viernes, junio 29, 2007

Shhh...

Hago una pequeña pausa. Se supone que estoy estudiando, así que cierro el paréntesis en unos minutos. Sólo unas pinceladas para dejar constancia en mi pequeño cuaderno negro de los últimos cambios. He dejado de trabajar y he cambiado Valencia por Madrid. Ahora me dedico sólo a estudiar (y a fantasear, vale, no voy a negarlo). Se supone que me presento a unas oposiciones en un par de semanas. Tengo pocas posibilidades, pero mucha ilusión y una idea más clara de lo que quiero para mi vida profesional. Quiero volver al periodismo, sentirme periodista, orgullosa del trabajo necesario y bien hecho. Volver a narrar el mundo que me rodea, traducirlo en palabras, entenderlo mejor. Hacer que se entienda mejor. Oscilo entre el miedo, los nervios y una ilusión enorme en el pecho que cuando estalla me llena de alegría. A veces tengo tanto susto que no quiero levantarme por la mañana. Son los días en los que me siento sola y me castigo diciéndome que jamás lo conseguiré porque no me esfuerzo lo suficiente. Otros días, cuando bajo a comprar el periódico, contemplo el centro de Madrid, y me pregunto si estoy ante el principio de un mundo nuevo. Y... sueños, sueños, sueños...

Buf, cierro el paréntesis y vuelvo al estudio. Shhhh... que nadie se entere, ¿vale? Guárdame el secreto ;-)

miércoles, junio 20, 2007

Quién es ella.

Miranda - The tempest
John William Waterhouse 1916


Quién es ella, esta mera narradora no lo sabe, una torpe adolescente quizá, una anodina mujer de mediana edad tal vez. Pero lo bien cierto, lo que da orígen a todo esto, es que ella quiere ser playa.

Abierta de piernas a los embates del mar. Lamida por las olas. Una y otra vez, eternamente sabor a sal. Un fragor de espumas, la penetración contínua, abarcarlo todo, serlo todo, sentirlo todo.

Ser playa es que su cuerpo deje de ser suyo. Poder salir de él, trascenderlo.

Le cae bien el vestido de su piel. Afortunada muchacha, ¿no creen? Un cuerpo que le cae como un guante, de esos largos y ajustados como el de Gilda. Un guante que se puede quitar lentamente a golpe de cadera para lanzarlo al público hambriento.

Sí, afortunada muchacha, ¿no creen?

jueves, junio 14, 2007

Aullemos

“Aullemos, dijo el perro.”

“El mundo es un horror, la vida un desastre. Pero todo se puede cambiar.” Lo dijo ayer Saramago. Dijo que debíamos aullar. Aullemos, aullemos todos. Otro mundo es posible, pero no vendrá sólo, debemos darle la mano para que aprenda a andar, debemos acompañarlo en los dolores del parto, para que nazca entre sangre y gritos. Aullemos, aullemos todos.

Ayer en la empresa donde trabajo, un directivo de pelo engominado y traje de corbata nos amenazó. Con sutilidad, con soberbia, con desprecio, nos amenazó. Alrededor de quince personas estábamos hablando con el representante de un sindicato. Como cada junio centenares de personas nos vamos a la calle y no sabemos que será de nosotros cuando se inicie la próxima temporada en septiembre.

Ayer el director de recursos humanos de Canal 9 con un sueldo de miles de euros que pagamos todos los valencianos nos amedrentó. Llegó acusándonos de participar en una asamblea ilegal y pidió nuestros nombres. Nuestros nombres para ponerlos en una lista negra. La reunión se disolvió de inmediato y la gente tiene miedo. Miedo de que no le vuelvan a llamar en septiembre. Miedo de no poder pagar sus hipotecas. Miedo de ser acusado de conflictivo y despedido como tantos antes.

Sí, hay censura en Canal 9. Sí, hay amenazas en Canal 9. Sí, hay listas negras en Canal 9.

Y el PP sigue ganando.

Aullemos, dijo el perro. Para que se nos oiga.

Aullemos.

sábado, junio 02, 2007

Regalo inesperado.

