Medida del desorden de un sistema. Medida de la incertidumbre existente ante un conjunto de mensajes, de los cuales se va a recibir uno solo.
viernes, mayo 18, 2007
Un tiempo y un lugar. Fragmentos de Moleskine.
Dicen que hubo un tiempo como otros han de venir.
Dicen que hubo un lugar donde las niñas morían por amor. Pobre Ofelia.
Un lugar donde en el agua estancada de los pozos brillaban algas blancas, fosforescencias amarillas tras los ojos de las niñas ahogadas. Un lugar donde la oscuridad era un círculo que atrae. Un sumidero donde nacen y mueren las pesadillas. Carne hinchada, peces muertos.
Y los poetas caen bajo las balas. Y las suicidas callan.
Los elementos.
Echo de menos su alquimia.
sábado, mayo 12, 2007
De entre los muertos: la Hammer vuelve de la tumba.


John De Mol, el padre de Gran Hermano, ha comprado la mítica Hammer. La fábrica de terror británica llevaba años en la duermevela esperando que alguien la devolviera a la vida. Pero... ¿De Mol? ¿Será capaz de sacarle lustre a la vieja Hammer? ¿Quitarle las telarñas, añadirle oscuridad y sangre y estrenar nuevos clásicos de terror sin caer en el esperpento y la truculencia absurda?
Ojalá... Ahora que el terror parece llegar sólo de Oriente, se echa de menos el chirriar de las cancelas. Bienvenida Hammer.
miércoles, mayo 09, 2007
Ph´nglui mglw´nafh Cthulhu R´lyeh wgah-nagl fhtagn

Dicen que Lovecraft fue un ave nocturna y un cazador de sueños. Dicen que se dedicó a contemplar las estrellas, a leer con avidez cuanto caía en sus manos y, sobre todo, a escribir. Encerrado en un mundo de pesadillas no pudo el aire más que convertirse en los malsanos efluvios que emergen de la ciudad de R’lyeh, y con semejante carga Lovecraft se embarcó en un viaje sin retorno hacia una nueva dimensión: el miedo cósmico, el «terror de los espacios infinitos».
En marzo se cumplieron 70 años de su muerte, así que, con retraso pero alentada por la genial Petite he decidido homenajearle por mi cuenta. Releo sus Mitos y me abandono a este terror infecto que resquebraja la razón y nos aboca a la locura.
Lovecraft reinventa los terrores góticos y transforma los castillos tenebrosos en ruinas de geometrías imposibles. En su mitología encontramos seres informes venidos de allende el espacio, terribles cultos inmemoriales, ritos paganos secretos y malévolos dioses primordiales. Sombras agazapadas en la noche que susurran en idiomas imposibles. Horrores que nuestro cerebro no puede llegar ni a imaginar. ¿Acaso la infinita pequeñez del ser humano puede tratar de entender aquello que va más allá de la eternidad y el espacio? Lovecraft pareció tener siempre clara la respuesta: no, no podemos entender. El precio de intentarlo es nuestra cordura.
viernes, mayo 04, 2007
Azul.
...¿qué grado de azul podrá absorber el ojo?
Joseph Brodsky
De pronto me encuentro pensando en el color azul, parece que últimamente lo encuentro en todas partes. Contemplo los lienzos de la National Gallery o los Tintoretto del Prado y me hablan de ese magnífico azul ultramar. Como en la cafetería del trabajo y alguien se pregunta en voz alta por el azul Klein. Es un color hermoso nadie puede dudarlo, pero en su inocencia angelical se oculta la perversidad de una inocencia dolorosa.
En la Edad Media llegó a Europa desde Afganistán. La pintura toscana del siglo XV empezó a sustituir el oro de los cielos por el azul ultramar. Era el más preciado de los pigmentos puesto que se confeccionaba con la piedra del lapislázuli machacado. El más caro, el más hermoso. El más peligroso. En los muros egipcios, los frescos pompeyanos, los manuscritos bizantinos del siglo VII, las tablas románicas... el azul.
