martes, octubre 02, 2007

Un día tras otro.

Chica mirando por la ventana
Edvard Munch 1892

Hoy ha amanecido un día con sol, pero la tarde nos ha venido gris. Suena Lorena en los altavoces, la mezcla perfecta de evocación y nostalgia para una tarde como esta. No tener trabajo me resulta extraño. Es como si me hubieran quitado algo personal, íntimo, uno de los pilares que me mantenía con fuerza. Ahora transito por espacios que no son míos, sin pertenecer a ninguna parte; unos días en Valencia, otros en Madrid. Sin casa propia, sin un lugar mío. No puedo moverme en tren, no puedo pagarlo. Entro en la web del banco y las cifras me asustan. Me pregunto cómo voy pagar el préstamo del coche y me maldigo por haberlo comprado, ¿qué falta me hace ahora? Los días se suceden demasiado rápidos, demasiado vacíos. Procuro salir a pasear cada día y sigo enamorada de estas callejas, pero apenas tengo ánimos y no me apetece ver museos, ni planear excursiones. Un día, tras otro, un día tras otro. Ya estamos en octubre y no tengo trabajo. Dentro de unos días es mi cumpleaños, pero no puedo permitirme nada especial, nada que signifique gastar dinero. La ilusión se convierte en arena y se escapa. Envío el currículum a todas partes, pero no surge nada. He hecho una prueba, pero parece que tampoco sale. Sé que al final encontraré algo, pero mientras tanto tengo la sensación de volverme transparente, un fantasma acuoso de nervios irritados.


martes, septiembre 25, 2007

Una mujer marcada.


La lavandera
Henri Toulouse Lautrec 1884 1888

Quería ser una mujer marcada. Las palabras sonaban bien; las masticaba despacio con el sabor de Elizabeth Taylor en La gata sobre el tejado de zinc en el paladar. Un sabor a alcohol, pasión, dolor y pérdida, sabor a haber amado, haber vivido. Quería ser una mujer marcada, quería ser Humphrey, Humph como Rick, y esperar en mi bar a que ella, de entre todos los bares del mundo, eligiera este, precisamente este y volviera a mi lado. Llevar con orgullo la enseña de no haber dejado nunca de amarle, de ser capaz del amor más profundo, más constante, más doloroso. Me decían que siguiera adelante, que me recuperaría, y a mí me daba igual, me sonaba a traición, e incluso tuve que reconocer delante del hada que en el fondo no deseaba recuperarme. Ese dolor era un tesoro, mi marca, y lo conservaría hasta que ella volviera a entrar en el bar.

Quería ser una mujer marcada pero en esta noche de insomnio me gustaría que no hubiera cicatrices, me gustaría amar con la inocencia de los veinte años, la inocencia del primer amor y creer que esto durará para siempre. Oigo la suave respiración del pequeñajo dormido, confiado en el sueño a pesar de mi presencia inquieta en la habitación que coge el periódico, un libro o se pone a teclear en el portátil a su lado. Para siempre. Palabras absurdas y extrañas, ya nadie piensa en esas cosas, se impone el presente, el futuro inmediato. El mismo pequeñajo me lo repite constantemente. No sé por qué tengo esa manía de anticipar el desastre, de querer asegurar lo incierto.
Esta noche quisiera no tener marcas, llevar una venda en los ojos y creer que el pequeñajo seguirá aquí el año que viene. Y quizás el otro. Y el otro. Que seremos felices y comeremos perdices.

sábado, septiembre 22, 2007

Divagaciones.

Chica leyendo
Charles Perugini 1878


Estoy sola. No sé si sigue lloviendo ahí fuera, a veces el espacio que nos rodea oprime como una caja de zapatos. No he querido salir, me doy permiso para regocijarme en mis tristezas y no quiero tener que explicar por qué estoy triste y por qué quiero estarlo. Me doy permiso para llorar, para asomarme a esa minúscula ventana con un cigarro en la mano e imaginar como cae mi cuerpo a cámara lenta, el estallido contra el suelo, el ruido asqueroso de una cabeza que revienta. Estoy sola. Publico en el blog los comentarios de un personaje de novela que dice ser real, también yo fuí Bella en una ocasión, y ahora como una anciana bendigo a los nuevos amantes con sus juegos de intelectualidad y armaduras. A mí ya no me gustan las armaduras. Las he usado durante demasiado tiempo, aterrada ante la idea de que me hicieran daño, mientras trataba de proteger un corazón que estaba roto de antemano. Yo lo sabía, lo sabía y lo dije: "Sé que lo habré de pagar con lágrimas, pero pagaré". Y he pagado durante tanto tiempo que ya no sé si cubrí la deuda. No tengo motivos para estar triste, pero me da igual. A nadie tengo que dar explicaciones sobre mis angustias más íntimas, sobre el tiempo que me besa la frente y los sueños fracasados que masajean mis sienes. A nadie debo explicaciones.

Me he fumado el cigarrillo y ¿sabés qué? Estoy contenta. No está lloviendo, a lo lejos se escuchan los ruidos de la noche en blanco. Pienso en las novelas que he leído hace poco. Quise mimar la niña pequeña que escondo dentro y en poco tiempo he devorado Cumbres Borrascosas, Jane Eyre y Mujercitas. Lloré cuando Jo rechazó a su amigo como amante y cuando Beth enfermó. También he descubierto a Georgette Heyer y sus folletines me han hecho reir. Lástima que Salamandra haya publicado dos y sólo le quede una en preparación. No hay derecho, ojalá Jane Austen pudiera escribir más novelas, la echo de menos. No tengo libros que me apetezcan, qué pena, es una noche perfecta para leer. Debí haber comprado hoy Villette o alguna otra de las Brontë que apenas recuerde. Quizás encuentre algún comic por ahí, voy a ver.

La historia de Bella III


El beso robado
Jean Honoré Fragonard 1788


"En ocasiones creí que Bella iba por fin a susurrar un poema con sus (en mis) labios, ...pero siempre se detiene a tiempo, el segundo preciso antes del encuentro, como para coger aire, y celebrar inesperada y velozmente su ceremonia de alejamiento infinito hasta las estrellas. Un instinto primero a no entregarse, una predisposición a estar un paso más allá.

...paseamos por la Barcelona de la Sombra del Viento rompiendo las agendas de los días laborables: Desayuno en la terraza romántica del Ateneo, junto al sonido silencioso de su estanque... Bella con su permanente vocación de picnic urbano había preparado unos bocadillos con recuerdos de Lyon y pan recién comprado en Barcelona...
Junto a los "café au lait", un agua de Vichy recordaba el burbujeante espacio de nuestros sentimientos.