Ilustración de David Ho
Regalo de las ruvias intelijentes


Ando por Valencia toda acalorada y enfadada. Creo que Mapfre me ha timado por segunda vez, estoy sin coche y me queda menos de un mes para irme al paro. Hace demasiado calor y no sé hacia donde dirigir mi frustración. Entro en una librería del centro buscando el frescor del aire acondicionado y calmarme con los libros. Me gusta rodearme de libros, mirar las cubiertas, acariciar los lomos y morderme los labios mientras trato de decidir entre un best seller, una supuesta obra seria o nada de nada porque tengo que estudiar. Pero hoy el enfado no se me pasa.

Entonces me llama el pequeñajo y empiezo a despotricar de lo injusto que es el mundo. Que a los ricos todo se lo dan y a los pobres desgraciados como nosotros nos tratan a patadas. Que no hay derecho, que no.

El pequeñajo me corta enseguida.

- Tengo una noticia que te va a animar.
- Mierda vida. Eso es lo que pienso. Mierda vida y encima...
- Calla y escucha, las ruvis te han dedicado un post.
- ¿Qué?
- Que las ruvis te han dedicado un post: Un post para Enttropia.
- ¿A mí? ¿A mí por qué?

Y el pequeñajo me lee el post por telefono.

Y sentada en la pequeña mesa de una librería con cafetería de Valencia hay una chica hablando por teléfono a la que una lágrima grande y redonda le moja la mejilla.

miércoles, mayo 30, 2007

Que todo está por hacer y todo es posible.

Ara mateix enfilo aquesta agulla

amb el fil d'un propòsit que no dic

i em poso a apedaçar. Cap dels prodigis

que anunciaven taumaturgs insignes

no s'ha complert, i els anys passen de pressa.

De res a poc, i sempre amb vent de cara,

quin llarg camí d'angoixa i de silencis.

I som on som; més val saber-ho i dir-ho

i assentar els peus en terra i proclamar-nos

hereus d'un temps de dubtes i renúncies

en què els sorolls ofeguen les paraules

i amb molts miralls mig estrafem la vida.

De res no ens val l'enyor o la complanta,

ni el toc de displicent malenconia

que ens posem per jersei o per corbata

quan sortim al carrer. Tenim a penes

el que tenim i prou: l'espai d'història

concreta que ens pertoca, i un minúscul

territori per viure-la. Posem-nos

dempeus altra vegada i que se senti

la veu de tots solemnement i clara.

Cridem qui som i que tothom ho escolti.

I en acabat, que cadascú es vesteixi

com bonament li plagui, i via fora!,

que tot està per fer i tot és possible.

Miquel Martí i Pol


Gather Ye Rosebuds While Ye May
John William Waterhouse 1909

Ahora mismo

Ahora mismo enhebro esta aguja

con el hilo de un propósito que callo

y empiezo a remendar. Ninguno de los prodigios

que anunciaron taumaturgos insignes

se ha cumplido, y los años pasan de prisa.

De poco a nada, y siempre con viento de cara,

qué largo camino de angustias y silencios.

Y estamos donde estamos, más vale saberlo y decirlo

y plantar los pies en el suelo y proclamarnos

herederos de un tiempo de dudas y renuncias

en el que los ruidos ahogan las palabras

y con muchos espejos medio deformamos la vida.

No nos sirve de nada la añoranza o la queja,

ni el toque de displicente melancolía

que nos ponemos por jersey o por corbata

cuando salimos a la calle. Tenemos apenas

lo que tenemos y basta: el espacio de historia

concreta que nos toca, y un minúsculo

territorio en que vivirla. Pongámonos

de pie otra vez y que se escuche

la voz de todos solemne y clara.

Gritemos quiénes somos y que todos lo escuchen.

Y al acabar que cada cual se vista

como bien le plazca y ¡despertaos!

que todo está por hacer y todo es posible.

viernes, mayo 25, 2007

Humphrey.

Mujer sentada con gato
Pierre Bonnard 1860

Le gustaba acostarse encima de mi pecho mientras hacía
ron-ron-ron. Asomaba su cabecita por encima del periódico o el libro que estuviera leyendo. Ya ves, con la rabia que me daba que no me dejara leer y ahora se me saltan las lágrimas. Cuando llegaba a casa siempre estaba esperándome en la puerta y no dejaba de maullar y pedirme cariños hasta que no le hacía un poco de caso. Si me ponía en el ordenador se paseaba por el teclado y yo protestaba y lo dejaba caer en el suelo. Se pasaba la mayor parte del día durmiendo y cuando llegaba la noche le entraban ganas de hacer carreras en el pasillo. Pobrecito, siempre me sentí un poco culpable por no hacerle más caso. Ahora que no está, echo de menos a mi gato.

