cientos de kilómetros en dirección sur a merced del mar. "La comida se estaba acabando, así que la gente comenzó a pelearse por ella", continúa el patrón del cayuco. La violencia, según el patrón, terminó imponiéndose y llegó al grado del homicidio. "Algunos aprovecharon que otros dormían para tirarlos directamente por la borda sin que los demás hicieran nada por salvarlos", cuenta el patrón.

"Cuando se acabó la comida la gente se volvió loca", prosigue el marinero con cierta distancia, como si no hubiera vivido esa situación. "Al menos 10, sobre todo malienses, se suicidaron tirándose ellos mismos al mar y los demás se fueron durmiendo poco a poco y ya no despertaron más", continúa. Con los ojos vidriosos pero sin detener su discurso, Fall relata cómo durante los 21 días que duró la pesadilla lanzó decenas de cuerpos al agua. "Cada vez que moría uno lo extendíamos sobre los bancos de la piragua y los que quedábamos rezábamos una pequeña plegaria antes de tirarlo por la borda".

Las fuerzas para deshacerse de los muertos se le acabaron cuando ya sólo quedaban otras siete personas: los siete cadáveres inflados y quemados por el sol que los tripulantes del Tiburón III encontraron junto al cayuco el pasado miércoles. "Yo ya no podía moverme. Estaba tan cansado que sólo rezaba para que Dios me enviara a alguien", prosigue el senegalés que se recuerda tumbado y con las piernas dobladas, la única posición en la que, asegura, se encuentra cómodo desde entonces. "Oí el ruido de un motor e intenté levantar la mano. Al poco tiempo el barco español se puso a mi lado".

El País, lunes 29 de octubre de 2007

viernes, octubre 26, 2007

De acuerdo con la Wikipedia yo soy la Mona Lisa.

La Mona Lisa
Leonardo da Vinci 1504


El título no es mío, es de un tal John-Paul Flintoff. Flintoff publicó un artículo con ese mismo encabezamiento en el Sunday Times: "La web iba a ser el gran educador, pero hoy es el culto a lo amateur devaluando el conocimiento". Alguien dijo una vez que si le das a un millón de monos un millón de máquinas de escribir, al final alguno de ellos escribirá una obra maestra. ¿Es eso Internet hoy en día? ¿Ruido y basura? Flintoff, de nuevo: "En vez de crear obras maestras, los millones de exuberantes monos están creando un bosque digital de mediocridad: comentarios políticos desinformados, pésimos vídeos caseros, música amateur, ilegibles novelas, poemas y ensayos".

Estoy estudiando para la segunda parte de las oposiciones (glups!) y mientras trato de encontrar información concreta me pierdo en un marasmo de links, páginas antediluvianas, plagiadas o simplemente infumables. Si a esto le añadimos los millones de blogs (parece que hay más de treinta millones contabilizados), Youtube, páginas personales y foros, buf! da vértigo.

Una selva de desinformación y mediocridad, es cierto, pero quizás a medida que la creamos también seamos capaces de aprender a desenvolvernos en este ambiente asfixiante. ¿Seremos capaces de ver el brillo de la perla en el fondo del mar? ¿Apreciar la diferencia entre el tecleo compulsivo de un millón de monos y la mano genial de Leonardo?

Y al mismo tempo, ¿no es esta idea una mera reflexión elitista? ¿Ha democratizado Internet el saber? ¿Se puede o no democratizar la información y la cultura? ¿Podemos ser todos alumnos y profesores? ¿Todos expertos que opinamos de todo? ¿Es la banalidad el precio a pagar?

No sé, a veces me pierdo...

martes, octubre 23, 2007

Moderno Prometeo.

Prometeo
Peter Paul Rubens 1612

Crear es indagar, darnos otro sentido. Escribimos para demostrar que estamos. Para entender, para comprender. La literatura es conocimiento y el escritor necesita de toda su capacidad de observación y ansia de conocimiento. Nos lo contaba Espido Freire en un taller de literatura creativa que hicimos este verano en Teruel. Me gusta escuchar a esta mujer. Es inteligente, rápida y divertida, muy alejada de esa imagen lánguida y un poco mística que desprenden sus fotografías. Ha leído mucho y variado, es capaz de relacionar la información y hablarnos tanto del recorrido vital de los héroes como de los símbolos sexuales de un vídeo musical. Me cae bien Espido. Insiste en que hay que escribir con la cabeza, que eso de escribir con las entrañas es un mito. Me dice que debo pensar qué es lo que quiero contar y cómo. Pero soy incapaz, por eso supongo que nunca seré una escritora. Lo poco que he escrito siempre ha sido por impulso. Una frase sucedía a la otra sin saber dónde iban a llevarme. Nunca he sabido qué es lo que quiero contar. Hay imagenes en mi cabeza claro, mis fantasmas particulares que tienen que ver con mujeres y sangre. Poco más. Dice Espido que la mera anécdota no es literatura, que sin un buen plano simbólico una historia no trasciende. Que no necesitamos ser originalísimos, que la literatura no es eso. Y tiene razón. A lo largo de los siglos nos hemos movido siempre en las mismas tramas y arquetipos. Los mismos personajes se repiten una y otra vez: La madre abnegada, el héroe salvador... La Ilíada y la Odisea, junto a la mitología griega, la Biblia y los cuentos de hadas componen la mayor parte de nuestro universo. Los héroes de las películas de acción que triunfan en todo el mundo son los héroes de siempre. ¿O Bruce Willis en La Jungla de Cristal no es Aquiles? Escribir es ir más allá del mero hecho de contar algo. El escritor es un moderno Prometeo sin castigo, el que roba el fuego de los dioses para entregarlo como un regalo a nosotros, torpes mortales.