Reconoce Bella que juega con ventaja al leerme aquí, pero mantiene su hermetismo enamorado, su indescifrable colección de sensaciones, y su misteriosa felinidad burguesa...Y así va conociendo mis peores caras, desenmascarando mi fragilidad y amasando volátil los recuerdos que la mantienen todavía vinculada a mí.


Hombre sobre un mar de nubes
Caspar David Friedrich 1818
Son poco más de las seis de la mañana, en un aeropuerto medio vacío, con aroma triste de café, arrastro un equipaje de melancolía y un presentimiento "sediento de catástrofes y hambriento". Llevo tres días sin verla y otros tantos de imposible encuentro me esperan al llegar a Barcelona despues de escalas imposibles por la jungla del Madrid en el que no podré encontrar el consuelo de otros labios que hace años perdí con un rastro de miel y romero entrelazados.


Llaman a mi vuelo..."
Drymartini

La historia de Bella II



"Bella sigue atrincherada en la teoría de la burbuja: (Lyon es Tokio y Barcelona es para los días laborables... Lost in Traslation). Supongo que es una teoria verosímil a la que se llega combinando adecuadamente dosis de pánico, vocación de coleccionismo miniaturista de sansaciones, sensatez de pax burguesa, y una actitud felina cultivada con esmero autodidacta y libertario.

Yo quisiera pensar que es algo más que una burbuja... quizás porque lo necesite para salir a flote de las miserias cotidianas, pero intuyo algo más... como cuando Cesare Pavese decía que para todos los hombres tiene la muerte una mirada, y decía a su bella "vendrá la muerte y tendrá tus ojos"..., y suena con la banda sonora de "Bella del Señor" de Albert Cohen... un libro escrito contra la teoría de las burbujas en una Europa que se rompia como un puzle entre la modernidad y la miseria.

Yo sigo acusándome de no saber estar a la altura de Bella, de no poder cambiar para ser como a ella le gustaría, de intuir que nunca nos tendremos del todo (pues somos demasiado celosos de nuestra personal construcción hacia el abismo)... y pienso que debería desaparecer para siempre de sus contornos dividos, y quizás tambien de mis fracturados entornos, y quizás seguro también de todos los contextos... pero ese es otro tema más largo que cultivo lentamente entre copa y copa, pipa y pipa, poema y poema... yendo "de mi corazón a mis asuntos".

Quizás mañana en una arquitectura imposible de agendas, madrugadas, kilometros y viajes de idea-vuelta-y retorno "sin consuelo", pueda arrancarle un poco de tiempo a Bella para compartirnos -entre mi incapacidad de acierto y su sonrisa- ...desayunando juntos... (espero no estropearlo del todo)"

Drymartini

viernes, septiembre 21, 2007

La historia de Bella I


Habitación de hotel
Edward Hopper 1931
"Barcelona no es Tokio, pero siguen sin tener razón los días laborables... y prefiero elegir del plato de la vida lo que más me gusta que comer a bloque del plato comunitario que me toca (¿he aprendido a usar "a bloque"?).

Creo que no leerás nunca este comentario... si lo lees, me gustaría decirte que nosotros tenemos
razón y que ellos SIEMPRE están equivocados... y que un verso susurrado por ti sería el mejor regalo posible... porque me gusta ver flotar las burbujas en el Carrefour de dos ríos a las afueras de Lyon (recuerdos y sensaciones) y me niego a los reajustes emocionales...."

Nubes
John Constable

"Seis días casi sin separarnos, compartiéndonos en paseos interminables, en recovecos, calles, plazas, jardines, riberas, bares, bistrots... todo Lyon en la palma de nuestras manos (en su mapa de geografías imposibles).

... rechazaba mi mano en oasiones, y abrazaba mi brazo cuando no la esperaba... acariciaba la palma de mi mano con la dulzura de quien entrega un secreto... y sonreía casi todo el tiempo (quizás en alguna ocasión con un rastro de melancolía...) En ella había toda esa sabiduria ancestral, intuición segura, divinidad terrenal, de esas "mujeres que corren con los lobos" de tu Clarissa Pinkola. No pudo ser una burbuja...

El viernes, poco antes de las ocho, compartimos un té algo aguado que preparé precipitadamente, aún en pijama, mientras ella vino vestida ya para los días laborables... un roce a sus labios empapado en miradas que se evitan buscando la intrascendencia de un momento imprescindible... TODO se me escapaba entre los dedos de la mano...
Le escribí un poema en el sobre de del tabaco de pipa que habiamos compartido y no me atreví a dejarlo bajo la puerta de su habitación...

...Y cinco días de silencio frío y metálico...hasta que ayer la recuperé un poco (es de esas mujeres que solo pueden tomarse en tragos cortos... muy muy muy cortos)..
Drymartini

jueves, septiembre 13, 2007

Tarde en el museo.



Mujer en azul
Pablo Picasso 1901

Cuando vivo en Madrid me alojo en el Barrio de la Letras. Eso significa que en cuanto bajo a la calle me rodean librerías de viejo, anticuarios y citas literarias encastradas en el suelo. También que aparcar es imposible y que sólo puedo comprar en el supermercado chino, pero como no trabajo aquí, sino que me limito a gandulear por la ciudad, el caso es que me encanta. En dos pasos llego a algunos de los mejores museos del mundo, así es que, de vez en cuando, abandono la guarida y salgo de excursión.

Eso mismo hice ayer. Echaba de menos las obras del Reina Sofía, tenía ganas de estímulos, de belleza, de que alguien tirara del pelo a mis pensamientos y el museo no me defraudó. Casi sin darme cuenta me encontré ante el azul Klein. No lo esperaba, había olvidado que en la cuarta planta están algunas de las obras más significativas de Yves Klein, y entre ellas, como no podía ser de otra manera, ese magnífico azul que tanta curiosidad despertó un día en mí. El azul es increíble, eso es cierto, suntuoso, rico, vibrante: oro azul. Como no me lo esperaba, me emocionó y me dió ganas de llorar. Puñetero azul. Me fuí de allí sumida en pensamientos azules, entre los recuerdos de los lagos de Patinir y las dudas acerca de si un color tan intenso podría simbolizar el del cielo, como aseguraba el artista, siendo el cielo tan desvaído y ese azul tan salvaje.



Monocromo azul sin título YKB 181
Yves Klein 1956

Perdida en ensoñaciones me encuentro ante otro azul, pero esta vez, lo que me hace sacar la libretita son las palabras del pintor en mi audioguía, Pablo Palazuelo, "la unión profunda de lo que es contrario: la materia y la psique". La materia y la psique, los números como arquetipos del inconsciente que al mismo tiempo forman parte de la naturaleza exterior. La materia y la psique. La materia y la psique. Los pensamientos se pierden en realidades abstractas. Trato de entender y creo intuir un destello, pero pronto se pierde y escondo la idea perdida en un cajón.