Este color ejerce sobre el ojo una acción singular y casi inexpresable. Como color es una energía; sin embargo, se encuentra del lado negativo y, en su maxima pureza, es una nada excitante. Es algo Contradictorio, con aspecto de excitación y de tranquilidad.
J.W. von Goethe
Mantos virginales, cielos católicos para las almas justas, mares eternos... Leonardo da Vinci, Vermeer, Fra Angélico y Albrecht Dürer, entre otros, usaron el “oro azul” en algunas de sus obras.
Yves Klein atribuyó un papel especial al color azul que, como el cielo y el mar, encarnaba los aspectos más abstractos de la naturaleza tangible y visual. Probó una y otra vez hasta encontrar ese azul mágico, símbolo de todo lo eterno. El resultado fue el IKB —International Klein Blue (Azul Klein Internacional)— un penetrante azul ultramar, copia artificial de los ricos azules del XIX, que patentó y le llevó a la fama. ¿Fue Klein un moderno Fausto que vendió su alma al azul?
Con el rojo sé a que atenerme. El rojo es mi color, el de la sangre y la vida. El negro lo entiendo y lo sé mío. La oscuridad ilimitada de la noche. O el verde que me enamoró con el vestido de terciopelo de Escarlata y el color musgo de las abadías o las tumbas semiolvidadas. Me gusta el verde, el verde fresco, vivo o profundo del follaje de bosques ignotos. Pero el azul... no me fío del color azul. Demasiada intensidad tras su aparente placidez. Demasiados azules dentro del azul. Tanta belleza puede resultar mortífera. La dama de hielo, la reina de las nieves, los angeles que golpean con su bondad y arrasan a su paso, espadas flamígeras de hielo azul.
Jane. Charlotte, Carlota. Magdalena. Sofía.
Ilustración de C. E. Brock para la novela Emma de Jane AustenEdición de 1909
Jane. Charlotte, Carlota. Magdalena. Sofía.
- ¡No puedes poner esos nombres a tu hija!
- ¿No?
Jane. Charlotte, Carlota. Magdalena. Sofía.
No, no puedo.
Vosotras, tú, el otro yo posible, la oportunidad de apagar este proyecto de vida fracasado y empezar uno nuevo. Poco importa donde se rompió E., donde se volvió frustrante.
Pero no, así no debe ser, habrá que encontrar otro camino.
Esconderse en un lugar oscuro, una mansión de paredes rezumantes de humedad, una habitación con muebles de madera. El campo, largos paseos por el campo, siento el sol calentarme el rostro. Bañarse en el río, el agua fría estremece la piel. Calor, frío y largos paseos. Leer, leer, escribir. Un relato olvidado. Personajes, mujeres que lloran. Cerrar los ojos y abrirlos con una nueva mirada. No pensar, dejar que los pensamientos se acerquen y me tomen, que desaparezcan. No exprimirme el cerebro, no frotarse las sienes doloridas. Sólo el sol en el rostro y el campo a mi alrededor.
¿Hay que morir para renacer?
Tomar un tren. Llegar a Escocia, más allá de las Highlands, el norte verde y frío. Los lagos oscuros y negros. Las corrientes oscuras. Los castillos en ruinas.
Hay una mujer en un autobús en Cornualles. Es un día soleado. Vuelvo del final de la tierra, Land's End, y soy joven y feliz. Contemplo a esa mujer y quiero ser como ella. Valiente, independiente.
Es nuestra luna de miel. Los condes de la isla escuchan con una sonrisa. Un palacio de cuento, jardines que llegan al mar.
Dejar de pensar, fluir, sólo eso, ser río, agua fría y transparente; ser sol y piel caliente, una sonrisa y ojos entrecerrados; pies descalzos en la hierba; cantos redondeados por el agua del río, piedra suave, caliente por el sol. Dejar que la vida sea savia en mis venas, enseñar a la E. perdida a ser fuerte y hermosa. Coger la mano de esa pequeña, acariciarle la carita, abrazarla, dejarla llorar hasta que se duerma agotada en mis brazos. Esa niñita me necesita, quiero cuidarla, aprenderé a hacerlo.