miércoles, octubre 17, 2007

Suicidio.

"...mi pareja me ha traicionado un millón de veces y yo aquí sigo amando y sufriendo, lo único que quiero es morir por muchas razones..."
"...yo ya me he decidido por el cianuro, he pactado la fecha y me quedan 26 días..."

"Me seduce la idea del corte de venas, pero no es muy seguro..."
Ofelia
George Frederic Watts 1864

Nunca he estado en contra del suicidio. De hecho casi desde niña he jugado con la idea, no sé si más o menos que el resto de la gente. Si me asomaba desde una altura trataba de imaginar qué sentiría al caer. Y ya de adolescente una imagen se impuso al resto. Los brazos blancos con las palmas hacia el cielo. Yo sentada o tumbada, en la cama o la bañera. Las muñecas abiertas y la sangre. La sangre. Un reguero rojo, oscuro o claro en función de la velocidad a la que imaginaba deslizarse la sangre por la carne blanca. El empalidecimiento de mi rostro. Lívido. Blanco. Muerto. La muerte como un sopor, un zumbido, un dejarse ir pacífico.

Pero sólo era un juego estético, una imagen producto de una mente romántica y perdida en ensueños. Jamás pensé seriamente en cortar mi propia carne, rajar la piel, el músculo, las arterias. El hecho físico en sí me duele. La imagen no es real, es sólo eso, una imagen.

Sueño y su hermanastro Muerte
John William Waterhouse 1874


Aún así, al cabo de los años el desamor me llevó a momentos de oscuridad. La tristeza, la opresión, el absurdo de sentirse viva cuando el mero hecho de sentir dolía. Y quizás tomé más pastillas de las que debía. Quizás deseé tanto dormir y olvidar que no me importó acabar la caja, no me importó el hecho de despertar o no. Pero no quería morir. Eso siempre lo tuve claro. No seré yo quien baje el telón antes de tiempo, ¿y perderme el resto de la obra? No, lo que duela pasará. Antés o después caerá entre mis manos una espléndida novela victoriana y por unas horas seré feliz en otro siglo. O quizás se descubra alguna obra de Jane Austen desconocida. O aparezca un nuevo Harry Potter que me vuelva a hacer leer en inglés sólo por el mero placer de volver a Hogwarts. O disfrute más que nunca haciendo el amor. O tenga un hijo y el planeta que soy cambie de golpe todas sus constelaciones. Alguien nuevo. Alguien viejo. Amor y amistad. ¿Por qué bajar el telón definitivamente sin posibilidad de vuelta atrás?

Y el caso es que lo entiendo. A veces yo también he deseado ser Lestat y enterrarme en mi no muerte cuando la vida parece volverse insoportable. Dormir, soñar, estar muerto durante unos siglos. Las heridas se curan, el tiempo es otro y las energías renovadas nos dan las fuerzas para comernos el mundo. Pero no podemos elegir ser Lestat, para nosotros no hay vuelta atrás.

La muerte de Chatterton
Henry Wallis 1856


Hace tiempo, cuando me sentía oscura, escribí sobre el suicido. Ha pasado más de un año y sin embargo no dejo de recibir mensajes en aquellos post. Futuros suicidas, adolescentes que piensan en quitarse la vida porque su amor les ha traicionado... Nunca les contesto, no seré yo quien diga a todos esos desconocidos por qué deben esforzarse por superar y no dejarse morir con la isla. Para ello hay otros foros, no el Principio de Entropía. No sé como explicarles que los desengaños amorosos pasan, que las depresiones se curan con voluntad y tratamiento, que al final se relativiza y la vida sigue. Pero sé que en esos momentos no se entienden las cosas igual, la angustia es demasiado aguda, demasiado omnipresente, no deja espacio para sacudir la cabeza. Tiempo, tiempo, tiempo y voluntad.