La materia y la psique me llevan junto a Antonio Saura y rodeada de estos inmensos lienzos siento como gritan a mi alrededor, pobres fantasmas atormentadas de la España en blanco y negro. Gritos en negro y gris, trazos que gritan. Gritos. Figuras que sacuden como en la segunda planta lo harán las de Picasso en su Guernica. Más gritos. Dolor. Una madre clama al cielo con el cadáver de su hijo en brazos. Llamas, muerte y dolor.

Gritos.

Me marcho de allí en busca de un poco de consuelo en obras más amables. Me divierte la sexualidad bestial de los minotauros de Picasso. El cuerpo de la modelo, la copa de vino y el animal y su lascivia. Disfruto las piezas de Chillida, su fuerza y poder, y copio su homenaje a Juan Gris como homenaje a todos ellos:

Desde
los límites
que tú conoces
te saludo gris
acido gris
gris difícil
introvertido
gris
gris conciso

Eduardo Chillida
Homenaje a Juan Gris 1987

Pero se hace tarde ya y tantos estímulos al mismo tiempo me agobian. Necesito dejarlos reposar, un poco de aire fresco y volver otra tarde con fuerzas renovadas. Me despido de la dama azul y de la condesa Sonia. Hasta el próximo dia día preciosas mías.



Retrato de Sonia de Klamery, Condesa de Pradère

Hermenegildo Anglada Camarasa 1913

miércoles, septiembre 12, 2007

Arder.

Flaming June
Frederic Leighton 1895

"Una mujer tiene que estar dispuesta a arder al rojo vivo, a arder con pasión, a arder con palabras, con ideas, con deseo de cualquier cosa que ella aprecie sinceramente"
Clarissa Pinkola
Por eso debemos encender el fuego, chicas, debemos amar, crear y arder. Alimentar las llamas que iluminan nuestra sensibilidad, los pensamientos originales, la vida creativa, los anhelos y aspiraciones, el alimento de la diosa salvaje de nuestro interior, de la tierra, el viento y el vientre sagrado. La diosa que hay en nosotras.

martes, septiembre 11, 2007

Barbazul.

Barbazul
Ilustración de Gustave Doré


Dice Clarice Lispector que preguntarse quién soy yo provoca necesidad. Dice que quien se analiza está incompleto. Y sin embargo necesito hacerlo. Supongo que de eso trata este Principio de Entropía Intermitente: masturbación exhibicionista de las emociones. Lágrimas en público, risas en público. Catarsis.

En los últimos meses he aprendido mucho, quizás porque después de tanto tiempo por primera vez me he enfrentado al proceso de duelo y no he arrinconado el dolor en un cajoncito oscuro de mi memoria. No, por intuición, error o locura me he convertido en la nueva mujer de Barbazul y he decidido utilizar la llave para abrir la puerta prohibida. El descubrimiento, los cadáveres y el horror golpean al principio pero ahora las manchas de sangre en la llave ya casi no me angustian, son marcas de vida, cicatrices de viejas heridas que he dejado sangrar y sangrar para que en su interior no quede ni una pizca de podredumbre. Para que se cierren limpias y dejen mi alma sana.

Jamás hubiera imaginado lo difícil que es dejar morir, deshacerse del lastre y llorarlo sin lanzarse tras él al mar para rescatarlo o hundirse con él.

viernes, agosto 17, 2007

Érase una vez...

Frog Tsarevna
Viktor Vasnetsov 1918


Los cuentos de hadas son más que ciertos —
no porque nos digan que los dragones existen,
sino porque nos dicen que pueden ser vencidos.

G. K. Chesterton


Érase una vez un cuento de hadas. En él había una princesa y como en todo cuento de hadas que se precie, nuestra niña no tiene un nombre como tú o como yo. La princesita se llamará Blancanieves, Cenicienta, Bella Durmiente o Rosaflor. Nunca María, Esther o Lucía.

La pequeña no tiene madre. O quizás la tenga pero muera al comienzo de la historia, porque las madres, que siempre son dulces y cariñosas con sus hijitas, deben fallecer para que ellas tomen el relevo. Las madres de los cuentos son “demasiados buenas”, por eso tienden a la sobreprotección. Y bajo las faldas de mamá nuestra pequeña protagonista no podría lanzarse al camino que tiene marcado.

Quizás en nuestro cuento aperezca una madrastra, que es como una madre que roba al papá y a la que podemos odiar sin culpa. Y hermanastras, que siempre son malas. También puede aparecer un hada madrina que ayude a nuestra niña. Lo que no habrá será amigas. Al contrario que los héroes de leyenda que siempre pueden apoyarse en alguien, nuestras princesitas de cuentos no tienen amigas. ¿Son siempre las mujeres enemigas? Quizás la ausencia de compañeras se explique porque el objetivo de estos cuentos es que las niñas triunfen en el futuro, un triunfo que siempre pasa por el príncipe, y otros personajes femeninos iguales a ella supondrían una competencia inadmisible.

Por el camino, la princesita soportará grandes injusticias y superará alguna prueba. Pero para vencer al villano siempre encontrará la ayuda de la magia: hadas, gnomos o pájaros parlanchines. Gracias a ellos y a su instinto, nuestra niña avanzará por un mundo de sombras hacia su luminoso destino.

Porque por supuesto la historia tendrá un final feliz. ¿Dónde se ha visto un cuento de hadas en el que los malos no sean castigados y los buenos premiados? Nuestra pequeña superará todos los obstáculos y conseguirá lo que tanto desea: un príncipe. O lo que es lo mismo: protección, dinero y un lugar en el mundo. Las princesas son fruto de sociedades brutales y como tal se comportan. ¿Quién habló de amor en los cuentos de hadas?

jueves, julio 12, 2007

Fallar es rendirse.

«Fallar es rendirse. Pero tú estás dentro del movimiento. Así que nada falla. Todo sigue. Se ha hecho un trabajo. Si es bueno, aprendes de él. Si es malo, aprendes aún más. El trabajo hecho y dejado atrás es una lección a estudiar. No hay fallo a menos que uno se pare.»

Ray Bradbury

miércoles, julio 11, 2007

Uno de esos días.

Hoy es uno de esos días. Uno de esos días en los que la angustia es una bola informe en el pecho y el miedo duele en las entrañas. Uno de esos días de guerra contra uno mismo. Uno de esos días en que trenzas una campana de cristal a tu alrededor.

No quiero estudiar. Tengo miedo. Me asusta no lograrlo y después volver a creerme una fracasada. No quiero hacerme más daño. Tengo miedo. Quiero llorar. Quiero un abrazo. Tengo miedo. No quiero hablar con nadie. Quisiera perderme en una novela. Hubo una época en que leía novelas de amor. Me volvían loca las de la época victoriana, con misterio incluído, mansión en la campiña inglesa y final feliz. Después llegó Jane Austen, y aquellas novelas victorianas adquirieron un sesgo de divertida ironía. Tras su final feliz había personajes con entidad, una personalidad propia que pasaría a la historia de la literatura.