Tenía el pelo negro más brillante y suave de mundo.
Estudio de un gato (fragmento)
Thomas Gainsborough 1765-69
Humphrey llegó a mi vida por casualidad. Hacía poco que había salido de casa de mis padres y aquel piso alquilado del Cabanyal con vistas al mar me encantaba. Recuerdo aquella casa blanca y azul, con un trazo de color rojo, un sofá de color granate. Tenía una caja de cartón cubierta con una tela como mesa y lienzos de un antiguo novio pintor colgados en las paredes. Trabajaba en un programa de reportajes de actualidad, lo que siempre había deseado. Estaba enamorada, era joven, independiente y feliz. O al menos así recuerdo aquellos tiempos en aquel piso blanco y azul con vistas al mar. ¿Quién sabe como fueron en realidad?

Por aquella época fuimos a grabar a Alicante, era un reportaje fácil, uno de esos costumbristas sobre la Semana Santa. Después de la grabación todo el equipo nos fuimos a tomar una copa y el amigo de alguien se apuntó. Empezamos a hablar y de pronto el muchacho me ofreció un gatito y de pronto yo, que antes nunca había pensado en tener mascota, dije que sí. Al día siguiente el muchacho se presentó en mi hotel con una caja de cartón. Y dentro estaba aquella bolita negra, aquella preciosidad de grandes ojos que se había convertido en mi responsabilidad. Ahora ese bichito dependía de mí, toda su felicidad y bienestar dependían de mí. Y en el pecho me creció un amor irracional y generoso hacia aquel pequeño ser vivo.

Siempre me acuerdo de cómo se durmió en el coche camino de casa. Con las patitas de delante y la cabeza colgando fuera de la caja de cartón. De poco no nos estrellamos en la autopista cuando empecé a gritar que a mi gato le pasaba algo, que no respiraba y que se me había muerto, pero qué va, el tío caradura se había dormido tan tranquilo. Y allí, en aquel coche, él y yo decidimos que su nombre era Humphrey, Humph. El más elegante, cariñoso y psicópata de los gatos. Mi Humph. El principio de una gran amistad.

Han pasado ya unos meses desde que desapareció, los meses de la crisis familiar y la mudanza, y lo cierto es que echo de menos a mi gatito. Cuando pienso en que pudieran haberlo atropellado y que aquel pequeñajo mimado y consentido pudiera estar sufriendo sólo, sin que yo esté a su lado, se me pone un nudo en la garganta. Era mi responsabilidad y le fallé. Y aunque sé que sólo era un gato, un gato común y puñetero, le echo de menos, y siento mucho no haberle sabido cuidar mejor.

Adèu Humph, carinyo, allà on estigues cuida't molt.

miércoles, mayo 23, 2007

No he desitjat mai cap cos com el teu.


La tempestat - La nóvia del vent
Oskar Kokoschka 1914

No he desitjat mai cap cos com el teu.
Mai no he sentit un desig com aquest.
Mai no el podré satisfer -és ben cert.
Però no en puc desistir, oblidar-te.
És el desig de la teua nuesa.
És el desig del teu cos vora el meu.
Un fosc desig, vagament, de fer dany.
O bé el desig simplement impossible.
Torne al començ, ple de pena i de fúria:
no he desitjat mai cap cos com el teu.
L’odi, també; perquè és odi, també.
No vull seguir. A mamar, tots els versos!

Vicent Andrés Estellés

viernes, mayo 18, 2007

Un tiempo y un lugar. Fragmentos de Moleskine.

Dicen que hubo un tiempo en que la luna amanecía de un naranja intenso. Y naranjas eran los botones de payaso que los árboles ofrecían a los pájaros golosos. Hubo un tiempo en que del humo de los porros emergían las palabras de Leopoldo María Panero y las mujeres se rompían de dolor en las escaleras del infierno. Hubo un tiempo en que siempre hacía frío, la humedad calaba los huesos y en los cines ponían 8 1/2 de Fellini.

Dicen que hubo un tiempo como otros han de venir.
Dicen que hubo un lugar donde las niñas morían por amor. Pobre Ofelia.