Jane. Charlotte, Carlota. Magdalena. Sofía.
¿Sabías que Emma es nombre de reina? Mucho antes de que Guillermo desembarcara en Hastings, antes del año mil. Cuando los reyes de aquella tierra verde tenían nombres élficos.
Jane. Charlotte, Carlota. Magdalena. Sofía.
domingo, abril 15, 2007
Buf...
Malentendido/crisis familiar seria.
Mudanza in extremis...
Demasiado complicado para empezar a explicarme ahora, justo cuando descubro que acabo de perder el móvil. Genial.
Me limitaré a colgar un vídeo. Canta mi adorado Nacho con Roberto, de Grande Marlaska, en la Sala Sol de Madrid. Lo ha descubierto el pequeñajo en el youtube, sí yo también me pregunto cuando trabaja este niño. En fin, que la sombra de la derecha soy yo :-)
Y mañana será otro día!
jueves, marzo 22, 2007
Parálisis.
OfeliaRichard Redgrave 1842
Creí que el episodio de las pastillas me traería algo bueno. Pero en cuanto volví a Valencia, llegó la noche. Me quedé sola y volvió la desesperación. Sentí la necesidad urgente de actuar, de hacer algo para cambiar las cosas y lo único que se me ocurrió fue llamar a mis padres. Le expliqué a mi madre lo que había pasado, le dije que era desgraciada, que no tenía claro nada, que no sabía qué hacer con mi vida, que todo era una mierda... Poco después vinieron a casa. Yo estaba acostada y mi madre entró en la habitación, se sentó en la cama y me preguntó cómo estaba. Lloré y lloré, la abracé, traté de explicarle mi tristeza, pero me sentía ridícula y absurda haciéndolo. Culpable de haberles hecho venir, de haberles preocupado. Culpable, estúpida, culpable por todo. Mi madre me dijo que me fuera con ellos y al día siguiente cogí unas pocas cosas y me vine aquí. Mi hermano, con quien compartía piso, no me preguntó por qué me iba y yo tampoco le dije nada. Creí que al irme, al salir de esa inercia pegajosa que me paralizaba estaba dando un paso hacia adelante, que podría hablar con ellos, cambiar nuestra manera de comunicarnos... pero no he sido capaz. Ellos tampoco lo han intentado. No son esas las maneras en mi família. Nosotros nunca hablamos.
No sé cuánto tiempo ha pasado, más de un mes, creo y nada cambia. No sé qué hago aquí, y tampoco sé donde ir. Ellos tratan de cuidarme, pero ¿cuánto tiempo puedo seguir así? No puedo moverme, no sé qué hacer. Decidí dejar mi trabajo en la tele, buscar algo que me llenara más, que me hiciera crecer, que me devolviera la fe en el periodismo o al menos la novedad fuera un aliciente, un síntoma de que avanzo. Pero aún no he encontrado nada y sigo en mi pequeño programa. Y ya noto cómo las fuerzas que me dió aquel día en el hospital, aquel punto de inflexión, se me agotan; noto como vuelve la inercia, y el vacío en el pecho, que duele, duele, duele y ya no sé dónde mirar. A veces quisiera arañarme la piel, gritar y aullar como una loca, romperme la garganta, apretarme las sienes con los puños... pero no lo hago. Sigo adelante como una autómata. Día tras día, mes tras mes.
Me miro en el espejo y a veces siento asco de esa mujer de cara pálida y ojos asustados. Veo mis pensamientos retorcerse incadescentes en el fondo de la angustia, pero esa cara redonda y abúlica de luna muerta me mira sin expresión.
Me pregunto cuál es el problema. Por qué me aterra vivir; por qué el resto sin ser mejores que yo son capaces de... ¿capaces de qué? ¿de vivir?