A veces alcanzo a comprender el porqué de Blanca, la necesidad de su mordisco en la carne. No es el deseo de morir. Es el de dormir. Alejarse. Soñar.

La realidad tiene aristas que cortan la carne. Y trocitos de espejo roto en las venas. Fluye la sangre negra. La sangre roja. La sangre muerta.

Dijo el hada: aprovecha tus fortalezas. Disfrutas cuando aprendes, aférrate a ello. Eres muy sensible a la belleza, utilízala para calmar tus ansias. Pero no hay belleza. No hay sabiduría. Sólo un miedo patético. Y esta angustia pegajosa que revolotea sobre mi piel.

martes, julio 03, 2007

Trucha.


Madre e hijo
Gustav Klimt 1905

Niña, mi niña, niña hermosa. Te sentaste a mi lado en aquel autobús rojo y me hablaste de mi libro favorito. Toda tú eres luz y de ella me enamoré. Desde aquel día tú has sido mi faro. Te convertiste en mi interlocutor. La que entendía y a la que entendía como a nadie, la que acogía mis secretos y me hacía partícipe de los suyos, la que le quitaba velos al mundo y con su avanzar despejaba un camino para mí. Mi niña preciosa, pececillo de agua dulce. Le das sentido al mundo. Eres família. Me has cantado la gavina con los pies desnudos sobre la arena. Te has emocionado con paisajes reales e imaginarios, con palabras y versos, con los animalillos más desvalidos. Has sido la más valiente de las niñas, la más generosa de las mujeres. Sabia y luchadora, hermosa, dulce y divertida, mi pequeña, eres y vas a seguir siendo todo eso, eso y mucho más.

Ahora eres también madre. Enhorabuena.

Te quiero.

Y a ese renacuajo también, que ya me tiene robado el corazón aún sin sentarse a mi lado en ningún autobús.

viernes, junio 29, 2007

Shhh...

Hago una pequeña pausa. Se supone que estoy estudiando, así que cierro el paréntesis en unos minutos. Sólo unas pinceladas para dejar constancia en mi pequeño cuaderno negro de los últimos cambios. He dejado de trabajar y he cambiado Valencia por Madrid. Ahora me dedico sólo a estudiar (y a fantasear, vale, no voy a negarlo). Se supone que me presento a unas oposiciones en un par de semanas. Tengo pocas posibilidades, pero mucha ilusión y una idea más clara de lo que quiero para mi vida profesional. Quiero volver al periodismo, sentirme periodista, orgullosa del trabajo necesario y bien hecho. Volver a narrar el mundo que me rodea, traducirlo en palabras, entenderlo mejor. Hacer que se entienda mejor. Oscilo entre el miedo, los nervios y una ilusión enorme en el pecho que cuando estalla me llena de alegría. A veces tengo tanto susto que no quiero levantarme por la mañana. Son los días en los que me siento sola y me castigo diciéndome que jamás lo conseguiré porque no me esfuerzo lo suficiente. Otros días, cuando bajo a comprar el periódico, contemplo el centro de Madrid, y me pregunto si estoy ante el principio de un mundo nuevo. Y... sueños, sueños, sueños...

Buf, cierro el paréntesis y vuelvo al estudio. Shhhh... que nadie se entere, ¿vale? Guárdame el secreto ;-)

miércoles, junio 20, 2007

Quién es ella.

Miranda - The tempest
John William Waterhouse 1916


Quién es ella, esta mera narradora no lo sabe, una torpe adolescente quizá, una anodina mujer de mediana edad tal vez. Pero lo bien cierto, lo que da orígen a todo esto, es que ella quiere ser playa.

Abierta de piernas a los embates del mar. Lamida por las olas. Una y otra vez, eternamente sabor a sal. Un fragor de espumas, la penetración contínua, abarcarlo todo, serlo todo, sentirlo todo.

Ser playa es que su cuerpo deje de ser suyo. Poder salir de él, trascenderlo.

Le cae bien el vestido de su piel. Afortunada muchacha, ¿no creen? Un cuerpo que le cae como un guante, de esos largos y ajustados como el de Gilda. Un guante que se puede quitar lentamente a golpe de cadera para lanzarlo al público hambriento.

Sí, afortunada muchacha, ¿no creen?

jueves, junio 14, 2007

Aullemos

“Aullemos, dijo el perro.”

“El mundo es un horror, la vida un desastre. Pero todo se puede cambiar.” Lo dijo ayer Saramago. Dijo que debíamos aullar. Aullemos, aullemos todos. Otro mundo es posible, pero no vendrá sólo, debemos darle la mano para que aprenda a andar, debemos acompañarlo en los dolores del parto, para que nazca entre sangre y gritos. Aullemos, aullemos todos.

Ayer en la empresa donde trabajo, un directivo de pelo engominado y traje de corbata nos amenazó. Con sutilidad, con soberbia, con desprecio, nos amenazó. Alrededor de quince personas estábamos hablando con el representante de un sindicato. Como cada junio centenares de personas nos vamos a la calle y no sabemos que será de nosotros cuando se inicie la próxima temporada en septiembre.

Ayer el director de recursos humanos de Canal 9 con un sueldo de miles de euros que pagamos todos los valencianos nos amedrentó. Llegó acusándonos de participar en una asamblea ilegal y pidió nuestros nombres. Nuestros nombres para ponerlos en una lista negra. La reunión se disolvió de inmediato y la gente tiene miedo. Miedo de que no le vuelvan a llamar en septiembre. Miedo de no poder pagar sus hipotecas. Miedo de ser acusado de conflictivo y despedido como tantos antes.

Sí, hay censura en Canal 9. Sí, hay amenazas en Canal 9. Sí, hay listas negras en Canal 9.

Y el PP sigue ganando.

Aullemos, dijo el perro. Para que se nos oiga.

Aullemos.

sábado, junio 02, 2007

Regalo inesperado.

Ilustración de David Ho
Regalo de las ruvias intelijentes


Ando por Valencia toda acalorada y enfadada. Creo que Mapfre me ha timado por segunda vez, estoy sin coche y me queda menos de un mes para irme al paro. Hace demasiado calor y no sé hacia donde dirigir mi frustración. Entro en una librería del centro buscando el frescor del aire acondicionado y calmarme con los libros. Me gusta rodearme de libros, mirar las cubiertas, acariciar los lomos y morderme los labios mientras trato de decidir entre un best seller, una supuesta obra seria o nada de nada porque tengo que estudiar. Pero hoy el enfado no se me pasa.