Un lugar donde en el agua estancada de los pozos brillaban algas blancas, fosforescencias amarillas tras los ojos de las niñas ahogadas. Un lugar donde la oscuridad era un círculo que atrae.
Un sumidero donde nacen y mueren las pesadillas. Carne hinchada, peces muertos.

Y los poetas caen bajo las balas. Y las suicidas callan.

Los elementos.

Ofelia
John William Waterhouse 1889

Hace tiempo que lo echo de menos: la tierra bajo mis pies y el sol en el rostro. Oigo correr el agua risueña de un riachuelo mientras la brisa despeina mis cabellos. Soledad con los elementos: agua, aire, tierra y fuego, contactar con ellos en mi interior. Cerrar los ojos para sentir como mis pies se apoyan en el suelo, como la tierra madre me mece y me sostiene en su abrazo. El aire que se introduce en mí y expande mis pulmones trayéndome la vida. Sentir el agua en mi boca, el agua que moja mis genitales. El fuego en la piel, mi cuerpo vivo y caliente.

Echo de menos su alquimia.

sábado, mayo 12, 2007

De entre los muertos: la Hammer vuelve de la tumba.


Christopher Lee con Barbara Shelley en "Dracula, Prince of Darkness" Hammer 1966

John De Mol, el padre de Gran Hermano, ha comprado la mítica Hammer. La fábrica de terror británica llevaba años en la duermevela esperando que alguien la devolviera a la vida. Pero... ¿De Mol? ¿Será capaz de sacarle lustre a la vieja Hammer? ¿Quitarle las telarñas, añadirle oscuridad y sangre y estrenar nuevos clásicos de terror sin caer en el esperpento y la truculencia absurda?

Ojalá... Ahora que el terror parece llegar sólo de Oriente, se echa de menos el chirriar de las cancelas. Bienvenida Hammer.

miércoles, mayo 09, 2007

Azul II : ¡Huyamos, huyamos del azul!


Orígen de la vía láctea
Tintoretto 1577 - 1579


Díptico Wilton
Maestro anónimo 1395


Ph´nglui mglw´nafh Cthulhu R´lyeh wgah-nagl fhtagn


"That is not dead which can eternal lie,
And with strange aeons even death may die."
The Nameless City
H:P. Lovecraft 1921

Dicen que Lovecraft fue un ave nocturna y un cazador de sueños. Dicen que se dedicó a contemplar las estrellas, a leer con avidez cuanto caía en sus manos y, sobre todo, a escribir. Encerrado en un mundo de pesadillas no pudo el aire más que convertirse en los malsanos efluvios que emergen de la ciudad de R’lyeh, y con semejante carga Lovecraft se embarcó en un viaje sin retorno hacia una nueva dimensión: el miedo cósmico, el «terror de los espacios infinitos».

En marzo se cumplieron 70 años de su muerte, así que, con retraso pero alentada por la genial Petite he decidido homenajearle por mi cuenta. Releo sus Mitos y me abandono a este terror infecto que resquebraja la razón y nos aboca a la locura.

Lovecraft reinventa los terrores góticos y transforma los castillos tenebrosos en ruinas de geometrías imposibles. En su mitología encontramos seres informes venidos de allende el espacio, terribles cultos inmemoriales, ritos paganos secretos y malévolos dioses primordiales. Sombras agazapadas en la noche que susurran en idiomas imposibles. Horrores que nuestro cerebro no puede llegar ni a imaginar. ¿Acaso la infinita pequeñez del ser humano puede tratar de entender aquello que va más allá de la eternidad y el espacio? Lovecraft pareció tener siempre clara la respuesta: no, no podemos entender. El precio de intentarlo es nuestra cordura.

Y el miedo se conviertió en horror cósmico.

viernes, mayo 04, 2007

Azul.


...¿qué grado de azul podrá absorber el ojo?
Joseph Brodsky

De pronto me encuentro pensando en el color azul, parece que últimamente lo encuentro en todas partes. Contemplo los lienzos de la National Gallery o los Tintoretto del Prado y me hablan de ese magnífico azul ultramar. Como en la cafetería del trabajo y alguien se pregunta en voz alta por el azul Klein. Es un color hermoso nadie puede dudarlo, pero en su inocencia angelical se oculta la perversidad de una inocencia dolorosa.