No siempre es malo, claro, ni siquiera tengo una mísera depresión. Sólo es el vacío, la nada, el absurdo.
Y a veces es bueno.
Cuando estoy con el pequeñajo o con mis amigos. Cuando me divierto en el trabajo, cuando encuentro un libro que me emociona. Cuando el sol incide de determinada manera en el agua, o los colores son más vivos, o el pequeño V. me estira del pelo. Entonces es genial y siento que la esperanza corre por mis venas, que tengo hambre de vida.
...
¿Lo hizo ella o fue Hamlet quien la mató?
jueves, marzo 15, 2007
Balada de la imbécil que llora al caer la noche.
por mi tristeza
perdón por no saber olvidar
por no dejar de ser vulgar
Perdón por no haber sabido estar a la altura
por ser sólo yo
por mis inseguridades
por no tomarme la pena de vivir
Perdón
Perdón por sentirme siempre culpable
por no saber amar mejor
perdón por llorar a escondidas
por ser egoísta, por ser lo que soy
Perdón por no ser mejor
por no implicarme en nada
por abandonar mi cuerpo mi mente y mi alma
perdón por seguir aquí paralizada
Perdón por desearlo todo
por olvidarme de preguntar cómo estás
perdón por estar quejándome siempre
por ser tan miserable
por tener ganas de morir
Perdón por haber querido llegar más lejos
por mi fracaso
por mi vanidad al haberlo creído posible
por la vida de mierda
y el mi, el yo que da náuseas
Perdón
Perdón.
martes, marzo 13, 2007
Nuevos deberes.
Amor entre las ruinasEdward Burne Jones
Nuevos deberes: ahora el hada quiere que le diga qué es lo que vale la pena en la vida. Así sin más, me pide la clave, el sentido, el por qué. Pienso. Pienso. Y no sé qué decir. Lo primero que acude a mi mente son tópicos. ¿Son tópicos porque son verdad? ¿Son mi verdad? La risa de un bebé como el pequeño V., el crecimiento de la vida en las mujeres queridas, la posibilidad de que algun día ocurra dentro de mí... ¿es eso? ¿es eso lo que hace que vivir valga la pena? No, no es eso, para mí no es eso, no... pero ¿qué es?
¿Qué es valer la pena?
¿Por qué no se suicida usted?
Lo sé doctor Frankl, también yo me hago la pregunta y esta es mi respuesta: no me siento dueña de mi propia vida, no creo que tenga derecho a quitármela y causar ese dolor a la gente que me ama. Además, siempre me queda el futuro. Quizás algún día vivir sea otra cosa.
Amar.
¿Por qué besar tus labios, si se sabe que la muerte está próxima?
Seré muy breve: esto duele.
viernes, marzo 02, 2007
Duelo no resuelto.
Me apasionan los diagnósticos porque me eximen de la responsabilidad de mis actos. Porque su determinismo me hace más libre, libre de abandonarme a mi naturaleza. A una de las vertientes, ¿pues acaso no somos poliédricos y complejos? Su determinismo me condena a un yo imperfecto.
Duelo no resuelto, lo llama ella.
La seguridad no existe, es una abstracción de nuestras mentes necesitadas de consuelo. ¿Qué seguridad podemos encontrar ante la incertidumbre? Un amor, una casa, una nómina, un cuerpo que responde a nuestros deseos... y de pronto una célula enloquece y mi cuerpo ya no es más mi cuerpo sino la muerte que se avecina. Seguridad... ¿cómo estar seguros de algo? ¿cómo sentirnos seguros?
- No me dejes, no me dejes, si es mi última reencarnación.
Tengo miedo, tengo tanto miedo. Dame un diagnóstico. Dime que estoy loca, o deprimida, enferma, que no puedo ser responsable, que ya no he de luchar, que puedo rendirme. Dime que ya no he de enfrentarme al vacío, que el sinsentido vence. ¿Acaso la mayoría de los hombres no se siente decepcionado con su destino? Frustración. Fracaso. Sueños, sueños, sueños que nunca serán realidad y un cuerpo que envejece, un yo que pierde fuerza. Vacío.