Entonces me llama el pequeñajo y empiezo a despotricar de lo injusto que es el mundo. Que a los ricos todo se lo dan y a los pobres desgraciados como nosotros nos tratan a patadas. Que no hay derecho, que no.

El pequeñajo me corta enseguida.

- Tengo una noticia que te va a animar.
- Mierda vida. Eso es lo que pienso. Mierda vida y encima...
- Calla y escucha, las ruvis te han dedicado un post.
- ¿Qué?
- Que las ruvis te han dedicado un post: Un post para Enttropia.
- ¿A mí? ¿A mí por qué?

Y el pequeñajo me lee el post por telefono.

Y sentada en la pequeña mesa de una librería con cafetería de Valencia hay una chica hablando por teléfono a la que una lágrima grande y redonda le moja la mejilla.

miércoles, mayo 30, 2007

Que todo está por hacer y todo es posible.

Ara mateix enfilo aquesta agulla

amb el fil d'un propòsit que no dic

i em poso a apedaçar. Cap dels prodigis

que anunciaven taumaturgs insignes

no s'ha complert, i els anys passen de pressa.

De res a poc, i sempre amb vent de cara,

quin llarg camí d'angoixa i de silencis.

I som on som; més val saber-ho i dir-ho

i assentar els peus en terra i proclamar-nos

hereus d'un temps de dubtes i renúncies

en què els sorolls ofeguen les paraules

i amb molts miralls mig estrafem la vida.

De res no ens val l'enyor o la complanta,

ni el toc de displicent malenconia

que ens posem per jersei o per corbata

quan sortim al carrer. Tenim a penes

el que tenim i prou: l'espai d'història

concreta que ens pertoca, i un minúscul

territori per viure-la. Posem-nos

dempeus altra vegada i que se senti

la veu de tots solemnement i clara.

Cridem qui som i que tothom ho escolti.

I en acabat, que cadascú es vesteixi

com bonament li plagui, i via fora!,

que tot està per fer i tot és possible.

Miquel Martí i Pol


Gather Ye Rosebuds While Ye May
John William Waterhouse 1909

Ahora mismo

Ahora mismo enhebro esta aguja

con el hilo de un propósito que callo

y empiezo a remendar. Ninguno de los prodigios

que anunciaron taumaturgos insignes

se ha cumplido, y los años pasan de prisa.

De poco a nada, y siempre con viento de cara,

qué largo camino de angustias y silencios.

Y estamos donde estamos, más vale saberlo y decirlo

y plantar los pies en el suelo y proclamarnos

herederos de un tiempo de dudas y renuncias

en el que los ruidos ahogan las palabras

y con muchos espejos medio deformamos la vida.

No nos sirve de nada la añoranza o la queja,

ni el toque de displicente melancolía

que nos ponemos por jersey o por corbata

cuando salimos a la calle. Tenemos apenas

lo que tenemos y basta: el espacio de historia

concreta que nos toca, y un minúsculo

territorio en que vivirla. Pongámonos

de pie otra vez y que se escuche

la voz de todos solemne y clara.

Gritemos quiénes somos y que todos lo escuchen.

Y al acabar que cada cual se vista

como bien le plazca y ¡despertaos!

que todo está por hacer y todo es posible.

viernes, mayo 25, 2007

Humphrey.

Mujer sentada con gato
Pierre Bonnard 1860

Le gustaba acostarse encima de mi pecho mientras hacía
ron-ron-ron. Asomaba su cabecita por encima del periódico o el libro que estuviera leyendo. Ya ves, con la rabia que me daba que no me dejara leer y ahora se me saltan las lágrimas. Cuando llegaba a casa siempre estaba esperándome en la puerta y no dejaba de maullar y pedirme cariños hasta que no le hacía un poco de caso. Si me ponía en el ordenador se paseaba por el teclado y yo protestaba y lo dejaba caer en el suelo. Se pasaba la mayor parte del día durmiendo y cuando llegaba la noche le entraban ganas de hacer carreras en el pasillo. Pobrecito, siempre me sentí un poco culpable por no hacerle más caso. Ahora que no está, echo de menos a mi gato.

Tenía el pelo negro más brillante y suave de mundo.
Estudio de un gato (fragmento)
Thomas Gainsborough 1765-69
Humphrey llegó a mi vida por casualidad. Hacía poco que había salido de casa de mis padres y aquel piso alquilado del Cabanyal con vistas al mar me encantaba. Recuerdo aquella casa blanca y azul, con un trazo de color rojo, un sofá de color granate. Tenía una caja de cartón cubierta con una tela como mesa y lienzos de un antiguo novio pintor colgados en las paredes. Trabajaba en un programa de reportajes de actualidad, lo que siempre había deseado. Estaba enamorada, era joven, independiente y feliz. O al menos así recuerdo aquellos tiempos en aquel piso blanco y azul con vistas al mar. ¿Quién sabe como fueron en realidad?

Por aquella época fuimos a grabar a Alicante, era un reportaje fácil, uno de esos costumbristas sobre la Semana Santa. Después de la grabación todo el equipo nos fuimos a tomar una copa y el amigo de alguien se apuntó. Empezamos a hablar y de pronto el muchacho me ofreció un gatito y de pronto yo, que antes nunca había pensado en tener mascota, dije que sí. Al día siguiente el muchacho se presentó en mi hotel con una caja de cartón. Y dentro estaba aquella bolita negra, aquella preciosidad de grandes ojos que se había convertido en mi responsabilidad. Ahora ese bichito dependía de mí, toda su felicidad y bienestar dependían de mí. Y en el pecho me creció un amor irracional y generoso hacia aquel pequeño ser vivo.

Siempre me acuerdo de cómo se durmió en el coche camino de casa. Con las patitas de delante y la cabeza colgando fuera de la caja de cartón. De poco no nos estrellamos en la autopista cuando empecé a gritar que a mi gato le pasaba algo, que no respiraba y que se me había muerto, pero qué va, el tío caradura se había dormido tan tranquilo. Y allí, en aquel coche, él y yo decidimos que su nombre era Humphrey, Humph. El más elegante, cariñoso y psicópata de los gatos. Mi Humph. El principio de una gran amistad.

Han pasado ya unos meses desde que desapareció, los meses de la crisis familiar y la mudanza, y lo cierto es que echo de menos a mi gatito. Cuando pienso en que pudieran haberlo atropellado y que aquel pequeñajo mimado y consentido pudiera estar sufriendo sólo, sin que yo esté a su lado, se me pone un nudo en la garganta. Era mi responsabilidad y le fallé. Y aunque sé que sólo era un gato, un gato común y puñetero, le echo de menos, y siento mucho no haberle sabido cuidar mejor.

Adèu Humph, carinyo, allà on estigues cuida't molt.

miércoles, mayo 23, 2007

No he desitjat mai cap cos com el teu.