En la Edad Media llegó a Europa desde Afganistán. La pintura toscana del siglo XV empezó a sustituir el oro de los cielos por el azul ultramar. Era el más preciado de los pigmentos puesto que se confeccionaba con la piedra del lapislázuli machacado. El más caro, el más hermoso. El más peligroso. En los muros egipcios, los frescos pompeyanos, los manuscritos bizantinos del siglo VII, las tablas románicas... el azul.

Este color ejerce sobre el ojo una acción singular y casi inexpresable. Como color es una energía; sin embargo, se encuentra del lado negativo y, en su maxima pureza, es una nada excitante. Es algo Contradictorio, con aspecto de excitación y de tranquilidad.
J.W. von Goethe

Mantos virginales, cielos católicos para las almas justas, mares eternos...
Leonardo da Vinci, Vermeer, Fra Angélico y Albrecht Dürer, entre otros, usaron el “oro azul” en algunas de sus obras.


IKB 79
Yves Klein 1959

Yves Klein atribuyó un papel especial al color azul que, como el cielo y el mar, encarnaba los aspectos más abstractos de la naturaleza tangible y visual. Probó una y otra vez hasta encontrar ese azul mágico, símbolo de todo lo eterno. El resultado fue el IKB —International Klein Blue (Azul Klein Internacional)— un penetrante azul ultramar, copia artificial de los ricos azules del XIX, que patentó y le llevó a la fama. ¿Fue Klein un moderno Fausto que vendió su alma al azul?

Con el rojo sé a que atenerme. El rojo es mi color, el de la sangre y la vida. El negro lo entiendo y lo sé mío. La oscuridad ilimitada de la noche. O el verde que me enamoró con el vestido de terciopelo de Escarlata y el color musgo de las abadías o las tumbas semiolvidadas. Me gusta el verde, el verde fresco, vivo o profundo del follaje de bosques ignotos. Pero el azul... no me fío del color azul. Demasiada intensidad tras su aparente placidez. Demasiados azules dentro del azul. Tanta belleza puede resultar mortífera. La dama de hielo, la reina de las nieves, los angeles que golpean con su bondad y arrasan a su paso, espadas flamígeras de hielo azul.

Jane. Charlotte, Carlota. Magdalena. Sofía.

Ilustración de C. E. Brock para la novela Emma de Jane Austen
Edición de 1909

Jane. Charlotte, Carlota. Magdalena. Sofía.

- ¡No puedes poner esos nombres a tu hija!
- ¿No?

Jane. Charlotte, Carlota. Magdalena. Sofía.


No, no puedo.

Vosotras, tú, el otro yo posible, la oportunidad de apagar este proyecto de vida fracasado y empezar uno nuevo. Poco importa donde se rompió E., donde se volvió frustrante.

Pero no, así no debe ser, habrá que encontrar otro camino.


Esconderse en un lugar oscuro, una mansión de paredes rezumantes de humedad, una habitación con muebles de madera. El campo, largos paseos por el campo, siento el sol calentarme el rostro. Bañarse en el río, el agua fría estremece la piel. Calor, frío y largos paseos. Leer, leer, escribir. Un relato olvidado. Personajes, mujeres que lloran. Cerrar los ojos y abrirlos con una nueva mirada. No pensar, dejar que los pensamientos se acerquen y me tomen, que desaparezcan. No exprimirme el cerebro, no frotarse las sienes doloridas. Sólo el sol en el rostro y el campo a mi alrededor.


¿Hay que morir para renacer?


Tomar un tren. Llegar a Escocia, más allá de las Highlands, el norte verde y frío. Los lagos oscuros y negros. Las corrientes oscuras. Los castillos en ruinas.

Hay una mujer en un autobús en Cornualles. Es un día soleado. Vuelvo del final de la tierra, Land's End, y soy joven y feliz. Contemplo a esa mujer y quiero ser como ella. Valiente, independiente.

Es nuestra luna de miel. Los condes de la isla escuchan con una sonrisa. Un palacio de cuento, jardines que llegan al mar.