Duelo no resuelto.
Tengo miedo, tengo tanto miedo.
jueves, marzo 01, 2007
No ideación autolítica.
Cuando volví a despertar estaba sola; desnuda en una cama de hospital. Aún llevaba esa sonda en la nariz, una vía en el brazo y pequeños sensores pegados a mi pecho.
Quizás vinieron a hablarme, no lo recuerdo, sólo la sensación de soledad mientras lloraba en silencio delante de todos esos desconocidos que se afanaban sobre otros menesteres como un enjambre de abejas trabajadoras. Pequeños insectos de bata blanca.
Recuerdo que lloraba.
Lloraba.
Traté de preguntar por el pequeñajo pero la sonda atravesaba mi garganta y apenas me dejaba un hilillo de voz. Sólo podía llorar.
Desconecté algo un par de veces pero ninguna máquina se puso a pitar como en House ni nadie vino corriendo.
Pasaba el tiempo.
Empecé a vestirme. Nadie me dijo nada.
Lloraba. Nadie me dijo nada.
Al final una psiquiatra de guardia habló conmigo. Le expliqué que no era un intento de suicidio. El pequeñajo pudo entrar por fin. Debí asustarle mucho, lo siento, no pretendía hacerle daño a él ni a ninguno de los que me quieren. Es lo único que lamento, haberles preocupado.
Me sorprende el ánimo experimental que me inunda en esos momentos de oscuridad. Cuando tomaba una pastilla tras otra, sin pensar, indiferente, con un leve rastro de curiosidad por lo que vendría después. Estaba segura de que todo aquel diazepán no podía matarme, se necesita más para matar a una persona. El prospecto hablaba de sueño, quizás el coma, pero no especificaba cantidades. No me importaba lo que ocurriera. Puede que no volviera a despertar pero no me importaba demasiado. Aunque al final avisé, claro. No quería morir.
La psiquiatra lo añadió a su informe: no ideación autolítica. Muy lista ella.
jueves, febrero 08, 2007
Prescripción facultativa.
Y pienso inmediatamente en cómo me gustaría pillar las Crónicas Necrománticas y acompañar un tiempo al que habla con los muertos. Hace años que leí aquella pentalogía y tengo un recuerdo muy entrañable de ella. Tenía algo de vampiros, de humor, espionaje... era una mezcla curiosa de lectura rápida. Me apetece releerlo y no ponerme con cosas serias. (Mi propósito de afrontar Rayuela tendrá que esperar un poquito más).
Llego a casa agotada, pasan de las once. La nevera está medio vacía así es que me preparo algo de comida basura sin quitarme siquiera el abrigo, me pongo el pijama, preparo la bolsa para irme fuera el fin de semana y ala, a por el libro!
Pero claro, eso será si los encuentro... ¿dónde ostias están las Crónicas Necrománticas? ¿cómo puedo haber perdido los cinco libros en este puñetero piso?
En fin, señores, señoras, estoy demasiado cansada para pensar. Me voy al balcón a fumarme un cigarro y mirar las luces de este pueblo-tumba.
Quizá busque Rayuela y lo deje en mi mesita de noche. Un día de estos me pongo.
miércoles, febrero 07, 2007
Romper el hielo.
Lost in the Arctic Ice, 1869
Venga pequeña, vamos a romper el hielo de nuevo, ¿qué opinas? No importa que no sepas de qué vamos a hablar, ni tampoco que ahora creas que sólo hablarás de tristezas y que esa mierda de la autocompasión te da ganas de vomitar. Nada de eso importa ahora; ahora lo que vamos a hacer es romper el hielo.
Ya está. ¿Ves qué fácil? Has escrito de nuevo en tu blog. No lo niegues, le tienes algo de cariño a esa Enttropia que tú también eres. Y no están las cosas tan feas como crees.
sábado, diciembre 30, 2006
Tengo canas.