La tempestat - La nóvia del vent
Oskar Kokoschka 1914

No he desitjat mai cap cos com el teu.
Mai no he sentit un desig com aquest.
Mai no el podré satisfer -és ben cert.
Però no en puc desistir, oblidar-te.
És el desig de la teua nuesa.
És el desig del teu cos vora el meu.
Un fosc desig, vagament, de fer dany.
O bé el desig simplement impossible.
Torne al començ, ple de pena i de fúria:
no he desitjat mai cap cos com el teu.
L’odi, també; perquè és odi, també.
No vull seguir. A mamar, tots els versos!

Vicent Andrés Estellés

viernes, mayo 18, 2007

Un tiempo y un lugar. Fragmentos de Moleskine.

Dicen que hubo un tiempo en que la luna amanecía de un naranja intenso. Y naranjas eran los botones de payaso que los árboles ofrecían a los pájaros golosos. Hubo un tiempo en que del humo de los porros emergían las palabras de Leopoldo María Panero y las mujeres se rompían de dolor en las escaleras del infierno. Hubo un tiempo en que siempre hacía frío, la humedad calaba los huesos y en los cines ponían 8 1/2 de Fellini.

Dicen que hubo un tiempo como otros han de venir.
Dicen que hubo un lugar donde las niñas morían por amor. Pobre Ofelia.

Un lugar donde en el agua estancada de los pozos brillaban algas blancas, fosforescencias amarillas tras los ojos de las niñas ahogadas. Un lugar donde la oscuridad era un círculo que atrae.
Un sumidero donde nacen y mueren las pesadillas. Carne hinchada, peces muertos.

Y los poetas caen bajo las balas. Y las suicidas callan.

Los elementos.

Ofelia
John William Waterhouse 1889

Hace tiempo que lo echo de menos: la tierra bajo mis pies y el sol en el rostro. Oigo correr el agua risueña de un riachuelo mientras la brisa despeina mis cabellos. Soledad con los elementos: agua, aire, tierra y fuego, contactar con ellos en mi interior. Cerrar los ojos para sentir como mis pies se apoyan en el suelo, como la tierra madre me mece y me sostiene en su abrazo. El aire que se introduce en mí y expande mis pulmones trayéndome la vida. Sentir el agua en mi boca, el agua que moja mis genitales. El fuego en la piel, mi cuerpo vivo y caliente.

Echo de menos su alquimia.

sábado, mayo 12, 2007

De entre los muertos: la Hammer vuelve de la tumba.


Christopher Lee con Barbara Shelley en "Dracula, Prince of Darkness" Hammer 1966

John De Mol, el padre de Gran Hermano, ha comprado la mítica Hammer. La fábrica de terror británica llevaba años en la duermevela esperando que alguien la devolviera a la vida. Pero... ¿De Mol? ¿Será capaz de sacarle lustre a la vieja Hammer? ¿Quitarle las telarñas, añadirle oscuridad y sangre y estrenar nuevos clásicos de terror sin caer en el esperpento y la truculencia absurda?

Ojalá... Ahora que el terror parece llegar sólo de Oriente, se echa de menos el chirriar de las cancelas. Bienvenida Hammer.

miércoles, mayo 09, 2007

Azul II : ¡Huyamos, huyamos del azul!


Orígen de la vía láctea
Tintoretto 1577 - 1579


Díptico Wilton
Maestro anónimo 1395


Ph´nglui mglw´nafh Cthulhu R´lyeh wgah-nagl fhtagn


"That is not dead which can eternal lie,
And with strange aeons even death may die."
The Nameless City
H:P. Lovecraft 1921

Dicen que Lovecraft fue un ave nocturna y un cazador de sueños. Dicen que se dedicó a contemplar las estrellas, a leer con avidez cuanto caía en sus manos y, sobre todo, a escribir. Encerrado en un mundo de pesadillas no pudo el aire más que convertirse en los malsanos efluvios que emergen de la ciudad de R’lyeh, y con semejante carga Lovecraft se embarcó en un viaje sin retorno hacia una nueva dimensión: el miedo cósmico, el «terror de los espacios infinitos».

En marzo se cumplieron 70 años de su muerte, así que, con retraso pero alentada por la genial Petite he decidido homenajearle por mi cuenta. Releo sus Mitos y me abandono a este terror infecto que resquebraja la razón y nos aboca a la locura.

Lovecraft reinventa los terrores góticos y transforma los castillos tenebrosos en ruinas de geometrías imposibles. En su mitología encontramos seres informes venidos de allende el espacio, terribles cultos inmemoriales, ritos paganos secretos y malévolos dioses primordiales. Sombras agazapadas en la noche que susurran en idiomas imposibles. Horrores que nuestro cerebro no puede llegar ni a imaginar. ¿Acaso la infinita pequeñez del ser humano puede tratar de entender aquello que va más allá de la eternidad y el espacio? Lovecraft pareció tener siempre clara la respuesta: no, no podemos entender. El precio de intentarlo es nuestra cordura.

Y el miedo se conviertió en horror cósmico.

viernes, mayo 04, 2007

Azul.


...¿qué grado de azul podrá absorber el ojo?
Joseph Brodsky

De pronto me encuentro pensando en el color azul, parece que últimamente lo encuentro en todas partes. Contemplo los lienzos de la National Gallery o los Tintoretto del Prado y me hablan de ese magnífico azul ultramar. Como en la cafetería del trabajo y alguien se pregunta en voz alta por el azul Klein. Es un color hermoso nadie puede dudarlo, pero en su inocencia angelical se oculta la perversidad de una inocencia dolorosa.

En la Edad Media llegó a Europa desde Afganistán. La pintura toscana del siglo XV empezó a sustituir el oro de los cielos por el azul ultramar. Era el más preciado de los pigmentos puesto que se confeccionaba con la piedra del lapislázuli machacado. El más caro, el más hermoso. El más peligroso. En los muros egipcios, los frescos pompeyanos, los manuscritos bizantinos del siglo VII, las tablas románicas... el azul.

Este color ejerce sobre el ojo una acción singular y casi inexpresable. Como color es una energía; sin embargo, se encuentra del lado negativo y, en su maxima pureza, es una nada excitante. Es algo Contradictorio, con aspecto de excitación y de tranquilidad.
J.W. von Goethe

Mantos virginales, cielos católicos para las almas justas, mares eternos...
Leonardo da Vinci, Vermeer, Fra Angélico y Albrecht Dürer, entre otros, usaron el “oro azul” en algunas de sus obras.