Dejar de pensar, fluir, sólo eso, ser río, agua fría y transparente; ser sol y piel caliente, una sonrisa y ojos entrecerrados; pies descalzos en la hierba; cantos redondeados por el agua del río, piedra suave, caliente por el sol. Dejar que la vida sea savia en mis venas, enseñar a la E. perdida a ser fuerte y hermosa. Coger la mano de esa pequeña, acariciarle la carita, abrazarla, dejarla llorar hasta que se duerma agotada en mis brazos. Esa niñita me necesita, quiero cuidarla, aprenderé a hacerlo.

Jane. Charlotte, Carlota. Magdalena. Sofía.

¿Sabías que Emma es nombre de reina? Mucho antes de que Guillermo desembarcara en Hastings, antes del año mil. Cuando los reyes de aquella tierra verde tenían nombres élficos.

Jane. Charlotte, Carlota. Magdalena. Sofía.

domingo, abril 15, 2007

Buf...

Buf, no sé ni por donde empezar.

Malentendido/crisis familiar seria.
Mudanza in extremis...

Demasiado complicado para empezar a explicarme ahora, justo cuando descubro que acabo de perder el móvil. Genial.

Me limitaré a colgar un vídeo. Canta mi adorado Nacho con Roberto, de Grande Marlaska, en la Sala Sol de Madrid. Lo ha descubierto el pequeñajo en el youtube, sí yo también me pregunto cuando trabaja este niño. En fin, que la sombra de la derecha soy yo :-)

Y mañana será otro día!

jueves, marzo 22, 2007

Parálisis.

Ofelia
Richard Redgrave 1842

Creí que el episodio de las pastillas me traería algo bueno. Pero en cuanto volví a Valencia, llegó la noche. Me quedé sola y volvió la desesperación. Sentí la necesidad urgente de actuar, de hacer algo para cambiar las cosas y lo único que se me ocurrió fue llamar a mis padres. Le expliqué a mi madre lo que había pasado, le dije que era desgraciada, que no tenía claro nada, que no sabía qué hacer con mi vida, que todo era una mierda... Poco después vinieron a casa. Yo estaba acostada y mi madre entró en la habitación, se sentó en la cama y me preguntó cómo estaba. Lloré y lloré, la abracé, traté de explicarle mi tristeza, pero me sentía ridícula y absurda haciéndolo. Culpable de haberles hecho venir, de haberles preocupado. Culpable, estúpida, culpable por todo. Mi madre me dijo que me fuera con ellos y al día siguiente cogí unas pocas cosas y me vine aquí. Mi hermano, con quien compartía piso, no me preguntó por qué me iba y yo tampoco le dije nada. Creí que al irme, al salir de esa inercia pegajosa que me paralizaba estaba dando un paso hacia adelante, que podría hablar con ellos, cambiar nuestra manera de comunicarnos... pero no he sido capaz. Ellos tampoco lo han intentado. No son esas las maneras en mi família. Nosotros nunca hablamos.

No sé cuánto tiempo ha pasado, más de un mes, creo y nada cambia. No sé qué hago aquí, y tampoco sé donde ir. Ellos tratan de cuidarme, pero ¿cuánto tiempo puedo seguir así? No puedo moverme, no sé qué hacer. Decidí dejar mi trabajo en la tele, buscar algo que me llenara más, que me hiciera crecer, que me devolviera la fe en el periodismo o al menos la novedad fuera un aliciente, un síntoma de que avanzo. Pero aún no he encontrado nada y sigo en mi pequeño programa. Y ya noto cómo las fuerzas que me dió aquel día en el hospital, aquel punto de inflexión, se me agotan; noto como vuelve la inercia, y el vacío en el pecho, que duele, duele, duele y ya no sé dónde mirar. A veces quisiera arañarme la piel, gritar y aullar como una loca, romperme la garganta, apretarme las sienes con los puños... pero no lo hago. Sigo adelante como una autómata. Día tras día, mes tras mes.

Me miro en el espejo y a veces siento asco de esa mujer de cara pálida y ojos asustados. Veo mis pensamientos retorcerse incadescentes en el fondo de la angustia, pero esa cara redonda y abúlica de luna muerta me mira sin expresión.

Me pregunto cuál es el problema. Por qué me aterra vivir; por qué el resto sin ser mejores que yo son capaces de... ¿capaces de qué? ¿de vivir?

No siempre es malo, claro, ni siquiera tengo una mísera depresión. Sólo es el vacío, la nada, el absurdo.