Hoy me he mirado en el espejo: tenía canas. Y no eran una ni dos. De pronto me he dado cuenta de que estaba llorando. 31 años, con canas, útero envejeciendo, todo mi yo envejeciendo. Dejo atrás la juventud, la edad de la inocencia y me enfrento al mayor reto: crecer, madurar, envejecer y morir. Pero por el camino un nuevo yo reinventado. Veámoslo como algo positivo, una aventura, jugar a ser pequeña porque ya soy mayor. No importa si mi cuerpo dice que tendría que pensar en ser madre en unos años; escucharé sus susurros y los acallaré con la razón. No importa si mis cabellos emblanqueciéndose gimen que el tiempo pasa; escucharé sus gemidos y los acallaré con el recuerdo de los buenos tiempos vividos junto a los que quiero y todo lo que nos queda por vivir. El pequeño V. se hará mayor. Una truchita nacerá. Les abrazaré y lloraré de alegría y les querré aún más. La verdad es que soy la mujer más afortunda del mundo por tener unos amigos como los que tengo, amigos que son más que eso. Amigos que son mi família.La Diosa Blanca.
“La mayoría de los científicos, por conveniencia social, adoran a un Dios; aunque no puedo comprender por qué la creencia en un Dios Padre como autor del universo y de sus leyes, parece menos anticientífica que la creencia en una Diosa Madre inspiradora (...)”El útero sagrado en que todo fue creado, la tierra que nos viste y alimenta. La vida se escribe en femenino. La virgen, la madre, la amante, la esposa. La mujer en todas sus facetas, en toda su espléndida hermosura, ha sido aplastada y sojuzgada. Se han pervertido sus símbolos y se le ha robado el poder mágico a favor de sociedades patriarcales. No creo en un matriarcado ni en la opresión del hombre, pues toda Diosa Madre ha de tener su consorte, su Joven Dios, el engendrador, la semilla que hará crecer la vida en su cuerpo. Creo en el poder de la Diosa. La armonía y la belleza, el amor, la naturaleza. El abrazo, el canto y la poesía. Creo en la Mujer, en su sabiduría y su belleza. Creo en nosotras y en nuestro poder para transformar de nuevo el mundo.
Robert Graves, “La Diosa Blanca".
“Cuando los humanos dejamos de adorarla (a la Diosa) también perdimos nuestra relación con la tierra, dejamos de respetar el ciclo de las estaciones y de la vida en general (...) Las consecuencias de esta pérdida de contacto con el Grial o la Diosa suelen ser la depresión y la sensación de carencia de sentido. Para que la tierra baldía personal de cada individuo recupere su vitalidad debe restablecerse una relación vital con la Madre Naturaleza, la Diosa Madre es el Arquetipo de Madre en su aspecto positivo”.Los antiguos griegos solían decir respecto de sus dioses: “piden poco, solamente que no los olviden”.
Jean Shinoda Bolen, “El Viaje a Avalon”
martes, diciembre 26, 2006
lunes, diciembre 18, 2006
La hora de la estrella.
Quise matar a Enttropia y quizás deba hacerlo. Aunque da igual lo que decida, porque lo que haya de ser será y todo lo que empieza, acaba. Sé que al final ella morirá de inanición como yo de vieja, porque no le dejaré ni un sorbo de aire que respirar ni trozo de cielo en el que perderse. Quise escribir un epitafio a Enttropia, declararla muerta, deshacerme de ella y empezar de nuevo, en otro lugar, con otro nombre; torpe simulacro de lo que en realidad quisiera hacer con mi otro nombre, mi otro yo, el que tiene un cuerpo y unas manos que acarician.
Sin embargo hoy he escapado del trabajo con la opresión de nuevo en el pecho. Con esa angustia interior que últimamente ha tomado la costumbre de traducirse en un dolor físico que no siempre los ansiolíticos pueden controlar. Al fin y al cabo, ¿cómo puede una pequeña pastilla rosa calmar el absurdo de estar vivo sin conocer el motivo? Pero resulta aterrador sentir físicamente el dolor del vacío, la oscuridad que trato de controlar y educar. Es como una bestia que escapa a las cadenas de mi pensamiento, de mis decisiones.