IKB 79
Yves Klein 1959

Yves Klein atribuyó un papel especial al color azul que, como el cielo y el mar, encarnaba los aspectos más abstractos de la naturaleza tangible y visual. Probó una y otra vez hasta encontrar ese azul mágico, símbolo de todo lo eterno. El resultado fue el IKB —International Klein Blue (Azul Klein Internacional)— un penetrante azul ultramar, copia artificial de los ricos azules del XIX, que patentó y le llevó a la fama. ¿Fue Klein un moderno Fausto que vendió su alma al azul?

Con el rojo sé a que atenerme. El rojo es mi color, el de la sangre y la vida. El negro lo entiendo y lo sé mío. La oscuridad ilimitada de la noche. O el verde que me enamoró con el vestido de terciopelo de Escarlata y el color musgo de las abadías o las tumbas semiolvidadas. Me gusta el verde, el verde fresco, vivo o profundo del follaje de bosques ignotos. Pero el azul... no me fío del color azul. Demasiada intensidad tras su aparente placidez. Demasiados azules dentro del azul. Tanta belleza puede resultar mortífera. La dama de hielo, la reina de las nieves, los angeles que golpean con su bondad y arrasan a su paso, espadas flamígeras de hielo azul.

Jane. Charlotte, Carlota. Magdalena. Sofía.

Ilustración de C. E. Brock para la novela Emma de Jane Austen
Edición de 1909

Jane. Charlotte, Carlota. Magdalena. Sofía.

- ¡No puedes poner esos nombres a tu hija!
- ¿No?

Jane. Charlotte, Carlota. Magdalena. Sofía.


No, no puedo.

Vosotras, tú, el otro yo posible, la oportunidad de apagar este proyecto de vida fracasado y empezar uno nuevo. Poco importa donde se rompió E., donde se volvió frustrante.

Pero no, así no debe ser, habrá que encontrar otro camino.


Esconderse en un lugar oscuro, una mansión de paredes rezumantes de humedad, una habitación con muebles de madera. El campo, largos paseos por el campo, siento el sol calentarme el rostro. Bañarse en el río, el agua fría estremece la piel. Calor, frío y largos paseos. Leer, leer, escribir. Un relato olvidado. Personajes, mujeres que lloran. Cerrar los ojos y abrirlos con una nueva mirada. No pensar, dejar que los pensamientos se acerquen y me tomen, que desaparezcan. No exprimirme el cerebro, no frotarse las sienes doloridas. Sólo el sol en el rostro y el campo a mi alrededor.


¿Hay que morir para renacer?


Tomar un tren. Llegar a Escocia, más allá de las Highlands, el norte verde y frío. Los lagos oscuros y negros. Las corrientes oscuras. Los castillos en ruinas.

Hay una mujer en un autobús en Cornualles. Es un día soleado. Vuelvo del final de la tierra, Land's End, y soy joven y feliz. Contemplo a esa mujer y quiero ser como ella. Valiente, independiente.

Es nuestra luna de miel. Los condes de la isla escuchan con una sonrisa. Un palacio de cuento, jardines que llegan al mar.

Dejar de pensar, fluir, sólo eso, ser río, agua fría y transparente; ser sol y piel caliente, una sonrisa y ojos entrecerrados; pies descalzos en la hierba; cantos redondeados por el agua del río, piedra suave, caliente por el sol. Dejar que la vida sea savia en mis venas, enseñar a la E. perdida a ser fuerte y hermosa. Coger la mano de esa pequeña, acariciarle la carita, abrazarla, dejarla llorar hasta que se duerma agotada en mis brazos. Esa niñita me necesita, quiero cuidarla, aprenderé a hacerlo.

Jane. Charlotte, Carlota. Magdalena. Sofía.

¿Sabías que Emma es nombre de reina? Mucho antes de que Guillermo desembarcara en Hastings, antes del año mil. Cuando los reyes de aquella tierra verde tenían nombres élficos.

Jane. Charlotte, Carlota. Magdalena. Sofía.

domingo, abril 15, 2007

Buf...

Buf, no sé ni por donde empezar.

Malentendido/crisis familiar seria.
Mudanza in extremis...

Demasiado complicado para empezar a explicarme ahora, justo cuando descubro que acabo de perder el móvil. Genial.

Me limitaré a colgar un vídeo. Canta mi adorado Nacho con Roberto, de Grande Marlaska, en la Sala Sol de Madrid. Lo ha descubierto el pequeñajo en el youtube, sí yo también me pregunto cuando trabaja este niño. En fin, que la sombra de la derecha soy yo :-)

Y mañana será otro día!

jueves, marzo 22, 2007

Parálisis.

Ofelia
Richard Redgrave 1842

Creí que el episodio de las pastillas me traería algo bueno. Pero en cuanto volví a Valencia, llegó la noche. Me quedé sola y volvió la desesperación. Sentí la necesidad urgente de actuar, de hacer algo para cambiar las cosas y lo único que se me ocurrió fue llamar a mis padres. Le expliqué a mi madre lo que había pasado, le dije que era desgraciada, que no tenía claro nada, que no sabía qué hacer con mi vida, que todo era una mierda... Poco después vinieron a casa. Yo estaba acostada y mi madre entró en la habitación, se sentó en la cama y me preguntó cómo estaba. Lloré y lloré, la abracé, traté de explicarle mi tristeza, pero me sentía ridícula y absurda haciéndolo. Culpable de haberles hecho venir, de haberles preocupado. Culpable, estúpida, culpable por todo. Mi madre me dijo que me fuera con ellos y al día siguiente cogí unas pocas cosas y me vine aquí. Mi hermano, con quien compartía piso, no me preguntó por qué me iba y yo tampoco le dije nada. Creí que al irme, al salir de esa inercia pegajosa que me paralizaba estaba dando un paso hacia adelante, que podría hablar con ellos, cambiar nuestra manera de comunicarnos... pero no he sido capaz. Ellos tampoco lo han intentado. No son esas las maneras en mi família. Nosotros nunca hablamos.

No sé cuánto tiempo ha pasado, más de un mes, creo y nada cambia. No sé qué hago aquí, y tampoco sé donde ir. Ellos tratan de cuidarme, pero ¿cuánto tiempo puedo seguir así? No puedo moverme, no sé qué hacer. Decidí dejar mi trabajo en la tele, buscar algo que me llenara más, que me hiciera crecer, que me devolviera la fe en el periodismo o al menos la novedad fuera un aliciente, un síntoma de que avanzo. Pero aún no he encontrado nada y sigo en mi pequeño programa. Y ya noto cómo las fuerzas que me dió aquel día en el hospital, aquel punto de inflexión, se me agotan; noto como vuelve la inercia, y el vacío en el pecho, que duele, duele, duele y ya no sé dónde mirar. A veces quisiera arañarme la piel, gritar y aullar como una loca, romperme la garganta, apretarme las sienes con los puños... pero no lo hago. Sigo adelante como una autómata. Día tras día, mes tras mes.