Trenes.

Grabado del Illustrated London News, 1847

Entre los papelotes del cajón acabo de encontrar un recorte. Una entrevista al escritor mexicano Carlos Fuentes que EL PAÍS publicó en Junio. Recuerdo la impresión que me produjo leerla y por qué guardé esta página del periódico. Imaginaba el viaje en tren, una noche oscura poblada de voces y risas, y algunos de los mejores escritores del momentos hablando de trenes de novela. El genial Julio Cortázar evoca el Orient Express y su petulante Poirot. Y seguro que también a Tolstói y su Ana Karenina. Imposible olvidar aquella estación cuando la vida parece que se deshilacha entre los dedos de mujer. ¿Alguno de ellos mencionaría a los extraños de Patricia Highsmith que se conjuran en un vagón para asesinar a sus respectivos? Trenes, caminos de hierro que se entrecruzan, que unen y separan amores, amigos y negocios. Estaciones de tren, espacios cargados de intensidad y vacíos de sentido, lugares de espera, tránsito, sin destino. Y los grandes entre los grandes, los escritores, gente sabia e inteligente o gente mezquina y cobarde, como los otros, como todos, pero sin ser nunca igual, creadores de mundos, de personajes más vivos que algunas personas. Escritores en un tren hablando de trenes de novela...

martes, octubre 02, 2007

Un día tras otro.

Chica mirando por la ventana
Edvard Munch 1892

Hoy ha amanecido un día con sol, pero la tarde nos ha venido gris. Suena Lorena en los altavoces, la mezcla perfecta de evocación y nostalgia para una tarde como esta. No tener trabajo me resulta extraño. Es como si me hubieran quitado algo personal, íntimo, uno de los pilares que me mantenía con fuerza. Ahora transito por espacios que no son míos, sin pertenecer a ninguna parte; unos días en Valencia, otros en Madrid. Sin casa propia, sin un lugar mío. No puedo moverme en tren, no puedo pagarlo. Entro en la web del banco y las cifras me asustan. Me pregunto cómo voy pagar el préstamo del coche y me maldigo por haberlo comprado, ¿qué falta me hace ahora? Los días se suceden demasiado rápidos, demasiado vacíos. Procuro salir a pasear cada día y sigo enamorada de estas callejas, pero apenas tengo ánimos y no me apetece ver museos, ni planear excursiones. Un día, tras otro, un día tras otro. Ya estamos en octubre y no tengo trabajo. Dentro de unos días es mi cumpleaños, pero no puedo permitirme nada especial, nada que signifique gastar dinero. La ilusión se convierte en arena y se escapa. Envío el currículum a todas partes, pero no surge nada. He hecho una prueba, pero parece que tampoco sale. Sé que al final encontraré algo, pero mientras tanto tengo la sensación de volverme transparente, un fantasma acuoso de nervios irritados.


martes, septiembre 25, 2007

Una mujer marcada.


La lavandera
Henri Toulouse Lautrec 1884 1888

Quería ser una mujer marcada. Las palabras sonaban bien; las masticaba despacio con el sabor de Elizabeth Taylor en La gata sobre el tejado de zinc en el paladar. Un sabor a alcohol, pasión, dolor y pérdida, sabor a haber amado, haber vivido. Quería ser una mujer marcada, quería ser Humphrey, Humph como Rick, y esperar en mi bar a que ella, de entre todos los bares del mundo, eligiera este, precisamente este y volviera a mi lado. Llevar con orgullo la enseña de no haber dejado nunca de amarle, de ser capaz del amor más profundo, más constante, más doloroso. Me decían que siguiera adelante, que me recuperaría, y a mí me daba igual, me sonaba a traición, e incluso tuve que reconocer delante del hada que en el fondo no deseaba recuperarme. Ese dolor era un tesoro, mi marca, y lo conservaría hasta que ella volviera a entrar en el bar.

Quería ser una mujer marcada pero en esta noche de insomnio me gustaría que no hubiera cicatrices, me gustaría amar con la inocencia de los veinte años, la inocencia del primer amor y creer que esto durará para siempre. Oigo la suave respiración del pequeñajo dormido, confiado en el sueño a pesar de mi presencia inquieta en la habitación que coge el periódico, un libro o se pone a teclear en el portátil a su lado. Para siempre. Palabras absurdas y extrañas, ya nadie piensa en esas cosas, se impone el presente, el futuro inmediato. El mismo pequeñajo me lo repite constantemente. No sé por qué tengo esa manía de anticipar el desastre, de querer asegurar lo incierto.
Esta noche quisiera no tener marcas, llevar una venda en los ojos y creer que el pequeñajo seguirá aquí el año que viene. Y quizás el otro. Y el otro. Que seremos felices y comeremos perdices.