Y como una bestia acorralada he huído de la redacción para tratar de perderme entre libros, buscar una novela luminosa que llene todos los rincones y me haga olvidarme de mí misma durante un tiempo. Pero era incapaz de decidirme. He acariciado las hermosas ediciones de Alba y casi opto por probar con Villette, pero la insulsa protagonista que describía la contraportada me ha echado para atrás. Alguno de los títulos de Anagrama ha llamado mi atención, aunque de pronto he recordado cuantos libros hay en casa que aún no he leído y me he sentido un poco culpable por gastar ese dinero sin sentirme realmente arrebatada por ninguno de ellos.
De pronto un hombre me ha hablado.
Ha sacado un libro del estante y me lo ha dado. Ha murmurado algo que me he visto obligada a pedirle que repita. No recuerdo las palabras exactas, sólo que el desconocido quería que leyera ese libro. Lo he cogido confundida mientras le daba las gracias. Cuando se marchaba ha vuelto a murmurar algo sobre escribir y Marguerite Duras y yo he vuelto a darle las gracias, sin estar segura de si se trataba de un loco, un seductor o un solitario. Debía ser lo primero o lo último porque se ha marchado mientros yo me quedaba pasmada allí de pie entre los estanterías abarrotadas.
El libro que tenía en la mano era delgado, de la editorial Siruela. Es una de esas editoriales a las que tengo un cariño especial, me gustan sus ediciones y fueron los autores de mi recopilación de historias de vampiros favorita. Es curioso que lo primero que he pensado es en la editorial y en que el libro estaba un poco estropeado. Odio los libros nuevos que ya vienen estropeados. Después he leído el nombre del autor, era una mujer de la que nunca había oído hablar: Clarice Lispector. El nombre me sonaba vagamento, pero creo que porque se parece a un personaje de novela policíaca. Clarice Lispector. Lo he abierto por la primera página y he empezado a leer.
"Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres. Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días."He sentido vértigo. No he querido seguir leyendo, no he querido más. He tenido miedo, miedo de que el dolor de mi vacío me oprimiera más el pecho y me hiciera llorar esta noche cuando me había prometido que iba a ser feliz. Miedo del vacío de esa mujer, miedo de todos los vacíos y miedo de mi cobardía, la de la niña que soñó un día con escribir y jamás se ha decidido a ello. Miedo de ser un personaje, de que no haya dolor sino invenciones mías, miedo de ser como todos, miedo de ser un fraude.
Vergüenza de haber creído no serlo.
Hubiera debido matar a Enttropia, sí, pero sin ella, ¿a quien contarle ahora esto? No puedo repetirlo en voz alta. A nadie. No puedo, no quiero. Y sin embargo necesito sacarlo, darle forma, tratar de entenderlo. Sólo puedo escribirlo, aunque mis palabras sean torpes y repetitivas. No me atrevo a hablar, no quiero hacerlo en voz alta. Me dicen que callo, que escondo, que juego a ser un personaje. Y yo me río y digo que estoy al borde de la muerte, que la tuberculosis, cof, cof, está acabando conmigo. Y me acuerdo de Nacho, mi cantante atormentado y atiborrado de droga, y sueño con enamorarme de un hombre así y ser una bohemia y sufrir tormentos... Pero lo que a veces me hace reir, otras me asusta porque ya no sé qué es real y qué no. Ya no sé quien soy yo, si la que sueña con oscuridad o la pequeño-burguesa. Ya no sé si hay oscuridad o la invento. Ya no sé si conozco a nadie de verdad o ellos me conocen a mí. Y la soledad me da frío. Y la incertidumbre, terror.
Sólo sé que a veces me duele estar viva.
Y que mientras, el tiempo pasa.