Me miro en el espejo y a veces siento asco de esa mujer de cara pálida y ojos asustados. Veo mis pensamientos retorcerse incadescentes en el fondo de la angustia, pero esa cara redonda y abúlica de luna muerta me mira sin expresión.

Me pregunto cuál es el problema. Por qué me aterra vivir; por qué el resto sin ser mejores que yo son capaces de... ¿capaces de qué? ¿de vivir?

No siempre es malo, claro, ni siquiera tengo una mísera depresión. Sólo es el vacío, la nada, el absurdo.

Y a veces es bueno.

Cuando estoy con el pequeñajo o con mis amigos. Cuando me divierto en el trabajo, cuando encuentro un libro que me emociona. Cuando el sol incide de determinada manera en el agua, o los colores son más vivos, o el pequeño V. me estira del pelo. Entonces es genial y siento que la esperanza corre por mis venas, que tengo hambre de vida.

...

¿Lo hizo ella o fue Hamlet quien la mató?

jueves, marzo 15, 2007

Balada de la imbécil que llora al caer la noche.

Perdón por tener siempre miedo
por mi tristeza
perdón por no saber olvidar
por no dejar de ser vulgar

Perdón por no haber sabido estar a la altura
por ser sólo yo
por mis inseguridades
por no tomarme la pena de vivir

Perdón


Perdón por sentirme siempre culpable
por no saber amar mejor
perdón por llorar a escondidas
por ser egoísta, por ser lo que soy

Perdón por no ser mejor
por no implicarme en nada
por abandonar mi cuerpo mi mente y mi alma
perdón por seguir aquí paralizada

Perdón por desearlo todo
por olvidarme de preguntar cómo estás
perdón por estar quejándome siempre
por ser tan miserable
por tener ganas de morir

Perdón por haber querido llegar más lejos
por mi fracaso
por mi vanidad al haberlo creído posible
por la vida de mierda
y el mi, el yo que da náuseas
Por no saber apreciar lo que tengo
por dejarme aplastar por la oscuridad
por sentirme siempre sola
por este nudo en la garganta que no me deja hablar

Perdón

Perdón.

martes, marzo 13, 2007

Nuevos deberes.

Amor entre las ruinas
Edward Burne Jones

Nuevos deberes: ahora el hada quiere que le diga qué es lo que vale la pena en la vida. Así sin más, me pide la clave, el sentido, el por qué. Pienso. Pienso. Y no sé qué decir. Lo primero que acude a mi mente son tópicos. ¿Son tópicos porque son verdad? ¿Son mi verdad? La risa de un bebé como el pequeño V., el crecimiento de la vida en las mujeres queridas, la posibilidad de que algun día ocurra dentro de mí... ¿es eso? ¿es eso lo que hace que vivir valga la pena? No, no es eso, para mí no es eso, no... pero ¿qué es?



¿Qué es valer la pena?


¿Por qué no se suicida usted?


Lo sé doctor Frankl, también yo me hago la pregunta y esta es mi respuesta: no me siento dueña de mi propia vida, no creo que tenga derecho a quitármela y causar ese dolor a la gente que me ama. Además, siempre me queda el futuro. Quizás algún día vivir sea otra cosa.


Amar.
¿Por qué besar tus labios, si se sabe que la muerte está próxima?




Seré muy breve: esto duele.

viernes, marzo 02, 2007

Duelo no resuelto.

Ofelia ahogándose
Paul Steck 1895

Me apasionan los diagnósticos porque me eximen de la responsabilidad de mis actos. Porque su determinismo me hace más libre, libre de abandonarme a mi naturaleza. A una de las vertientes, ¿pues acaso no somos poliédricos y complejos? Su determinismo me condena a un yo imperfecto.

Duelo no resuelto, lo llama ella.

La seguridad no existe, es una abstracción de nuestras mentes necesitadas de consuelo. ¿Qué seguridad podemos encontrar ante la incertidumbre? Un amor, una casa, una nómina, un cuerpo que responde a nuestros deseos... y de pronto una célula enloquece y mi cuerpo ya no es más mi cuerpo sino la muerte que se avecina. Seguridad... ¿cómo estar seguros de algo? ¿cómo sentirnos seguros?

- No me dejes, no me dejes, si es mi última reencarnación.

Tengo miedo, tengo tanto miedo. Dame un diagnóstico. Dime que estoy loca, o deprimida, enferma, que no puedo ser responsable, que ya no he de luchar, que puedo rendirme. Dime que ya no he de enfrentarme al vacío, que el sinsentido vence. ¿Acaso la mayoría de los hombres no se siente decepcionado con su destino? Frustración. Fracaso. Sueños, sueños, sueños que nunca serán realidad y un cuerpo que envejece, un yo que pierde fuerza. Vacío.

Duelo no resuelto.

Tengo miedo, tengo tanto miedo.

jueves, marzo 01, 2007

No ideación autolítica.

Desperté cuando me metieron la sonda por la nariz. Alguien dijo que sería rápido. Luego volvió la oscuridad.

Cuando volví a despertar estaba sola; desnuda en una cama de hospital. Aún llevaba esa sonda en la nariz, una vía en el brazo y pequeños sensores pegados a mi pecho.

Quizás vinieron a hablarme, no lo recuerdo, sólo la sensación de soledad mientras lloraba en silencio delante de todos esos desconocidos que se afanaban sobre otros menesteres como un enjambre de abejas trabajadoras. Pequeños insectos de bata blanca.


Recuerdo que lloraba.
Lloraba.

Traté de preguntar por el pequeñajo pero la sonda atravesaba mi garganta y apenas me dejaba un hilillo de voz. Sólo podía llorar.

Desconecté algo un par de veces pero ninguna máquina se puso a pitar como en House ni nadie vino corriendo.

Pasaba el tiempo.

Empecé a vestirme. Nadie me dijo nada.
Lloraba. Nadie me dijo nada.

Al final una psiquiatra de guardia habló conmigo. Le expliqué que no era un intento de suicidio. El pequeñajo pudo entrar por fin. Debí asustarle mucho, lo siento, no pretendía hacerle daño a él ni a ninguno de los que me quieren. Es lo único que lamento, haberles preocupado.

Me sorprende el ánimo experimental que me inunda en esos momentos de oscuridad. Cuando tomaba una pastilla tras otra, sin pensar, indiferente, con un leve rastro de curiosidad por lo que vendría después. Estaba segura de que todo aquel diazepán no podía matarme, se necesita más para matar a una persona. El prospecto hablaba de sueño, quizás el coma, pero no especificaba cantidades. No me importaba lo que ocurriera. Puede que no volviera a despertar pero no me importaba demasiado. Aunque al final avisé, claro. No quería morir.

La psiquiatra lo añadió a su informe: no ideación autolítica. Muy lista ella.