Y a veces es bueno.

Cuando estoy con el pequeñajo o con mis amigos. Cuando me divierto en el trabajo, cuando encuentro un libro que me emociona. Cuando el sol incide de determinada manera en el agua, o los colores son más vivos, o el pequeño V. me estira del pelo. Entonces es genial y siento que la esperanza corre por mis venas, que tengo hambre de vida.

...

¿Lo hizo ella o fue Hamlet quien la mató?

jueves, marzo 15, 2007

Balada de la imbécil que llora al caer la noche.

Perdón por tener siempre miedo
por mi tristeza
perdón por no saber olvidar
por no dejar de ser vulgar

Perdón por no haber sabido estar a la altura
por ser sólo yo
por mis inseguridades
por no tomarme la pena de vivir

Perdón


Perdón por sentirme siempre culpable
por no saber amar mejor
perdón por llorar a escondidas
por ser egoísta, por ser lo que soy

Perdón por no ser mejor
por no implicarme en nada
por abandonar mi cuerpo mi mente y mi alma
perdón por seguir aquí paralizada

Perdón por desearlo todo
por olvidarme de preguntar cómo estás
perdón por estar quejándome siempre
por ser tan miserable
por tener ganas de morir

Perdón por haber querido llegar más lejos
por mi fracaso
por mi vanidad al haberlo creído posible
por la vida de mierda
y el mi, el yo que da náuseas
Por no saber apreciar lo que tengo
por dejarme aplastar por la oscuridad
por sentirme siempre sola
por este nudo en la garganta que no me deja hablar

Perdón

Perdón.

martes, marzo 13, 2007

Nuevos deberes.

Amor entre las ruinas
Edward Burne Jones

Nuevos deberes: ahora el hada quiere que le diga qué es lo que vale la pena en la vida. Así sin más, me pide la clave, el sentido, el por qué. Pienso. Pienso. Y no sé qué decir. Lo primero que acude a mi mente son tópicos. ¿Son tópicos porque son verdad? ¿Son mi verdad? La risa de un bebé como el pequeño V., el crecimiento de la vida en las mujeres queridas, la posibilidad de que algun día ocurra dentro de mí... ¿es eso? ¿es eso lo que hace que vivir valga la pena? No, no es eso, para mí no es eso, no... pero ¿qué es?



¿Qué es valer la pena?


¿Por qué no se suicida usted?


Lo sé doctor Frankl, también yo me hago la pregunta y esta es mi respuesta: no me siento dueña de mi propia vida, no creo que tenga derecho a quitármela y causar ese dolor a la gente que me ama. Además, siempre me queda el futuro. Quizás algún día vivir sea otra cosa.


Amar.
¿Por qué besar tus labios, si se sabe que la muerte está próxima?




Seré muy breve: esto duele.

viernes, marzo 02, 2007

Duelo no resuelto.

Ofelia ahogándose
Paul Steck 1895

Me apasionan los diagnósticos porque me eximen de la responsabilidad de mis actos. Porque su determinismo me hace más libre, libre de abandonarme a mi naturaleza. A una de las vertientes, ¿pues acaso no somos poliédricos y complejos? Su determinismo me condena a un yo imperfecto.

Duelo no resuelto, lo llama ella.

La seguridad no existe, es una abstracción de nuestras mentes necesitadas de consuelo. ¿Qué seguridad podemos encontrar ante la incertidumbre? Un amor, una casa, una nómina, un cuerpo que responde a nuestros deseos... y de pronto una célula enloquece y mi cuerpo ya no es más mi cuerpo sino la muerte que se avecina. Seguridad... ¿cómo estar seguros de algo? ¿cómo sentirnos seguros?

- No me dejes, no me dejes, si es mi última reencarnación.

Tengo miedo, tengo tanto miedo. Dame un diagnóstico. Dime que estoy loca, o deprimida, enferma, que no puedo ser responsable, que ya no he de luchar, que puedo rendirme. Dime que ya no he de enfrentarme al vacío, que el sinsentido vence. ¿Acaso la mayoría de los hombres no se siente decepcionado con su destino? Frustración. Fracaso. Sueños, sueños, sueños que nunca serán realidad y un cuerpo que envejece, un yo que pierde fuerza. Vacío.

Duelo no resuelto.

Tengo miedo, tengo tanto miedo.